Blog de Parentepsis

La frustración es la emoción que sentimos cuando una expectativa no se cumple, cuando lo que deseamos no es lo que obtenemos o simplemente cuando la cosas tardan en llegar o no llegan. Es la reacción que tiene un niño cuando le impedimos hacer algo que quiere o no le damos lo que pide. La frustración nos lleva a actuar de forma impulsiva, generalmente desproporcionada, con una alta tasa de malestar y sin valorar las consecuencias de nuestros actos. Normalmente va asociada a la rabia, pero también ir acompañada de miedo, tristeza o decepción. En cualquier caso emociones con connotaciones negativas. El control de la frustración es lo que se conoce como tolerancia a la frustración. Y desarrollar una buena resistencia a la frustración es algo que lleva tiempo y marca la diferencia entre una afectividad infantil y una adulta. Hay muchos adultos que frente a las contrariedades de la vida tienen reacciones infantiles, auténticas rabietas. De hecho muchos de los problemas que surgen durante la adolescencia y posteriormente guardan relación con las dificultades para manejar...

Todos y cada uno de nosotros tenemos un hermoso regalo que nos viene dado desde nuestra más temprana infancia: las emociones. Desde que nacemos disponemos de este termómetro emocional, una brújula que nos indica que dirección tomar para entender nuestra realidad, nuestro aquí, nuestro ahora, ayudándonos de manera natural a reconciliarnos con nuestro verdadero propósito: Ser felices. El problema surge cuando ser felices resulta ser nuestro problema. Por contradictorio que parezca, el cerebro humano está programado para interpretar con mayor claridad y eficacia la negatividad de las cosas más que la positividad de las mismas, y es que en un entorno natural, como por ejemplo la sabana, el modo de codificar la negatividad sería interpretándola como una amenaza. Debemos tener en cuenta en este punto, que nuestro cerebro evolucionó para ser altamente sensible a la información negativa por el simple hecho de sobrevivir a través de la lucha o la huida, por ello la información positiva pierde relevancia a la hora de interpretar nuestra realidad y por lo tanto nuestra felicidad. En resumidas cuentas, por...

Desde el análisis transaccional, modelo que nos ayuda a entender la formación de nuestra autoestima, se habla de que existen 4 posiciones básicas con las que podemos afrontar las relaciones con los otros. La primera posición se denomina todos ganan o posición de cooperación. Se trata de la única forma de relación sana y constructiva. Se basa en una comunicación asertiva y amorosa, entendida desde la igualdad, en la que el beneficio de ambas partes es el objetivo prioritario de la interacción y en la que se negocia para alcanzar el bienestar de todas las partes implicadas. Da igual si se trata de tu empleado, tu hijo, tu inquilino, … esta posición siempre es posible. Un ejemplo de esta relación sería un matrimonio con hijos que decide romper como pareja pero trabaja para mantener una buena relación y siguen considerándose una familia por el bien de todos sus miembros. Relacionarte desde la competitividad conlleva una postura definida como yo bien, tu mal, en la que crees necesario para alcanzar el éxito, el bienestar, el reconocimiento, … dejar...

Más allá del lenguaje como herramienta de comunicación, de utilizar palabras como códigos que nosotros entendemos y otros entienden, hay una teoría lingüística que afirma que el lenguaje determina nuestra manera de organizar, pensar y percibir el mundo. El lenguaje como moldeador de nuestro pensamiento, como cincel que esculpe nuestra realidad. El lenguaje, entonces, es un regalo en forma de llave para abrir nuevos mundos y nuevas oportunidades. Cuantas más llaves, cuantos más lenguajes dominemos, más poder tendremos. Decía Emerson que nadie debería viajar hasta que no haya aprendido el idioma del país que visita porque de lo contrario se convierte voluntariamente en un bebé, indefenso y ridículo. Se refiere a la riqueza cultural, social y personal que genera aprender otros lenguajes. Posiblemente ya no sólo idiomas sino también dentro de nuestro mismo idioma el “lenguaje de la calle”, el lenguaje de los adolescentes, el lenguaje de la música, el lenguaje de la abundancia, el lenguaje de la felicidad o el lenguaje de posiciones políticas diferentes. El poder del lenguaje como refleja esta teoría requiere que abramos...

La autorregulación es la segunda competencia de la inteligencia emocional. Significa la capacidad de controlar las propias emociones evitando que lo emocional se desborde y contamine otras áreas de la persona. Se trata de impedir que lo que estás pensando llegue filtrado por lo que estás sintiendo. De evitar que los afectos se mezclen con el razonamiento, para que no se produzca una distorsión en el análisis y la observación. Impedir que la atención sea secuestrada por las emociones y solo te fijes en determinadas cosas, produciéndose una pérdida inevitable de objetividad. Este tipo de cosas suceden cuando tienes miedo y cualquier bulto en la penumbra se convierte en una amenaza, o cuando sientes rabia y cualquier comentario te pone a la defensiva, o cuando estás muy alegre y todo te parece bien. Cuando la interferencia emocional es muy fuerte, puedes perder el contacto con la realidad, percibir las cosas de una manera alterada y razonar sin coherencia. El otro aspecto importante del autocontrol emocional es que te ayuda a regular la conducta. Las emociones funcionan como...

