Blog de Parentepsis

Así como toda casa, grande o pequeña, se sustenta en sus cimientos así mismo todo ser humano se sustenta en sus principios. Los principios éticos que guían su conducta es lo que distingue al ser humano del resto de animales e incluso de otros primates que dicen llamarse hombres. Sin principios no hay humanidad. La integridad es uno de esos principios y el psicólogo Nathaniel Branden lo define muy bien: “La integridad consiste en la integración de nuestros ideales, convicciones, normas, creencias por una parte y nuestra conducta por la otra parte. Cuando nuestra conducta es congruente con nuestros valores, cuando concuerdan nuestros ideales y su práctica, tenemos integridad”. La integridad comienza ineludiblemente por aceptarse a uno mismo. “Éste soy yo, no hay otro como yo, soy único y tal y como soy estoy bien”. Esta aceptación no es un acto de narcisismo o de chulería, es un acto de reconocimiento de mi individualidad. Si a alguien dicha frase le suena a excesiva probablemente sufra de baja autoestima y no lo sepa. De la aceptación surge el...

Tu atención es la puerta de tu conciencia. Para ser consciente de algo antes has necesitado enfocarlo con tu atención. La atención es como un foco de luz que ilumina lo que vives y te hace consciente de tu experiencia externa e interna. Puedes vivir la misma experiencia a ciegas, sin poner atención en lo que te sucede, pero es vivirla de forma inconsciente y será como si no hubiera existido. Eso te pasa cuando te despiertas y no recuerdas lo que has soñado o cuando conduces con la cabeza llena de pensamientos y luego eres incapaz de recordar el trayecto. Cuando enfocas la luz de tu atención sobre tu realidad modificas tu percepción y por lo tanto cambias tu experiencia. Puedes hacer la prueba en este mismo momento. Para conseguirlo es necesario que te coloques en lo que los expertos llaman el papel del “observador”. Recuerda que el observador, ni juzga, ni valora, solo presta atención y está presente. Empieza por ser consciente de tu atención y date cuenta de tu postura corporal, simplemente se consciente de...

La alimentación es una de las formas diarias de cuidar de nuestra salud, de protegerte, valorarte y demostrarte lo mucho que te quieres. Dime lo que comes y cómo te lo comes y te diré cuánto te quieres. Comer con prisas, tragando cualquier cosa que tienes a mano o hacerlo hasta sentir que no te cabe nada más, comer productos de baja calidad o dañinos, de cualquier manera, frente al ordenador o al televisor, … Antes de comer o beber cualquier cosa, pregúntate ¿Es esto bueno para mi? Uno de los tres sistemas físicos que nos alertan de que algo no marcha bien que primero reaccionan ante los conflictos emocionales es el Sistema Digestivo (los otros dos son el sistema muscular y la piel). Dolores de estómago, diarrea, estreñimiento, hinchazón, acidez, apetito insaciable, gases, etc. son muestras de una alteración digestiva que no debemos dejar pasar desapercibida o tratar de acallar con un tratamiento farmacológico sin atenderla. Cuando digo que el cuerpo reacciona y nos alerta de cómo nos estamos alimentando, incluyo al cerebro como órgano. El cansancio, la...

Son dos personas de la misma edad, nacieron el mismo año, dio la casualidad de que nacieran el mismo día, pero uno es un niño y el otro es un hombre. Son dos personas con los mismos estudios, el mismo trabajo y el mismo entorno pero uno es un niño y el otro es un hombre. Ambos están casados y son padres, pero uno es un niño y el otro es un hombre. Por fuera son casi iguales, pero por dentro les separan experiencias, valores, conocimientos, capacidades y triunfos. Cuando quieren estar bien, ambos buscan experiencias gozosas, quieren disfrutar de la vida y de lo que ésta les ofrece. Quieren exprimir el tiempo que se les ha dado y sentir emociones positivas en su trabajo, en su ocio y en sus relaciones. El niño adora el placer, todo momento es bueno para empezar a sentirlo y todo momento es malo para dejar de disfrutarlo. El niño presume que la vida está al servicio de su deseo. La búsqueda del placer en el niño empieza como la...

Estamos en un momento cultural que confunde la cantidad con la calidad, el más con el mejor. Los límites son cada vez más difusos y confusos y en la época de la superación, el desarrollo personal, el culto al cuerpo y la imagen, se glorifica el abandono y la dejadez como si fueran el remedio al estrés. Son tiempos paradójicos. Seguramente nunca hemos acumulado tanto y posiblemente jamás nos hemos sentido tan vacíos y tan torpes con el manejo de nuestra felicidad. Somos muy sensibles y reactivos a la frustración, nos hemos vuelto cada vez más intolerantes, complacientes, despóticos e infantiles. Y estos tiempos vertiginosos de respuesta rápida, nos llevan a buscar la satisfacción inmediata y cuando no la conseguimos, nos irritamos, entristecemos o perdemos el control. Lo fácil e inmediato son criterios con lo que tomamos muchas decisiones importantes, nos autoengañamos y regateamos con nuestro inconsciente para evitar el esfuerzo y cumplir con la disciplina. La distracción y la dispersión están envenenando la pasión por vivir, el valor por ser nosotros mismos y el principio...

