Dogmatismo

Una de las cualidades más sorprendentes del ser humano es su enorme diversidad. Somos asombrosamente diferentes en cuanto a gustos, aficiones, intereses, virtudes y carencias. Uno de los aspectos que más nos diferencian son nuestras creencias y nuestros valores. Hay quien valora mucho su intimidad, hay quien menos. Hay quien valora la puntualidad, hay quien menos. Algunas personas tienen firmes creencias políticas, otras no. ¿De dónde provienen esas creencias y esos valores?

Como tantas otras cosas, nuestras creencias y valores se forjan durante nuestra infancia y adolescencia. Tienen su origen en lo que escuchamos de los que nos rodean. Madres y padres, hermanas y hermanos mayores y otros familiares, vecinos, profesoras y profesores. La expresión verbal de sus creencias y valores son los cimientos sobre los que construimos las nuestras. Las primeras creencias y valores que desarrollan los niños y las niñas son la interiorización de las de quienes les rodean. Esa interiorización es fundamental para el desarrollo de las funciones mentales y sociales en nuestra primera década y media de vida.

Pero llega un momento en el que es importante replantearse las creencias y valores que hemos recibido. De la misma manera que llega el momento en el que otras personas no eligen lo que vamos a comer, o la ropa que vamos a llevar, o lo que vamos a hacer durante el día, llega el momento en el que tenemos que decidir autónomamente qué creer y qué valorar. Esa evaluación de las creencias y valores propios se llama pensamiento crítico.

El pensamiento crítico no consiste en criticarlo todo, o evaluar las cosas de manera negativa. Se trata de usar nuestras capacidades de razonamiento para examinar y evaluar nuestras creencias y valores, así como otras nuevas que puedan surgir a lo largo de la vida. El pensamiento crítico es lo opuesto al pensamiento acrítico, que consiste en aceptar automáticamente lo que escuchamos o leemos sin parar a plantearnos si la información es veraz, fiable, razonable, o aceptable para nosotros. Cuando pensamos críticamente, evaluamos precisamente si nuestras creencias y valores se basan en información veraz y fiable, y si son razonables y aceptables para nosotros. El resultado de este ejercicio de pensamiento crítico es el desarrollo de nuestro propio punto de vista acerca de lo que creemos y valoramos. Nuestras creencias y valores estarán hechos a medida para nosotros. Seguramente aceptemos parte de las creencias y valores que hemos recibido durante nuestra infancia y adolescencia, pero seguramente también rechazaremos parte de ellos. Lo importante es hacerlos nuestros, es decir, aceptarlos no meramente porque los recibimos, sino porque tras examinarlos y evaluarlos, nos han convencido.

El pensamiento crítico no es necesariamente contrario a las creencias tradicionales y comunes. No hay ningún conflicto entre tradición y pensamiento crítico. Lo que sí es contrario al pensamiento crítico es el dogmatismo, es decir, la propuesta de ciertos principios, el dogma, como verdaderos e incuestionables. Existe dogmatismo cuando el motivo para seguir manteniendo creencias y valores es porque sí. Existe dogmatismo cuando el motivo para seguir manteniendo creencias y valores es porque siempre se ha hecho así. Existe dogmatismo cuando el motivo para seguir manteniendo creencias y valores es porque alguien siente que tiene la autoridad para imponerlas. Y existe dogmatismo cuando se mantienen creencias y valores a pesar de la evidencia en contra.

El filósofo John Stuart Mill nos previno acerca de nuestros propios dogmas muertos: Aunque creamos que nuestras opiniones son ciertas, y tengamos una gran confianza en su verdad, a menos que sean “discutidas completa y frecuentemente y sin miedo” acabaremos aferrándonos a ellas como un dogma muerto, una respuesta trillada y carente de la chispa del razonamiento activo. Nuestras creencias y opiniones no deben convertirse en un tipo de superstición. Deben ser creencias y opiniones vivas. Las creencias y valores vivos aparecen, crecen, maduran, cambian, y en ocasiones desaparecen. Deberíamos poner a prueba nuestras creencias y valores. Deberíamos agradecer cualquier oportunidad que se nos presente de defenderlas, contrastarlas, compararlas, actualizarlas y rechazarlas. Sin los efectos saludables de los desafíos a nuestras creencias nos convertimos en repetidores insustanciales de opiniones caducadas.

El dogmatismo se opone a, y trata de sofocar y reprimir, la libertad de pensamiento y de expresión.

ESCÚCHALO AQUÍ:

“Y esto es en lo que creo: que la mente libre, exploradora, del individuo humano es la cosa más valiosa del mundo”

John Steinbeck (Al Este del Edén)

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.