Blog de Parentepsis

Tu realidad personal está ordenada en función de la escala de prioridades que hayas construido. La experiencia que vives es el resultado de ir infiltrando y clasificando cada una de tus decisiones y conductas según tus prioridades personales. ¿Te has parado a pensar con detenimiento cuáles son tus verdaderas prioridades? Pensamos que sabemos muy bien qué es lo más importante para nosotros, pero muchas veces hay contradicciones entre lo que decimos y el tiempo, el dinero y la energía que le dedicamos a eso “tan importante”. Por ejemplo, puede que pienses que lo más importante para ti es tu pareja o tu salud. Y sin embargo es posible que le dediques más tiempo a internet o al trabajo. O tal vez gastas más en el vestuario o en el coche. En realidad rara vez somos conscientes de cual es nuestra verdadera escala de prioridades. Te animó a que te preguntes por las cinco prioridades de tu vida. Y reflexiones sobre los resultado. ¿Qué es lo primero? ¿Es de verdad lo más importante para ti? ¿Es a lo que...

¿Nunca os habéis levantado con la sensación de saber que el día que acaba de comenzar no va a ser un buen día?. Quizás este amanecer oscuro se deba a que durante un corto, medio o largo periodo de tiempo, hayamos acumulado tal cantidad de sensaciones, sentimientos u emociones de índole negativa que nuestra psique se vea obligada a gestionar dicho colapso a través de una ira desbordante asomando a cada instante ante cualquier oportunidad que se le presente. Supongo que la inmensa mayoría de nosotros, ante tal cruel perspectiva de día intentará activar aquellas llamadas respuestas salvavidas: “quédate en casa y no te muevas de la cama”. Cierto es que todas las opciones deben ser valoradas, sin embargo, el escondernos, mirar hacia otro lado o respondiendo negativamente ante las situaciones que se nos presentan ¿son las soluciones que debemos alentar?. Bien sabemos que no; por lo tanto ¿Cómo podemos amortiguar el impacto negativo de las cosas? Quizás lo realmente importante es aprender a tener en nuestro día a día un pequeño “Kit de rescate emocional” para así poder...

El odio, ¡qué emoción más corrosiva! El odio se ha definido como una emoción negativa, profunda e intensa, causada por la creencia o prejuicio de que el otro, el odiado, es un ser detestable y malvado. Se asocia con emociones como el desprecio, el asco o la rabia. El odio puede manifestarse en grados y formas muy diversas. La ignorancia, la mentira, la difamación o el prejuicio, entendido como una opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal (influido por historias, mitos, estereotipos, expectativas, miedos…), puede provocar en ti un determinado patrón de tensión muscular, elevarte el pulso, un sentimiento de estar desbordado por la situación, una fijación por lo odiado y deseos de venganza. Que se me queme la comida, que se acabe la tinta de la impresora a mitad de una impresión urgente, la soberbia de mi amigo, la forma de hablar de mi jefe, el sistema de organización de mi hijo, que coman con la boca abierta, cómo aparca mi vecina, … ¡me pone de los nervios y me...

No hay mejor señal de la propia autoestima que el sentirte valioso, digno y con el derecho a ser feliz. También el sentirte eficaz, capacitado y con poder para conseguir lo que quieres. Decía Ashley Montagu que el fracaso personal más profundo que podemos padecer las personas es que haya una gran diferencia entre lo que somos capaces de llegar a ser y lo que hemos terminado siendo. Esa diferencia entre quien eres y quien puedes llegar a ser es el mayor autosabotaje que te puedes hacer a ti mismo. No hay mayor perjuicio y pérdida que la que te autoinflinges por no creer en ti, por no sentirte merecedor de la mejor versión de ti mismo. El autosabotaje, el boicot a tu propia valía suele iniciarse con la creencia de que en el fondo no vales nada y que vas a ser incapaz de cuidar de ti mismo. Es una creencia que te lleva a pedir permiso por cada paso que des y a pedir perdón por cada error que cometas. Te hace vivir con...

La autoestima es la relación que mantienes contigo. Es una relación permanente e irrenunciable, porque no puedes “divorciarte” de ti. Puede que sea una relación consciente o inconsciente, pero continuamente te estás hablando, comentando y opinando sobre todo lo que te sucede y vives, mientras das valor emocional positivo o negativo a cada experiencia. Lo que generalmente se entiende por autoestima, es una relación intrapersonal buena y sana. La persona se habla a sí misma en un tono amable y compresivo, presta atención a los logros y lo momentos de bienestar, está de buen humor, valora positivamente cada experiencia, no pierde el tiempo en quejas, culpas o críticas y está centrada en el presente y el ahora. Dyer, en el último capítulo del clásico “Tus zonas erróneas” , describe de forma detallada el perfil de una persona libre de zonas erróneas, o lo que es lo mismo, con una autoestima sana. El resultado emocional de una buena autoestima es siempre una felicidad incuestionable, o lo que es lo mismo, emociones de alegría y serenidad. La autoestima tiene mucho...

