DEJEMOS QUE LAS COSAS PASEN

¿Cuántas veces hemos deseado que aquello que nos pesa, nos incomoda o nos abruma desaparezca en tan solo unos segundos?.

¿Cuántas veces hemos deseado que aquello que tanto anhelamos en nuestra vida llegara lo antes posible?

¿Cuánto tiempo hemos perdido generando pensamientos ineficaces para solucionar las necesidades con inmediatez o desmesura?

Allan Watts, filósofo estadounidense escribió lo siguiente: “Una persona que piensa todo el tiempo, no tiene más en qué pensar que en los pensamientos mismos, de esta manera pierde el contacto con la realidad y está destinado a vivir en un mundo de ilusión y sufrimiento”.

Con mucho acierto, el Sr. Watts, supo identificar una de las tendencias más destructivas de la raza humana: El malgasto de una gran cantidad de tiempo y energía mental en intentar resolver cosas que posiblemente nunca sucederán. Esta predisposición de pensamiento humano, no hace más que generar estados emocionales negativos que, a la larga, nos alejan de nuestras metas y nos hacen sentir insuficientes, insignificantes e insensibles ante la posibilidad de poder disfrutar de la vida; esa que existe precisamente fuera de los límites de nuestra mente.

Sin embargo, y pese a la tendencia “programada” del ser humano, las personas también podemos llegar a experimentar otros modos de sentir y de vivir mucho más sosegados, alejados de las actuaciones apresuradas del ego y de las emociones mal gestionadas. Esta tendencia de pensamiento, se esgrime a través de la cultura del no forzar, un principio basado en disfrutar simplemente del placer de vivir desde la quietud, desde la observación y sobre todo de la aceptación de la espera.

Conviene matizar que no se trata de resignarse, de permanecer inactivos, de esperar indiferentes a que nuestras metas u objetivos se cumplan por arte de mágia, es más bien lo contrario. Si necesitamos ponernos en acción para lograr algo, lo hacemos, pero en esa acción seguimos fluyendo conforme a la tendencia natural de la misma, olvidándonos del hecho de forzar, apresurar o dinamitar violentamente la situación para conseguir ese “algo”; en pocas palabras: se trata de llegar a un estado mental que nos permite discernir cuándo debemos esforzarnos y cuándo es una pérdida de tiempo y energía lo que estamos haciendo para lograr ese “algo”.

 

Entonces ¿Cómo podemos aplicar esta tendencia del no forzar en nuestra vida cotidiana?

  • Aprender a no preocuparse: No se trata de obviar los problemas, sino de entenderlos en su justa medida y tomar las acciones pertinentes. Debemos dejar de perder tiempo entre los laberintos de nuestro pensamiento.
  • Aprender a confiar: Es inútil obsesionarse y sentir aprehensión porque finalmente, de una forma u otra, todo llega. Es importante aprender a confiar en el curso de la vida y en las propias capacidades. Así como la programación del ser humano es preocuparse, también existe la programación para que lleguemos a acostumbrarnos a aquella cosa que nos preocupó o que tanto ansiábamos.
  • Saber esperar y mirar: Estamos en el mundo para afrontar las situaciones tal y como se desarrollan, no como nos gustaría. Por ello es importante desarrollar una sensibilidad diferente para percibir las oportunidades que nos ofrece el contexto y así de tal modo ejecutar los movimientos más sabios y justos para obtener los mejores resultados.

 

Frase: “La observación en calma del universo es la respuesta” · Alan Watts

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RECOMENDACIÓN:

“La sabiduría de la inseguridad” · Alan Watts

Lúcida proposición de revisar todo el pensamiento corriente acerca del estado actual del hombre, recordando siempre que estar en el presente es estar en la cresta de una ola rompiente.

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