La persona que se victimiza se considera a sí misma y se comporta como tal, lamentándose por su mala suerte, por la agresión (real o imaginaria) sufrida, culpando a otros de lo que le sucede, quejándose y aclamando un “pobre de mí”. No hay nada que anule más a las personas, o que impida ejercer su poder y crecer en la adversidad, que esa tendencia psicológica a sufrir por lo vivido. Y puede que lo vivido haya sido dantesco, duro, abrumador o simplemente molesto como una violación, un atropello, un diagnóstico aterrador, o tan solo un pinchazo de una rueda antes de una reunión.  Suceda lo que suceda, tú puedes elegir cómo lo vas a llevar. Esa es tu última libertad. Nunca seas una víctima. Pase lo que te pase, no te victimices. Porque hacerlo te ancla en el problema, te quita todas las fuerzas, te hunde en la desesperación, te incapacita para el cambio, pierdes tu responsabilidad, y además atraerás a personas que tienden a machacar y desatar toda su agresividad con personas débiles y vulnerables y así es justo como te sentirás. También puede que te...

La culpa es el sentimiento de malestar, más o menos consciente que sentimos cuando transgredimos algún principio, norma o compromiso. También podemos sentirnos culpables cuando hemos cometido un error. Es decir, nos sentimos culpables cuando nos juzgan o nos juzgamos por algo que creemos hemos hecho mal. A pesar de ser un sentimiento frecuente y habitual, no se trata ni de una emoción elemental como el miedo, la rabia, la tristeza o la alegría. La culpa es una emoción aprendida y construida en torno a un sistema de reglas y valores. Se aprende a sentirse culpable. Porque sin reglas no hay transgresión, y sin trasgresión, no hay culpa. Nuestro propio juicio, es en realidad, la interiorización de un juicio anterior hecho por los otros. Aprendimos a juzgarnos cómo otros nos juzgaron. De hecho, la culpa, es uno de los sistemas más antiguos que utiliza la humanidad para condicionar y socializar a las personas y los grupos sociales. La culpa se aprende a sentir en la infancia cuando hacemos algo incorrecto o nos comportamos como no desean los adultos,...

La vergüenza es una de las emociones más invalidantes y apunta directamente a la línea de flotación de tu autoestima. Aquellas situaciones en las que sientes vergüenza te limitan para hacer lo que deseas, envenenan tu felicidad y te hacen sentir despreciable porque te impiden ser tú. El deseo más profundo cuando tienes vergüenza siempre es desaparecer, diluirte o hacerte invisible. Si la autoestima es la relación que tú mantienes contigo. La vergüenza destruye esa relación, porque a diferencia de la culpa que se activa frente a algo que has hecho, la vergüenza ataca tu propia identidad, hace que te sientas mal, no solo por lo que haces, sino por lo que tú eres. Sientes culpa, por haber tratado mal a otra persona, haber robado o no haber ayudado a quien te necesitaba. Todas son conductas por acción u omisión. En todas las situaciones donde la culpa aparece se juzga tu comportamiento, pero tu yo queda a salvo. La vergüenza es mucho más letal porque no la sientes por tu comportamiento, la sufres por ser quien...

Decía Confucio que el hombre que comete un error y no lo corrige, comete un error más grande. Lo peor por tanto no es cometer un error, sino tratar de justificarlo y camuflarlo en vez de aprovecharlo. Ser obstinado y no aceptar lo que se ha hecho, por orgullo y ego. Creer que uno es omnipotente, infalible, que todo lo hace bien. Y lo que hace mal escapa a su control, es obra de otros o dependiente de causas externas de las que no se hace responsable. Es muy fácil y cómodo pensar que lo que uno hace bien depende de sí mismo y lo que hace mal es culpa de otros. No todo error debe calificarse como necedad, negligencia o fracaso. Por supuesto que estos errores son errores que restan, que empequeñecen a quien los comete. Son los errores que hay que evitar. Errores por no hacer lo que uno sabe que tiene que hacer. Errores por creerse más listo que los demás y saltarse las normas. Errores por ser orgulloso y confiarse demasiado en...

Decía Víctor Hugo que el recuerdo es vecino del remordimiento. La culpa es el sentimiento atrapado en el pasado, como la ansiedad es el sentimiento que apunta al futuro. La voz que anclada en el pasado nos susurra que no estuvimos a la altura… pero, ¿quién marcó esa altura? La culpa que nace de lo que se nos ha repetido desde pequeños. De todas las voces que nos exigieron ser perfectos, nos insistieron en no ser malos, nos asustaron por excedernos con lo bueno y nos amonestaron por ensuciarnos. Y así, mensaje a mensaje, interiorizamos el reproche: estamos disgustados con nosotros mismos, nos “merecemos” el castigo de la culpa. Somos pecadores, perdedores, miserables, defraudadores… La culpa continuada es el tobogán hacia la depresión. Es la culpa destructiva, que nos inmoviliza en el ejercicio de nuestra vida. La culpa nos hace fácilmente manipulables. La culpa nos convierte en víctimas, aceptamos la definición de nuestra vida, de lo que somos, por lo que nos dicen los demás. A los demás les resulta muy fácil confundir nuestros errores con...

Existen dos tipos de personas, los que explican sus problemas culpando a los demás y los que se culpan a sí mismos cuando algo va mal. Los primeros son expertos en mirar alrededor y buscar culpables con los que justificar el motivo de su frustración. Cuando algo no les funciona en el trabajo enseguida pueden argumentarlo diciendo que han tenido la mala suerte de caer en la empresa inadecuada, la desgracia de tener un incompetente por jefe, de no contar con los medios suficientes, de tener un equipo que no funciona o de que sus compañeros no les pasan la información cuando toca o que se la pasan incompleta. Y el mismo sistema se puede aplicar dentro de casa, si las cosas no van bien es siempre la pareja la que tendría que ser más ordenada, ocuparse más de los niños, estar más dispuesta a hablar y discutir menos o tener relaciones sexuales con más frecuencia. Estos sujetos son expertos en identificar errores ajenos y tienen una sensibilidad exquisita para detectar la imperfección en los demás. Rápidamente toman nota...