EDUCACIÓN, INTELIGENCIA EMOCIONAL Y AUTOESTIMA

El sistema educativo pretende sociabilizar a las personas de manera que compartan determinados principios básicos, una cultura con la que se identifiquen y les proporcione identidad común, ciertos valores que den sentido a su conducta y les permitan tomar las decisiones de su vida de acuerdo a los mismos y determinada información y conocimientos con los que entender mejor el mundo en el que viven y aprender una profesión.

¿Pero que fue lo que realmente aprendí en la escuela? Aprendí el nacimiento, curso desembocadura, afluentes y subafluentes de determinados ríos. Los nombres, apellidos, años, lugares de nacimiento y hechos relevantes de personas públicas más o menos insignes aunque muchos de ellos ya olvidados. Las fechas de batallas sangrientas, las glorias de los ganadores y la maldad y miserias de quienes perdieron. Aprendí ha hacer ecuaciones, el sistema periódico, las leyes de Mendel, las formaciones montañosas y las cordilleras principales, como resolver raíces cuadradas, a consultar las tablas de logaritmos, declinar en latín, las reglas de ortografía y a tener buena letra.

Afortunadamente, el inconsciente que es quien custodia la sabiduría natural que todos llevamos dentro, hizo que olvidara la mayoría de esa información que realmente hoy no me sirve para vivir mi vida.

Me hubiera gustado aprender la manera de sentirme bien conmigo, con las personas que me rodean y con el mundo en general. A sacar todo lo bueno que hay dentro de mí, a desarrollar mis talentos y mi inteligencia emocional. A disfrutar de la vida, a cuidar el planeta y entender y respetar a todos los seres vivos que lo compartimos y habitamos.

Ya dijo Freud que “la represión es cultura” y sin duda, una vez más acertó. El sistema educativo no deja de ser una sofisticada manera de domesticar nuestra naturaleza humana para homogeneizarnos y normalizarnos bajo el paraguas de una cultura común, que nos diferencie y separe de otras culturas.

Mi plan de estudios incluía el ambicioso y aburrido aprendizaje de mucha información irrelevante, inútil muchas veces, con falsos valores y de una doble moral que fue la semilla de los frutos que hoy recogemos. Me hubiera sido mucho más útil aprender las claves de la autoestima, entenderme y conocerme más, desarrollar mi asertividad con amabilidad y firmeza, aprender a tolerar y gestionar la frustración y el autocontrol de las propias emociones. Hubiera agradecido que alguien que me hubieran ayudado a entrenar la empatía, simpatía y habilidades sociales, a ser más consciente, sensible y solidario con las necesidades de otras personas, a trabajar en común por un proyecto común y a desarrollar una cultura “Todos ganan”.

Echo en falta un aprendizaje útil y práctico sobre como gestionar mi tiempo, como resolver conflictos, que hacer con mi ocio, como organizar un plan o como cuidar mi alimentación, mi salud y mi sexualidad.

Nadie me enseñó a manejar el dinero, nunca me hablaron de cultura financiera, ni por supuesto me prepararon para enfrentarme a una hipoteca o hacer una declaración de impuestos con responsabilidad.

En algún punto el sistema educativo se divorció de la realidad. Y son como esas parejas que conviven juntos, pero cada una va a lo suyo y por su lado. Las aulas de la escuela, el instituto y la universidad están muy alejadas del mundo que realmente existe fuera de ellas. La educación del siglo XXI mantiene el mismo modelo de la del siglo XIX y desde entonces han cambiado muchas cosas.

Es necesario, urgente e importante definir y poner en marcha, un nuevo modelo educativo que de verdad sea útil, ajustado a la realidad actual, donde lo verdaderamente importante sean los alumnos. Que sea capaz entender y potenciar las diferencias personales, los talentos, aptitudes y las habilidades de cada niño y niña, que de verdad aporte valores personales, sociales, éticos y ecológicos, y lo haga desde el ejemplo, la coherencia y la justicia. Resulta fundamental educar en el amor, la felicidad, la confianza, el bien común, el respeto y el éxito.

Nuestros hijos lo merecen… y el mundo lo necesita.

Frase: “La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”. Nelson Mandela

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