¿Cuántas veces hemos deseado que aquello que nos pesa, nos incomoda o nos abruma desaparezca en tan solo unos segundos?. ¿Cuántas veces hemos deseado que aquello que tanto anhelamos en nuestra vida llegara lo antes posible? ¿Cuánto tiempo hemos perdido generando pensamientos ineficaces para solucionar las necesidades con inmediatez o desmesura? Allan Watts, filósofo estadounidense escribió lo siguiente: “Una persona que piensa todo el tiempo, no tiene más en qué pensar que en los pensamientos mismos, de esta manera pierde el contacto con la realidad y está destinado a vivir en un mundo de ilusión y sufrimiento”. Con mucho acierto, el Sr. Watts, supo identificar una de las tendencias más destructivas de la raza humana: El malgasto de una gran cantidad de tiempo y energía mental en intentar resolver cosas que posiblemente nunca sucederán. Esta predisposición de pensamiento humano, no hace más que generar estados emocionales negativos que, a la larga, nos alejan de nuestras metas y nos hacen sentir insuficientes, insignificantes e insensibles ante la posibilidad de poder disfrutar de la vida; esa que existe precisamente fuera de...

Hay que ver cómo nos complicamos la vida. Mantenemos relaciones tóxicas, amistades improductivas, casas enormes atestadas de trastos que ni sabemos que tenemos, complicados vestuarios que guardamos para cuando lleve una improbable ocasión, horarios y planificaciones temporales saturadísimas que nos hacen vivir como pollos sin cabeza, etc. Hay que ver cómo nos complicamos la vida con lo sencillo que es vivir. Quitar todo lo superfluo, dejar de materializar nuestro bienestar con compras y compras que atiborran nuestras casas y nuestros armarios y nos complican la vida, aprender a disfrutar de las pequeñas cosas que siempre son sencillas y gratuitas como una puesta de sol, dejar de realizar tareas sucesivas que nos obligamos a hacer como máquinas de las que no obtenemos ningún placer más que la breve satisfacción, o la reducción de la ansiedad, por poder poner un visto en tu lista de pendientes para, inmediatamente después, meter 6 cosas más para el día siguiente, haga solamente una cosa a la vez, haz las cosas más despacio, … Vivir es muy sencillo. Priorízate, valórate, vive el presente, aprende...

La traición es destructiva, arrasa y desola la relación que ha costado mucho tiempo y energía desarrollar. Ser traicionado duele, lo sabe quien lo ha vivido. Genera una conmoción, un golpe emocional que destruye la confianza en uno mismo y en los demás. Es una de las situaciones de la vida más difíciles de superar, habiendo personas que se quedan paralizadas tras una traición y no pueden pasar página. Te puede traicionar una pareja, un amigo, un socio de trabajo o un familiar. Te pueden traicionar en el amor, en los negocios o en la amistad. El dolor de la traición es mayor cuanto mayor fuese tu confianza, amor y esperanza depositada en el traidor. La primera reacción suele ser sentir ira y rabia de forma intensa, con ganas de vengarse, de hacer pagar la afrenta dejándose llevar por el rencor y el odio. Dejarse llevar por estos sentimientos es perder dos veces. Una por la propia traición y otra por la respuesta rabiosa y vengativa. No sólo te daña el odio hacia el traidor, también...

La vergüenza es una de las emociones más invalidantes y apunta directamente a la línea de flotación de tu autoestima. Aquellas situaciones en las que sientes vergüenza te limitan para hacer lo que deseas, envenenan tu felicidad y te hacen sentir despreciable porque te impiden ser tú. El deseo más profundo cuando tienes vergüenza siempre es desaparecer, diluirte o hacerte invisible. Si la autoestima es la relación que tú mantienes contigo. La vergüenza destruye esa relación, porque a diferencia de la culpa que se activa frente a algo que has hecho, la vergüenza ataca tu propia identidad, hace que te sientas mal, no solo por lo que haces, sino por lo que tú eres. Sientes culpa, por haber tratado mal a otra persona, haber robado o no haber ayudado a quien te necesitaba. Todas son conductas por acción u omisión. En todas las situaciones donde la culpa aparece se juzga tu comportamiento, pero tu yo queda a salvo. La vergüenza es mucho más letal porque no la sientes por tu comportamiento, la sufres por ser quien...

Cuantas veces habremos oído en boca de amigos, familiares, parejas, compañeros de trabajo o incluso por nosotros mismos “ yo soy así y ya no voy a cambiar”. Una frase comodín, recurrente, utilizada intencionalmente por aquellas personas que normalmente suelen repetir los mismos malos hábitos, las mismas malas costumbres o las mismas malas conductas, creyendo que por arte de magia, esgrimiendo dicha excusa, sus consecuencias naturales quedan subsanadas, obteniendo el perdón del entorno y de sus más allegados. Para poder hacer frente a este cliché os lanzo la siguiente pregunta ¿Sois vosotros los mismos que hace uno, dos o tres años?...