Guardamos ropa que ya no nos sirve, no nos gusta o nos incomoda llevarla, zapatos viejos por su valor sentimental, los apuntes de la carrera por lo mucho que nos llevó que quedaran con ese aspecto final, cosas ni que sabemos que tenemos guardadas, rincones de abandono y acumulación de “trastos viejos” por si en algún momento nos hace de nuevo falta, libros que no hemos leído y que jamás leeremos, helados en el fondo del congelador de hace unos cuantos veranos, bolígrafos que no pintan,… y un sin fin de objetos insulsos, caducos, inservibles e incómodos que llenan estantes y rincones de nuestra casa sin muchas veces saber de su existencia. ¿Te sientes reconocido con esta descripción? Dentro de este acumular hay grados de intensidad. Hay casa realmente atestadas en las que puedes sentir una gran opresión y luego hogares en los que más o menos reina la calma y el orden excepto en el cuarto oscuro. ¿Qué nos dice nuestro entorno de la autoestima que poseemos? ¿qué indica la existencia de una marcada tendencia a acumular? Al...

Hace tiempo que llegó la hora de irte de donde has estado, de donde has disfrutado, de donde has crecido, de donde has aprendido, de donde has amado, de donde has trabajado. Se ha cumplido un ciclo y lo sabes. Las señales empezaron débiles y dispersas para tornarse en rotundas y constantes. Y no eres tonto, ni estás ciego o sordo. Estás forzando la situación porque te resistes a irte. Niegas el hecho de que todo tiene un inicio y un final, te cuesta aceptar el desenlace y dejar marchar lo que ya no da para más. En donde estás ahora sientes demasiado aburrimiento, ya no hay curiosidad ni motivación por seguir creciendo. Es todo más de lo mismo y siempre lo mismo y otra vez lo mismo y una vez más lo mismo. Lo que en otro tiempo fue un reto ahora es automatismo. Tic, tac, tic, tac, tic, tac. Y no eres un robot. La búsqueda es un inicio, te insta a partir a territorios nuevos y te hace sentir vivo. En donde estás ahora...

Autoestima es sinónimo de felicidad. Es imposible ser feliz y no quererse. Y tampoco es posible quererse y ser infeliz. Una cosa lleva a la otra. La felicidad es un equilibrio emocional entre la alegría y la serenidad. La alegría es la parte ligera de la felicidad, guarda relación con la infancia, nos activa y nos empuja a salir fuera de nosotros. La serenidad es la parte profunda, se relaciona con la madurez y el orden, nos calma y devuelve a nuestro interior. Lo de dentro se proyecta fuera. El orden externo es solo un reflejo del propio orden interno. Y a la vez, lo de fuera ayuda a mantener lo de dentro, por eso cuanto más “zen” sea el espacio habitado más fácilmente conectaras con la serenidad. Algunas sugerencias que te pueden ayudar con la serenidad: Haz solo una cosa cada vez. Olvídate de la multitarea. Haz las cosas como un ejercicio de concentración. Si comes, solo comes. Si atiendes llamadas, solo atiendes llamadas. Si estás con otra persona, solo estás con ella. O sí conduces, solamente conduces....

Con frecuencia nos vemos arrollados por una inercia emocional que nos saca del equilibrio. Sufrimos ataques de rabia, crisis de decepción, episodios de una fuerte ansiedad, … en definitiva un gran malestar concentrado en un corto espacio de tiempo para luego volver a la llamada normalidad. ¿Un mal día? ¿se da por culpa de otros? ¿quizás tu jefe te ha sacado de tus casillas? ¿es tu marido que tiene hoy ganas de guerra?...

Decía un escritor que la perseverancia es la virtud por la cual todas las otras virtudes dan su fruto. No hay meta importante que se haya conseguido sin perseverar, no sólo perseverando pero imprescindiblemente perseverando. Ha de haber más ingredientes, más virtudes, más capacidades, por supuesto, pero la capacidad que cataliza a las demás es la perseverancia. ¡Cuántas inteligencias, talentos, aptitudes no florecieron por no ser perseverantes! No escasea la capacidad sino la constancia. Muchas veces la búsqueda de lo fácil y cómodo enmascara falta de autoestima e inmadurez y no es simplemente búsqueda de sencillez. La perseverancia es la diferencia entre el “Yo quiero” y el “a mí me gustaría”. Es la diferencia entre el deseo real y la apetencia fantaseada. La perseverancia distingue al ganador del perdedor, distingue al conseguidor del aspirante, distingue al hacedor del pretendiente, distingue al amante del enamorado, distingue al creador del crítico, distingue al constructor del soñador, distingue al escritor del lector, distingue al líder del solicitante, distingue al protagonista del seguidor, distingue al resultado de la idea. Se...