Así como toda casa, grande o pequeña, se sustenta en sus cimientos así mismo todo ser humano se sustenta en sus principios. Los principios éticos que guían su conducta es lo que distingue al ser humano del resto de animales e incluso de otros primates que dicen llamarse hombres. Sin principios no hay humanidad. La integridad es uno de esos principios y el psicólogo Nathaniel Branden lo define muy bien: “La integridad consiste en la integración de nuestros ideales, convicciones, normas, creencias por una parte y nuestra conducta por la otra parte. Cuando nuestra conducta es congruente con nuestros valores, cuando concuerdan nuestros ideales y su práctica, tenemos integridad”. La integridad comienza ineludiblemente por aceptarse a uno mismo. “Éste soy yo, no hay otro como yo, soy único y tal y como soy estoy bien”. Esta aceptación no es un acto de narcisismo o de chulería, es un acto de reconocimiento de mi individualidad. Si a alguien dicha frase le suena a excesiva probablemente sufra de baja autoestima y no lo sepa. De la aceptación surge el...

El sistema educativo pretende sociabilizar a las personas de manera que compartan determinados principios básicos, una cultura con la que se identifiquen y les proporcione identidad común, ciertos valores que den sentido a su conducta y les permitan tomar las decisiones de su vida de acuerdo a los mismos y determinada información y conocimientos con los que entender mejor el mundo en el que viven y aprender una profesión. ¿Pero que fue lo que realmente aprendí en la escuela? Aprendí el nacimiento, curso desembocadura, afluentes y subafluentes de determinados ríos. Los nombres, apellidos, años, lugares de nacimiento y hechos relevantes de personas públicas más o menos insignes aunque muchos de ellos ya olvidados. Las fechas de batallas sangrientas, las glorias de los ganadores y la maldad y miserias de quienes perdieron. Aprendí ha hacer ecuaciones, el sistema periódico, las leyes de Mendel, las formaciones montañosas y las cordilleras principales, como resolver raíces cuadradas, a consultar las tablas de logaritmos, declinar en latín, las reglas de ortografía y a tener buena letra. Afortunadamente, el inconsciente que es quien...

Algunas relaciones de pareja fracasan teniéndolo todo a su favor y otras sin embargo, se mantienen en el tiempo, son estables e incluso parecen felices a su manera, cuando nadie habría apostado nada por ellas desde el principio. Nos podemos preguntar si existe alguna fórmula que haga posible el buen funcionamiento de una pareja, algún sistema que nos permita entender lo que está pasando en la relación y si cabe que son sirva de ayuda en el caso de que la pareja naufrague. Tal vez exista esa fórmula o tal vez no. Lo que es cierto es que lo que funciona y va bien en unas relaciones, no sirve de nada en otras. Incluso lo que a una misma persona le servía con una pareja puede serle un inconveniente con otra. Eso es así porque cada pareja es todo un mundo con reglas propias e identidad en sí mismo, que transciende a quienes lo componen. Las personas nos encontramos para crear experiencias comunes con las que aprender y crecer juntos, y aquellas personas que escogemos como nuestra...

Algunas personas confunden la autoestima con un sentimiento de superioridad y suficiencia que les hace sentir por encima de los demás. Es frecuente identificar el orgullo, la soberbia, la arrogancia, el narcisismo o la vulgar chulería con la auténtica autoestima. Nada más lejos de la realidad, porque esas actitudes son una compensación más o menos elaborada para ocultar una fuerte inseguridad personal. Son el disfraz del miedo al fracaso y la dependencia de reconocimiento y atención de otras personas. Y muchas veces da igual que la atención venga en forma de valoración positiva o de crítica negativa, lo que cuenta es estar en el punto de mira de los otros y que nos alimenten el ego con su atención. Detrás de esas conductas de falsa superioridad suele enmascararse la vergüenza, la culpa, el temor o el sentimiento de infravaloración personal. La soberbia es en realidad, la otra cara de la vergüenza y siempre lleva componentes de desprecio y exclusión. Desprecio a la opinión de los otros, a su consejo, a su éxito, a su felicidad o...