DEPENDENCIA EMOCIONAL EN EL TRABAJO

La dependencia emocional es un estado psicológico que se caracteriza por falta de autonomía y baja autoestima y que no sólo se manifiesta en las relaciones de pareja, de familia o de amistad. También aparece en las relaciones laborales, con más asiduidad de la deseada y con consecuencias negativas en forma de estrés, ansiedad, depresión o inseguridad; consecuencias que no se suelen asociar a dicha dependencia y sí a factores externos al trabajador como un mal jefe, un mal empleo, compañeros trepas y pelotas, una crisis económica,… Por supuesto que los factores externos como el estilo de liderazgo o la cultura de la organización afectan enormemente al trabajador y son por sí mismos generadores de estrés y malestar significativos cuando son nocivos. Estas opciones no niegan la dependencia emocional, la agravan cuando ocurren ambas.

Séneca nos recordaba que quien teme es un esclavo. El entorno laboral del pasado fomentaba la dependencia emocional del empleado, que se sometía, idealizaba y magnificaba al empleador o a la empresa. Desde la necesidad de reconocimiento, el trabajador dependiente mostraba una clara resistencia a perder la fuente de seguridad que le proporcionaba su jefe o su organización, que generaba un pánico no ya a ser despedido sino también a ser criticado o minusvalorado, miedo a cualquier cambio por necesario que fuera y sobrerreacción ante lo que fuese una amenaza a dicha relación de dependencia. El empleado parecía beneficiarse de la dependencia emocional con cierta seguridad y tranquilidad laboral, que era más aparente que real y que dependía demasiado de circunstancias externas que podían cambiar en cualquier momento. El empleado sólo se quejaba de la dependencia emocional cuando resultaba nociva para él: cuando perdía dicha pseudoseguridad y tranquilidad, cuando el jefe o la empresa “preferían” a otros en lugar de a él, cuando se le encomendaban tareas que superaban sus capacidades actuales y se asustaba o cuando se introducían cambios que consideraba injustos y que rompían un pacto no escrito, un acuerdo tácito entre el dependiente emocional y su jefe. El trabajador dependiente emocional se sentía herido, traicionado y maltratado de forma injusta, lo que podía generar desde sentimientos de rencor e indignación hasta sentimientos de desesperanza e indefensión.

Decía Goethe que nadie es más esclavo que quien se tiene por libre sin serlo. La libertad y la independencia del pianista no es poder tocar el piano cuando a uno le dé la gana sin que nadie se lo impida, la libertad es también saber tocar el piano. Es la parte de responsabilidad personal que implica la independencia. En el trabajo ocurre lo mismo, la libertad e independencia no es que el trabajador pueda hacer todo lo que quiera o se le ocurra. También es que esté capacitado para ello, que se forme constantemente, que aprenda nuevas habilidades, que se responsabilice de desarrollar su talento, que sepa ser líder en los momentos que el trabajo lo requiera, que comparta información y se abra al mundo en vez de acumularla y se cierre desde la escasez y el miedo a que otro le quite el puesto.

La independencia emocional en el trabajo se empieza a conseguir cambiando las creencias y pensamientos limitantes, como autopercibirse sin control e impotente ante el entorno laboral y sus retos o creer que se necesita un jefe para tener una carrera profesional exitosa. La independencia emocional en el trabajo se empieza a conseguir haciéndote responsable de tu bienestar y fomentando las situaciones que lo posibilitan para que desarrollando dichas situaciones la “suerte” se ponga de tu parte. Quien fomenta una buena vida no acepta un mal trabajo. La independencia emocional en el trabajo se empieza a conseguir estableciendo relaciones laborales con las personas correctas, evitando a los compañeros tóxicos y acercándose a compañeros que te respeten, te valoren , te traten bien y aporten cosas positivas a tu trabajo. La independencia emocional en el trabajo se empieza a conseguir construyendo una carrera profesional que aporte valor a la propia persona y al entorno en el que vive. Que el trabajo otorgue un salario emocional aparte del salario económico. La independencia emocional en el trabajo se empieza a conseguir valorando el tiempo como el recurso más valioso, para no perderlo en un empleo sin futuro ni siendo adicto al trabajo porque hay mucha vida más allá de lo profesional.

 

Frase: “Un esclavo es aquel que espera que alguien venga a liberarlo” · Erza Pound

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RECOMENDACIÓN:

“El octavo hábito” · Stephen Covey

Ser efectivos como individuos y como organizaciones ya no es una opción: sobrevivir en el mundo de hoy lo exige. Pero para prosperar, innovar, sobresalir y liderar en nuestra época, debemos partir de la efectividad para ir más allá de ella. Esta nueva era de la historia humana exige grandeza, exige logros, desempeño apasionado y una contribución importante. Acceder a los niveles más elevados del talento y de la motivación del ser humano en la nueva realidad de hoy exige un cambio radical de pensamiento: una nueva mentalidad, un nuevo conjunto de aptitudes, un nuevo instrumental; en pocas palabras, un nuevo hábito. Nuestro principal desafío en el mundo de hoy es éste: hallar nuestra voz e inspirar a los demás para que hallen la suya.

3 Comments
  • zoraida González de Suáreez
    Posted at 21:59h, 17 junio

    Sería interesante que tuvieran una opción para compartir este contenido por las redes sociales.

  • zoraida González de Suáreez
    Posted at 21:55h, 17 junio

    muy buen artículo. Gracias.

  • Elisabeth gonzalez
    Posted at 13:17h, 14 febrero

    Quiero mas informacion de como un jefe desestabiliza a los demas emocionalmente

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