CULPA Y AUTOESTIMA

Decía Víctor Hugo que el recuerdo es vecino del remordimiento. La culpa es el sentimiento atrapado en el pasado, como la ansiedad es el sentimiento que apunta al futuro. La voz que anclada en el pasado nos susurra que no estuvimos a la altura… pero, ¿quién marcó esa altura? La culpa que nace de lo que se nos ha repetido desde pequeños. De todas las voces que nos exigieron ser perfectos, nos insistieron en no ser malos, nos asustaron por excedernos con lo bueno y nos amonestaron por ensuciarnos. Y así, mensaje a mensaje, interiorizamos el reproche: estamos disgustados con nosotros mismos, nos “merecemos” el castigo de la culpa. Somos pecadores, perdedores, miserables, defraudadores… La culpa continuada es el tobogán hacia la depresión. Es la culpa destructiva, que nos inmoviliza en el ejercicio de nuestra vida.

La culpa nos hace fácilmente manipulables. La culpa nos convierte en víctimas, aceptamos la definición de nuestra vida, de lo que somos, por lo que nos dicen los demás. A los demás les resulta muy fácil confundir nuestros errores con nuestra personalidad. Si hemos pecado, somos pecadores. Si hemos fallado, somos perdedores. Si hemos defraudado, somos defraudadores. Para salir de la culpa hemos de definirnos a nosotros mismos, a través de nuestra autoestima.

Decía Wayne Dyer que no hay culpabilidad por grande que sea, que pueda resolver un solo problema. Cambiar culpa (“soy malo, no puedo cambiar”) por responsabilidad (“he hecho algo malo, que puedo cambiar”). Si hemos causado un daño, disculparnos sin justificarnos. Con la disculpa, tomamos la responsabilidad total de nuestros actos. Con la justificación, la responsabilidad sólo es parcial. Hemos de aprender a reflexionar, sin juzgar, qué nos llevó a equivocarnos. Indagar para prevenir y no para criticar. La culpa pertenece al pasado, la prevención es para el presente y el futuro. Ser más flexibles, aprender de las equivocaciones, agradecerlas como experiencias de vida y perdonarnos por ellas. Y recordar que después de todo, mañana será otro día.

Frase: “Hay un remedio para las culpas, reconocerlas”. Franz Grillparzer

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