PERSEVERANCIA Y AUTOESTIMA

Decía un escritor que la perseverancia es la virtud por la cual todas las otras virtudes dan su fruto. No hay meta importante que se haya conseguido sin perseverar, no sólo perseverando pero imprescindiblemente perseverando. Ha de haber más ingredientes, más virtudes, más capacidades, por supuesto, pero la capacidad que cataliza a las demás es la perseverancia. ¡Cuántas inteligencias, talentos, aptitudes no florecieron por no ser perseverantes! No escasea la capacidad sino la constancia. Muchas veces la búsqueda de lo fácil y cómodo enmascara falta de autoestima e inmadurez y no es simplemente búsqueda de sencillez.

La perseverancia es la diferencia entre el “Yo quiero” y el “a mí me gustaría”. Es la diferencia entre el deseo real y la apetencia fantaseada. La perseverancia distingue al ganador del perdedor, distingue al conseguidor del aspirante, distingue al hacedor del pretendiente, distingue al amante del enamorado, distingue al creador del crítico, distingue al constructor del soñador, distingue al escritor del lector, distingue al líder del solicitante, distingue al protagonista del seguidor, distingue al resultado de la idea. Se materializa perseverando.

La perseverancia es el fruto de la confianza, nace de ella y se nutre constantemente en la confianza. Ante los imprevistos, los errores, las derrotas, el escepticismo y las decepciones del camino, la perseverancia busca en la confianza el empujón que le haga volver a caminar. Además, la perseverancia, como fuerza impulsora, es confiada por naturaleza. Cree en sí misma y se retroalimenta de su fe. Es la inconstancia la que es desconfiada, la fuerza débil, indecisa y dejada. En la búsqueda de los objetivos que uno se marca, los que realmente desea, la desconfianza debilita.

¿Qué distingue al perseverante del obstinado? Ambos cometen errores, ambos se equivocan. En el acierto no está la diferencia. La diferencia es que el perseverante se equivoca mejor. Aprende de sus errores y corrige el rumbo. El obstinado se empeña en seguir el rumbo inicial sin corregirlo, es inflexible. El perseverante es tenaz, el obstinado es testarudo. El perseverante tiene los ojos bien abiertos, el obstinado es ciego. Se buscan soluciones a las dificultades que puedan surgir, se sabe esperar cuando toca ser paciente y se es disciplinado en el esfuerzo continuo. Más allá del resultado o meta a conseguir, la perseverancia genera un carácter firme, estable y maduro. Una personalidad sana, exitosa y feliz.

Frase: “Si te caes siete veces, levántate ocho.” · Proverbio chino

ESCÚCHALO AQUÍ:

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.