Blog de Parentepsis

Dicen que del amor al odio hay un paso. Pues, por ende, hay el mismo camino de vuelta. Tiendes a odiar, a sentirte furioso, a enrabiarte, … ¿qué te lleva a sentir esas emociones? Hay quién diría que la gente que es insoportable, los ciclistas del arcén impidiéndote avanzar con rapidez, la de recepción que es realmente una mujer profundamente estúpida, … Y cuando piensas así ante esas situaciones ¿Qué haces? ¿Pitas poseído? ¿Haces un adelantamiento imprudente? ¿Le pones tu mejor cara de desaprobación? Si descalificas, maldices, criticas, … si piensas con agresividad, generarás rabia, furia, odio, en definitiva, malestar dentro de ti. ¿Sabes que 1 pensamiento negativo, tan solo uno, tarda horas en desaparecer de tu sangre?. Las emociones son sustancias químicas y la rabia es un veneno para ti, para tu organismo. No te hagas mala sangre, literalmente. ¿Que te hace pensar y sentirte así? comportarte de manera agresiva. Golpear, sacudir, poner malas caras, emplear un tono de voz ofensivo, etc. con las consecuencias que eso tiene en tu vida social, laboral, familiar, de pareja, … ¿Qué hago...

En el acoso verbal el agresor empuña el arma de la palabra. El acosador intimida, se burla, amenaza, extorsiona e insulta. Son típicos los apodos, los motes despectivos que surgen de una característica física, de un apellido peculiar o de un suceso en la escuela que la clase aprovecha para “bautizar” al acosado. Puede resultar “divertido” para el acosador y su séquito Las risas provocan entretenimiento y restan gravedad a la agresión. “No le hemos tocado” se defiende el acosador cuando se le reprende por sus actos. De repente un día, y sin venir a cuento, el niño pregunta a su padre si él es tonto. O si son pobres y porque no le compran una bici mejor o un móvil más caro. O le pregunta por el significado de palabras despectivas que son propias del mundo de los adultos. La palabra también es un arma agresiva en el ciberbullying, con mensajes de texto, correos electrónicos y plataformas como Facebook donde se da rienda suelta a rumores, amenazas y comentarios despectivos que todo el mundo...

La autoestima es la relación que tú mantienes contigo. Es exactamente igual que cualquier otro tipo de relación. Cuando te llevas bien con otra persona, tienes ganas de estar con ella, todo parece funcionar, hay momentos divertidos, momentos para el apoyo y la ayuda o momentos para conocerse, aceptarse, confiar y quererse. Cuando te llevas mal con alguien lo primero que sucede es que no te apetece nada estar con esa persona. Eso pasa contigo cuando tu autoestima es baja. No quieres ni verte. Sin embargo la autoestima tiene una peculiaridad que la hace distinta a cualquier otro tipo de relación. No puedes separarte de ti. Por eso cuando tu autoestima es baja, tu vida no termina de gustarte. Hay personas que confunden la autoestima con el narcisismo apabullante, la necesidad de protagonismo, el egoísmo recalcitrante o con el infantilismo de darse caprichos. Nada de eso es autoestima. En realidad todos esos comportamientos son el resultado de tratar de ocultarse a sí mismo la triste realidad. Que uno no se soporta. Y por mucho que se empuje a...

¿Has oído hablar alguna vez del efecto placebo? El efecto placebo es un conjunto de efectos sobre la salud que se producen por la administración de un placebo, que es una sustancia que carece de acción curativa pero que consigue un efecto terapéutico en la persona que se lo toma convencido de que es realmente eficaz. No es magia. Nuestro cuerpo tiene una inteligencia innata que nos permite proporcionarnos toda una serie de componentes químicos con propiedades medicinales naturales (analgésicos, antidepresivos, etc.) y esa farmacia se activa con la mente, con el pensamiento. Experimentos como los realizados en la década de 1950 en los que se realizaba, a uno de los dos grupos de enfermos con problemas cardíacos, una operación real de ligadura de las arterias mamarias que consistía en exponer las arterias dañadas y ligarlas, mientras que a los otros, pacientes del grupo placebo, no se les realizaba ningún procedimiento quirúrgico aunque sí una cirugía falsa (un corte en el pecho y nada más), demostró que el 83 % de los que habían sido sometidos a esa...

