BONDAD Y MALDAD

El mal: la maldad entendida como el ejercicio del poder que tiene cada persona para hacer daño a otros a propósito. El bien: la bondad entendida como el ejercicio del poder que tiene cada persona para beneficiar a otros a propósito. Es una elección, optar por usar el poder de uno para dañar o beneficiar. Ahí reside la clave entre las conductas malvadas y las conductas bondadosas: cómo, ante una misma situación, alguien elige hacer el mal y alguien elige hacer el bien. A veces los actos bondadosos son incómodos porque recuerdan a otros las decisiones de hacer el bien que no tomaron.
La dificultad de la elección entre actuar desde el bien o desde el mal, cuando uno se enfrenta a un sistema deshumanizante, anónimo, que difumina las acciones individuales y relativiza el poder de hacer el bien de cada miembro. Cuando desde el entorno lo más cómodo es hacer el mal, es la conducta fácil que la mayoría pide y excusa. Incluso peor, cuando para el sistema, hacer el bien es hacer el tonto. La línea entre la maldad y la bondad es móvil y permeable. A veces el mal comienza con una pequeña decisión, que paso a paso, se va convirtiendo en un ejercicio habitual de maldad en el que uno queda atrapado y se convierte en una forma de pensar, en un estilo de vida. Uno se empieza a corromper con 1 euro, empieza a engañar con una mentirijilla, empieza a dañar con una palabra. Y lo que en un principio era malo pasa a ser normal y por último bueno.
Decía Cicerón que cuando mejor es uno, más difícilmente llega a sospechar de la maldad de los otros. Hacer el bien como principio y no como interés. Hacer el bien como elección personal que brota de unos valores y una ética particular. Hacer el bien aunque uno esté solo en la elección, rendir cuentas a uno mismo. Porque el número de malhechores no autoriza el crimen. Hacer el bien en la vida, es un todo indivisible. No cuela hacer el bien en un área y el mal en otra, es engañarse a uno mismo. La obediencia ciega y la ausencia de responsabilidad son una ilusión, un descargo de las propias decisiones. Cada uno es el dueño de sí mismo.
Hacer el bien sin odio hacia el mal. Porque cuando uno se deja llevar por la ira, luchar contra los monstruos del mal, hace que se convierta uno mismo en monstruo. La bondad como voluntad de bien, como demostración de poder personal para superar un sentimiento de rabia, un deseo de venganza. El resultado de practicar la bondad es la integridad, es la construcción de la honradez y la decencia de la persona. Esa integridad que provoca satisfacción interna, alegría y una sonrisa que brota de dentro.

Frase: “¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios.” · Gilbert Keith Chesterton

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