David del Bosque / 19.10.2015

Es habitual confundir orgullo, egoísmo y soberbia con autoestima. Sentirse superior a los demás, más listo, más capaz, más comprometido, con más recursos, con más dominio sobre un mundo que en el fondo tiende a ser incontrolable. El orgullo magnifica los éxitos y los atribuye a las propias fortalezas. Asimismo, el orgullo reniega de los fracasos y los achaca a factores externos a la propia persona como la mala suerte o la ineficacia de otros. Es la soberbia de considerarse único padre de las victorias y víctima cruel de las derrotas. De dicha soberbia surge la arrogancia, la testarudez y el exceso de control. Cuando las derrotas se hacen demasiado numerosas o duran demasiado en el tiempo, cuando una mala racha o un problema no resuelto se tornan en algo crónico, la falta de autoestima queda al descubierto y el orgulloso se queda atrapado en su propia trampa. El orgulloso esconde el problema, intenta amordazarlo, quiere dominarlo, repite constantemente aquellos patrones que le dieron éxito en el pasado porque quien tiene un martillo sólo ve clavos....

Miguel Ángel Paredes / 12.10.2015

Martin Seligman unos de los psicólogos que más ha trabajado en desarrollar la Psicología Positiva, en su libro “La auténtica felicidad”, organiza las emociones en función del tiempo al que hacen referencia, y habla de emociones del pasado, del futuro y del presente. Seligman, en realidad, habla de emociones que sentimos en el presente cuando revisamos el pasado, miramos al futuro o nos centramos en el ahora. Para este autor son emociones positivas del pasado la satisfacción, la gratitud, el perdón o la serenidad. Menciona como emociones positivas del futuro, el optimismo, la confianza o la esperanza. Y entiende que son emociones positivas del momento presente la alegría, el entusiasmo, el éxtasis, el placer y fluir. El placer tiene mucho que ver con la satisfacción inmediata a través de los sentidos. Son experiencias placenteras una ducha caliente en una mañana fría, la mirada atenta y serena de un niño, un masaje relajante, rascarte o estirarte, respirar aire fresco y puro en la montaña, un orgasmo, los primeros sorbos de tu bebida favorita o despertar con una profunda...

Irene Molina / 05.10.2015

Hablemos sobre la sexualidad con nuestros adolescentes. ¿En serio? ¿es preciso? Tendemos a la exclusiva y repetitiva intervención en educación sexual basada en la enseñanza de los métodos de planificación familiar y la salud sexual y reproductiva y si puede ser explicada por otros, en los colegios o institutos, por compañeros de clase, en internet, etc. mucho mejor ya que tener que hablar con mi hijo o con mi hija sobre este tema frecuentemente pone los pelos de punta, nos da una terrible vergüenza, tememos incitarles a mantener relaciones sexuales o tal vez no sabemos ni por dónde empezar a tratar el tema. Quizás, comenzaría por dejar de contar el cuento de la cigüeña y explicar con naturalidad como nos reproducimos los humanos. Si tu hijo o tu hija ya son preadolescentes o adolescentes seguramente ya saben que no venimos volando desde París. La sexualidad se intensifica con la pubertad ocupando un lugar central en el desarrollo del adolescente. Su orientación tiene a la autoestima como uno de sus pilares fundamentales. El nivel de autoestima es crucial para la...

David del Bosque / 28.09.2015

Adolescencia es sinónimo de turbulencias, cambios y conflictos. Seguramente sea la etapa evolutiva más confusa, tormentosa y estresante porque en un tiempo relativamente corto se producen cambios biológicos, psicológicos y sociales fundamentales. El tránsito del niño al adulto se realiza en la globalidad de la persona, en todas las áreas de su vida, entre ellas y de las más importantes, en lo relacionado con el dinero y su utilización. En lo que se denomina la inteligencia financiera y su desarrollo en dicho periodo tan crítico para su éxito como adulto. La primera idea que ha de interiorizar un adolescente sobre el dinero es que es una herramienta que debe manejar de la mejor manera posible a lo largo de su vida. Es frecuente que se centren en la adquisición, manejo y aprendizaje de otras herramientas como smartphones y ordenadores ya que su grupo de iguales y la publicidad les invita a ello. El aprendizaje de la herramienta llamada dinero debería ser igualmente potenciado por padres y educadores. La primera lección en el desarrollo de la inteligencia...

Miguel Ángel Paredes / 21.09.2015

Cuando algo te gusta mucho, te apetece un montón o lo vives casi como una necesidad, puede ser comerte un trozo de chocolate, comprarte algo o estar con una persona concreta. Si no consigues quitártelo de la cabeza y quieres vivir esa experiencia a toda costa, estás sintiendo un fuerte deseo. Eduard Punset en “El alma está en el cerebro” afirma “el deseo nos saca de nosotros mismos, nos desubica, nos dispara y proyecta, nos vuelve excesivos, hace que vivamos en la improvisación, el desorden y el capricho, máximas expresiones de la libertad llevada al paroxismo. El deseo reivindica la vida, el placer, la autorrealización, la libertad”. El deseo nace de las tripas, no del corazón ni por supuesto la cabeza, en todo caso se elabora y se transforma allí más tarde. Por eso va asociado a cierta tensión interna, ansiedad e inquietud, porque se alimenta de la falta, de algo que no tenemos en ese momento, incluso algo que tal vez perdimos hace tanto tiempo que lo hemos olvidado y solo nos queda el vacío que...

