LA VERDAD

Los hechos son muchos pero la verdad es una. El mundo real es más pequeño que el mundo de la imaginación. Entre las circunstancias, entre las apariencias, entre las opiniones, entre los sentimientos, entre las experiencias, entre las esperanzas, entre todo lo que nos importa y consideramos necesario, entre lo que deseamos y buscamos, entre el ruido cotidiano y las crisis puntuales, entre toda la contaminación emocional que nos envuelve, la verdad es simple y elemental. Decía Antonio Machado que la verdad es lo que es y sigue siendo verdad aunque nos empeñemos en pensar al revés. Lo que es, es. Negar la verdad es fácil, pero sigue siendo la verdad.

La verdad está ahí fuera, esperando a ser aprehendida. El hombre se prepara para aceptar la verdad, para afrontarla y desarrollarse a partir de ella. Su honestidad y buena fe le permiten captar la verdad sin sentirse amenazado por ella. Si la verdad es una amenaza para él, su primer impulso será negarla y rebelarse contra ella. Pero no es la verdad la amenaza, es todo aquello que se descentra a partir de la verdad lo que realmente inquieta. Son los planes que se han de modificar, las relaciones que se han de abandonar o los nuevos caminos que se han de tomar; ese es el peligro. La verdad es simplemente la señal, la autoestima de cada hombre es quien se permite o no responder a ella. Aceptar la verdad es un síntoma de fortaleza emocional.

Encajar la verdad. Es paradójico lo sensible que es el hombre a ser engañado, lo herido que puede llegar a sentirse en su orgullo cuando se siente embaucado y a la vez lo atrayente que puede resultarle ignorar la verdad y darle la espalda, como si no existiese. Cuántas veces se nos ofrece la verdad y cuántas veces la rechazamos para no sentirnos vulnerables. Si la verdad está en el fondo de agua cristalina, removemos el agua. Es una de las grandes diferencias entre el niño y el adulto, el niño se encuentra cómodo en la burbuja del engaño y el adulto quiere saber la verdad y tratar con la realidad.

¿Quieres la verdad? La verdad desnuda, sin temperatura, no es fría ni ardiente. La verdad de saber quién eres ahora y de quién no eres, de lo que te atrae y lo que no, de con quién quieres estar y con quién no, de a qué te quieres dedicar y a qué no, de discernir sobre quién quieres ser en el futuro. A la verdad se llega por la experiencia, explorando la realidad con el corazón y la cabeza, cometiendo errores y aprendiendo de ellos, con amor e inteligencia. Vivir y meditar, y vuelta a empezar. La verdad, imparcial e inocente, tiene un precio asociado a su gran valor. ¿La quieres?

Frase: “La única verdad es la realidad”. Aristóteles

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