El fundamento de la psicología positiva es la búsqueda del bienestar en las personas, que es distinto del objetivo de sentirse siempre bien. En la psicología positiva hay aceptación de emociones negativas, por ejemplo, cuando forman parte de nuestro camino para conseguir un objetivo a largo plazo. La psicología positiva nos enseña que no hay emociones buenas o malas, todas cumplen una función para nuestro bienestar. Las emociones que consideramos perjudiciales para nuestra felicidad, como la tristeza, el miedo o el enfado, nos ayudan a auto-regularnos y a comunicarnos con nosotros mismos y con los demás. La psicología positiva no anhela una felicidad “a granel”, no ansía una felicidad “idiota”, no espera evangelizar a masas incautas e ilusas, no ambiciona “la tiranía de la felicidad”. En cambio, tiene muy en cuenta las circunstancias, contexto, capacidades, experiencias y habilidades de cada persona para que tengan una mejor vida. La psicología positiva se apoya en las fortalezas de cada uno de nosotros para que obtengamos nuestro máximo de bienestar. Las cinco claves de la psicología positiva para lograr un...

Las relaciones sanas comienzan con la propia felicidad. De ahí la importancia de arrancar con una autoestima fuerte. Porque no podemos ser felices con nadie si antes no somos felices siendo nosotros con nosotros. Tampoco podemos hacer felices a otras personas si ellas no quieren serlo. La felicidad es únicamente una elección y solo cada persona es capaz de poner en marcha la suya propia. Lo más que podemos hacer cuando nos relacionamos con otras personas es facilitar al máximo las cosas sin llegar a perdernos y compartir la propia felicidad. Lo cual ya es mucho. Según Patrick Lencioni, experto en relaciones interpersonales y gestión de equipos, todas las relaciones para que funcionen deben subir una serie de escalones hasta llegar a lo más alto y no hay atajos ni posibilidad de dar saltos. Confianza: La clave para que cualquier tipo de relación tenga posibilidades de funcionar está en crear una base sólida de confianza. Jamás habrá relaciones auténticas, ni llegaremos a crear algo juntos si desconfiamos de la persona o las personas con la que...

Podría parecer sencillo y en realidad lo es, pero ¡hay que ver cuánto nos cuesta hacerlo! Ser amable significa no aprovechar una situación, experiencia, comentario, circunstancia, error … para abrir una lucha contigo mismo o con los demás (¿para qué? Créeme, siempre vas a perder) o dicho en positivo, aprovecharla para darte amor. Eso de no hacer leña del árbol caído… Cuando más dolidos estamos, cuanto mayor ha sido nuestra equivocación o peor nos sentimos es cuando más amables necesitamos ser con nosotros mismos. Abrir el corazón, ser bondadosos y compasivos es clave para no dañar tu autoestima. No te des tanta caña ni te destruyas. No te lo mereces. Sé amable. Ser amable contigo te permitirá serlo con los demás de una manera sincera y natural. Hay quién jamás hablaría a nadie como es capaz de hablase a sí mismo. En ese caso mide con el mismo rasero cuando se trate de ti. Ser amable es quererte bien y eso es crecer en autoestima. Y por otro lado, no olvides nunca la primera ley de la autoestima. Allí donde ponemos la...

No saber perder es montar en cólera cuando pierdes, con reacciones de frustración exageradas. No saber perder es aceptar cualquier medio para el fin de ganar, renunciando a valores como la honestidad, la humildad y la integridad. No saber perder es culpabilizarte demasiado por haber cometido un error y no ser compasivo para perdonarte por tu equivocación y seguir adelante. No saber perder es no arriesgarte por miedo a fracasar, no tomar riesgos por pánico a que las cosas salgan mal. No saber perder es no aceptar que otro pueda ser mejor que tú, estar más preparado que tú o simplemente pueda haber tenido más suerte que tú. No saber perder es sentirte humillado por la derrota, avergonzado y con ganas de desaparecer. No saber perder también es humillar a otros cuando tú ganas y reírte de ellos. Se aprende a perder desde pequeños, con el juego como experiencia para aprender a frustrarse, como primer contacto con la competición y a través de la socialización con otros niños. Jugando, aprendemos a frustrarnos, a desarrollar nuestra disciplina...

El síndrome del impostor se da en personas con una consolidada carrera de éxito que no terminan de relacionar sus logros con sus capacidades y sus talentos. Puede aparecer en la infancia y la adolescencia, explicando sus calificaciones académicas cómo una cuestión de buena suerte. Más tarde, cómo adultos, trasladan la misma forma de pensar, sentir y actuar, a su ejercicio profesional. Y piensan que están sobrevalorados y que algún día alguien descubrirá que no valen gran cosas. Precisamente, lo que más teme la persona que padece este síndrome, es que salga a la luz su imaginada incompetencia. Y en su lucha por evitar esta situación, hacen esfuerzos considerables y tienden a la sobrededicación, lo que les acarrea unos niveles de estrés elevados por la presión a la que ellos mismos se someten, perdidas en la calidad de vida personal y familiar, ansiedad e importantes tendencias a la somatización. No hay que confundir esta situación con la “falsa modestia. Estas personas se sienten verdaderamente incómodas cuando reciben reconocimiento y valoración de otros por los resultados que ellos...