VERGÜENZA Y AUTOESTIMA

La vergüenza es una de las emociones más invalidantes y apunta directamente a la línea de flotación de tu autoestima. Aquellas situaciones en las que sientes vergüenza te limitan para hacer lo que deseas, envenenan tu felicidad y te hacen sentir despreciable porque te impiden ser tú. El deseo más profundo cuando tienes vergüenza siempre es desaparecer, diluirte o hacerte invisible.

Si la autoestima es la relación que tú mantienes contigo. La vergüenza destruye esa relación, porque a diferencia de la culpa que se activa frente a algo que has hecho, la vergüenza ataca tu propia identidad, hace que te sientas mal, no solo por lo que haces, sino por lo que tú eres. Sientes culpa, por haber tratado mal a otra persona, haber robado o no haber ayudado a quien te necesitaba. Todas son conductas por acción u omisión. En todas las situaciones donde la culpa aparece se juzga tu comportamiento, pero tu yo queda a salvo. La vergüenza es mucho más letal porque no la sientes por tu comportamiento, la sufres por ser quien eres, por todo aquello que configura tu yo. Nadie siente culpa por ser de determinada raza, llevar el apellido de cierta familia o tener una personal tendencia sexual. Frente a esas situaciones el malestar viene dado por la vergüenza.

La vergüenza no es una emoción natural. Por eso se siente ante situaciones diferentes según la cultura y la educación. Aprendimos a sentirla cuando éramos pequeños, durante el proceso de socialización. Junto con el miedo y la culpa, la vergüenza es una de las emociones negativas más utilizadas en el proceso de “educación”. Hacer que el niño se sienta mal para corregir determinados comportamientos, asociando la conducta a una emoción dolorosa continua siendo algo habitual y frecuente. A diferencia de los conceptos “bueno y malo” o “peligroso y amenazante” que tienen que ver con la culpa y el miedo, la vergüenza se nutre del “digno e indigno” o “capaz e incapaz”

La sentimos al juzgarnos inadecuados frente a nuestro “público imaginario”. La vergüenza, siempre se relaciona con “la mirada del otro”, con el desprecio real o imaginario que sentimos por ser diferentes y por como esa diferencia nos exilia de la realidad social.

El trabajo para vencer la vergüenza es sencillo de plantear pero complejo de realizar.

  1. Aceptarla. Da vergüenza admitir que se tiene vergüenza. Es una emoción escurridiza que se esconde de sí misma. Tener vergüenza es infantil e inmaduro, y nos hace sentir ridículos admitirla. Pero la aceptación es el primer paso para empezar a resolverla.
  2. Analizar. Entender que se trata de un sentimiento invalidante e improductivo. Saber cómo nos limita y de qué manera secuestra nuestra felicidad, nos dará las razones y la fuerza necesaria para empezar a salir de ella.
  3. Actuar. Frente a la vergüenza siempre hay que actuar. Después de analizar como nos hace daño, solo queda pasar a la acción. “Si te da vergüenza, hazlo”. Al principio parece algo imposible porque la vergüenza nos ha tenido paralizados durante mucho tiempo. Pero según empiezas a actuar, la propia vergüenza se diluye y debilita. La conducta es el mejor antídoto frente a la vergüenza.

Recuerda que tu sentimiento de vergüenza es inversamente proporcional a tu autoestima. Por eso según te vas librando de ella, sentirás como tu autoestima, tu seguridad y tu confianza mejoran.

Frase: “Si te da vergüenza, hazlo” · Miguel Ángel Paredes

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RECOMENDACIÓN:

El lector” · Bernhard Schlink

Michael Berg tiene quince años. Un día, regresando a casa del colegio empieza a encontrarse mal y una mujer acude en su ayuda. La mujer se llama Hanna y tiene treinta y seis años. Unas semanas después, el muchacho, agradecido, le lleva a su casa un ramo de flores. Éste será el principio de una relación erótica en la que, antes de amarse ella siempre le pide a Michael que le lea en voz alta fragmentos de Schiller, Goethe, Tostói, Dickens… el ritual se repite durante varios meses, hasta que un día Hanna desaparece sin dejar rastro. Siete años después, Michael, estudiante de derecho, acude al juicio contra cinco mujeres acusadas de criminales de guerra nazis y de ser las responsables de la muerte de varias personas en el campo de concentración del que eran guardianas. Una de las acusadas es Hanna. Y Michael se debate entre los gratos recuerdos y la sed de justicia, trata de comprender qué llevó a Hanna a cometer esas atrocidades, trata de descubrir quién es en realidad la mujer a la que amó…”

1 Comment
  • Mila
    Posted at 22:58h, 28 octubre

    Genial… Me encantaria superarla. Encima, aparento por lo visto todo lo contrario… Las apariencias engañan.