Irene Molina / 14.09.2015

Las emociones no son más que sustancias químicas que empapan las células de nuestro cerebro acostumbrándose a recibir esa dosis y pidiendo cada vez un poquito más. Todas las adicciones son emocionales. El enganche se produce a la emoción que esa persona, esa actividad o esa sustancia nos produce. Por ejemplo, podemos usar a personas cercanas, a nuestros hijos adolescentes, para sentir decepción, culpa o rabia de manera continuada produciendo una habituación cerebral a esas emociones convirtiéndonos en adictos a ellas. Sí, estoy diciendo justo lo que parece. No somos víctimas de las malas formas de mi hijo adolescente, de las faltas de respeto continuadas o humillaciones, no reaccionamos de manera irremediable ante tanta dejadez, etc. Somos víctimas de nosotros mismos y en nosotros está la solución. El uso de sustancias tóxicas (alcohol, fármacos, cannabis, tabaco,…) o actividades (comprar, limpiar, hacer deporte, jugar al póker,…) como medio para sentir una emoción a la que somos adictos es bastante más conocido que el uso de personas, pero es tan usado o más que cualquiera de las otras dos...

David del Bosque / 07.09.2015

El mundo actual ha cambiado mucho en pocos años a nivel tecnológico. Los padres de hoy hablaban por teléfono en pocas ocasiones cuando eran jóvenes, a través un terminal fijo situado en una zona concreta de la casa y sólo lo utilizaban para “cosas importantes”. Ahora es habitual que en una casa haya más teléfonos que personas. Lo mismo ocurre con los ordenadores. De los antiguos modelos cuyos programas se cargaban a través de cassettes y disquetes a la moderna tecnología donde el contenido se descarga de no se sabe dónde a través de algo tan inmaterial como es internet. Por esta razón, el primer ejercicio de un padre ante el uso que sus hijos van a hacer de las “maquinitas” es un ejercicio de empatía, de ponerse en su lugar: ¿en qué mundo van a vivir los jóvenes? En una sociedad digitalizada, básicamente para lo bueno y a veces para lo malo. Los jóvenes son nativos digitales, los padres son inmigrantes digitales. Tecnológicamente, ocupan el mismo espacio pero nacieron en culturas diferentes. En este...

Miguel Ángel Paredes / 31.08.2015

Peter Pan es un niño que puede volar. Vive en el país de “Nunca Jamás”, una isla cargada de posibilidades donde tener increíbles aventuras, porque allí hay piratas, hadas, indios y sirenas. Lidera una legión de “niños perdidos” como él, sin adultos que se ocupen de ellos, con quienes comparte fantásticas experiencias, no exentas de riesgos y peligros y carentes muchas veces de sentido común. Peter Pan y sus compañeros de juego, no crecen y siempre serán niños. James Matthew Barrie escribió esta deliciosa novela y se estrenó como una obra de teatro por primera vez en Londres el 27 de diciembre de 1904. Bastantes años después, en 1983, el sociólogo Dan Kiley escribió otra obra que volvía a tener como referente a Peter Pan. Pero en esta ocasión se trataba de un ensayo sobre los muchachos que aun teniendo una edad adulta se niegan a convertirse en hombres y asumir las responsabilidades de esa etapa. Su obra: “El síndrome de Peter Pan. Los hombres que nunca crecieron”, supuso un punto de reflexión sobre lo que...

Irene Molina / 24.08.2015

“¡En cuanto cumpla los 18 me voy de casa!”, “no es culpa mía”, “ahora lo hago”, “nunca me entiendes”, “ese profesor me tiene manía”, “no me escuchas”, “¡no pienso quedarme en casa esta noche!”, por nombrar algunas de las frases más suaves que oímos con frecuencia en casa de familias con un adolescente. Pero pongámonos en su lugar ¿Cómo reaccionaríamos nosotros a algunos de los métodos más comunes que usamos para que los adolescentes hagan lo que nosotros queremos que hagan? “No haces nada más que comer y dormir”, “si te pilló alguna vez fumando…”, “no seas ridícula, vas a ir a la universidad sí o sí”, “¿quieres romper el corazón a tus abuelos?”. Esos métodos suelen ser culpar, acusar o atacar, amenazar, insultar, dar órdenes, castigar, martirizar, sermonear o moralizar, advertir, usar comparaciones, el sarcasmo o las profecías. Esos métodos dañan la autoestima, crean enojo y resistencia por parte de los adolescentes siendo finalmente inefectivos o alcanzando el objetivo de que hagan lo que dices con un gran coste emocional para ambos y, hasta la...

David del Bosque / 17.08.2015

Es fácil para los padres confundir en sus hijos adolescentes problemáticos las causas con las consecuencias. Considerar que su hijo adolescente es agresivo, mentiroso, vago o insatisfecho y que esa es la causa de los problemas dentro de la familia. Los padres luchan contra esas causas, se desesperan y se alejan de sus hijos adolescentes porque realmente no son causas en sí mismas, son consecuencias de la baja autoestima endémica de la adolescencia. Un adolescente con baja autoestima es un sufridor de sí mismo, por mucho que parezca que son los padres quienes peor lo pasan. Los adolescentes son expertos en ganar batallas y perder guerras. Parece que se salen con la suya, que los padres ceden constantemente sin conseguir nada a cambio, cuando en realidad muchas veces los hijos no saben lo que quieren o no se atreven a luchar por ello. Un adolescente con baja autoestima es conformista, mucho ruido y pocas nueces, cambia todo para no cambiar nada. Un adolescente con baja autoestima es experto en deambular por su espacio de comodidad, montando...