EL NIÑO Y EL HOMBRE

Son dos personas de la misma edad, nacieron el mismo año, dio la casualidad de que nacieran el mismo día, pero uno es un niño y el otro es un hombre. Son dos personas con los mismos estudios, el mismo trabajo y el mismo entorno pero uno es un niño y el otro es un hombre. Ambos están casados y son padres, pero uno es un niño y el otro es un hombre. Por fuera son casi iguales, pero por dentro les separan experiencias, valores, conocimientos, capacidades y triunfos.

Cuando quieren estar bien, ambos buscan experiencias gozosas, quieren disfrutar de la vida y de lo que ésta les ofrece. Quieren exprimir el tiempo que se les ha dado y sentir emociones positivas en su trabajo, en su ocio y en sus relaciones. El niño adora el placer, todo momento es bueno para empezar a sentirlo y todo momento es malo para dejar de disfrutarlo. El niño presume que la vida está al servicio de su deseo. La búsqueda del placer en el niño empieza como la promesa del paraíso y se convierte en una tiranía. Para el niño, no sentirse bien ahora, ya mismo, es sinónimo de que algo va mal. Le cuesta ver más allá. El hombre construye su bienestar, también desea y anhela, pero quiere ser su autor y no su heredero. El hombre comprende que tan importante como sentirse bien es ser responsable de dicho bienestar. Su responsabilidad es su fortaleza y disfruta de ella. El hombre intuye que no hay mejor parque de atracciones que la realidad.

Cuando tienen una emoción negativa, ambos la sienten y les afecta. Ambos cargan la pesada mochila emocional que desearían no portar. El niño reacciona ante la emoción que le molesta siendo impulsivo y vehemente, quejándose del peso y atacando a quien se la colgó a su espalda. El niño cree que su problema es la mochila y porfía por desembarazarse de ella. No ve más allá. El hombre intuye que la mochila que porta emociones negativas es una parte más de su camino, no la desea pero no la rehúye. Su visión es más sistémica, ve el conjunto de la situación y no sólo sus pies.

Cuando hay que tomar decisiones, el niño se aferra a sus sensaciones y a resultados rápidos. No decide, reacciona rebelándose o dejándose llevar. El hombre se asienta en las acciones que ha de emprender y considera que los resultados serán el reflejo de lo que va haciendo. El niño cree que lo bueno forma parte de su persona y lo malo es algo que le acaece, el hombre sabe que la mayor parte de lo que le pasa son las consecuencias de sus actos. El hombre sabe que la vida no le ocurre, que la vida le responde.

Cuando se relacionan, el niño busca en los demás el reflejo de sí mismo. Los demás son a cada momento lo que el niño precisa. Busca a otros niños para jugar. Desea estar con otras personas por cómo le hacen sentir. Adora el juego, el enamoramiento y la diversión que le aportan otros. El hombre se relaciona con otros hombres y quiere generar compromisos. Es coherente y cumple lo que promete, aunque a veces parezca perder con el trato. Ama más que quiere y fortalece más que debilita cuando se relaciona con los demás. Tan parecidos y tan diferentes, uno es un niño y el otro es un hombre.

Frase: “Ser adulto es estar solo.” · Jean Jacques Rousseau

ESCÚCHALO AQUÍ:

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.