Nuestra cultura occidental ha acrecentado la necesidad imperiosa del “ser especiales y estar siempre por encima de la media”, calando y ahogando a la sociedad en un bucle de necesidad de aprobación y comparación compulsiva. Esta compulsivadad exagerada en búsqueda de aprobación externa, de alguien o algo, nos ha condenado a la pérdida de paz, libertad, felicidad y desarrollo personal. Es necesario comprender que nuestro autoconcepto "La imagen que tenemos de nosotros mismos" está marcado por las diferentes interacciones que devienen entre la sociedad y la existencia de nuestra pluralidad de roles, máscaras o identidades adjudicadas, las cuales nos ayudan en nuestro día a día como vehículo que nos permite ir de aquí a allá capeando el temporal con sus consiguientes pesos y sobrecargas. Quizás os suene este rezo, muy presente en estos nuevos tiempos: sé el más listo, el más espiritual, el que esté en mejor forma, el que más dinero genere, el que más logros y éxitos acumule; sé, sé y sé, nadie más allá de yo, mí, mío y es que es justo aquí,...

¿Vives o estás vivo? ¿Qué entiendes tú por vivir? A las personas que viven se les nota rápidamente. Lo primero que desprenden es una gran felicidad y serenidad. En realidad, en occidente hay un pequeño porcentaje de personas que tienen una alta autoestima. Entre un 5 y un 10%. ¿Te sorprende? ¿Crees que eres uno de ellos? Sigamos con las características a ver si te reconoces en ellas. Las personas que viven, disfrutan de todo. Lo viven todo, un trayecto en autobús, la limpieza de la cocina, una reunión larga, … Disponen, por entrenamiento, de una capacidad excepcional llamada proactividad emocional, que les permite elegir como quieren sentirse al margen de la experiencia. No es magia, tú también puedes hacerlo. Como digo, se entrena. Quieren vivir y lo van a hacer a toda costa. Sea lo que sea. Eligen vivir. Viven en el momento presente. El aquí y el ahora. No te pierdas en anhelos, remordimientos, culpas, preocupaciones, expectativas, … siente el fresquito del aire acondicionado, huele el perfume único de tu bebé, siente la suavidad de la prenda que llevas...

Tener talento es tener pasión por la acción y los cambios y sentirse cómodo en ellos. Tener un alto nivel de confianza en uno mismo, apostar por sí mismo. Tener ganas de crecer sin estancarse en ningún sitio por muy “seguro” que parezca. Disfrutar de los retos, de la sensación de superarse en cada proyecto. No aceptar dirección mediocre y sí liderazgo que le motive y le provoque. Tener talento es aunar capacidad, compromiso y acción. Hay muchos tipos de talento, no sólo uno. Hay talento para vender, talento para dirigir, talento para actuar o talento para idear. Todos los tipos de talento tienen algo en común: alcanzan resultados superiores al resto. El talento sobresale dentro de un sistema… si el sistema se lo permite. El sistema puede ser una familia, una escuela, una universidad, una empresa, una asociació o un equipo deportivo. El sistema ha de motivar el talento si lo quiere aprovechar, porque si no lo perderá. Y eso es una tragedia. Las personas con talento bien utilizado suelen ser personas con gran inteligencia...

El autoconocimiento es la primera competencia de la Inteligencia Emocional. Y por lo tanto la que abre la puerta al resto de las competencia emocionales. Es decir, sin autoconocimiento es imposible desarrollar cualquiera de las demás competencias. Por lo tanto no tendrás capacidad real de autocontrol, te dejarás llevar por tus impulsos y deseos y la motivación será algo ajeno a ti. En tus relaciones sociales tu empatía será pobre, mezclaras lo que tú sientes con lo que crees que sienten los demás y tus habilidades sociales serán insuficientes y posiblemente inadecuadas. Todos creemos que nadie nos conoce mejor que nosotros mismos. Y solo es una verdad a medias. Hay muchas cosas propias e íntimas que nadie conoce como tú, hay otros muchos aspectos que tú desconoces de ti. Un ejercicio muy interesante para tomar conciencia de los diferentes aspectos del autoconocimiento es trabajar con “La ventana de Johari”. Según este modelo la información sobre uno mismo puede ser de cuatro tipos:   Hay una parte pública. Donde reside todo aquello yo sé de mí y que los...

Desde la Piscología entendemos la procrastinación como un sentimiento de ansiedad generado ante la presión inconsciente que sentimos antes de empezar o concluir una tarea. Adquirir el mal hábito de postergar, nos lleva a sustituir quehaceres más significativos por otros irrelevantes; y nos excusamos con argumentos del tipo: “Empezaré luego” , “Mañana es mejor momento”, “Ahora no me va bien”, “Justamente me hace falta esto para poder empezar”. Todo esto nos aleja de poder ir cerrando las tareas importantes. Para poder trabajar la procrastinación primero debemos ser capaces de entender que detrás de esta conducta nos encontramos con el miedo. Miedo al fracaso, a equivocarnos, a la responsabilidad, a la frustración, al miedo de uno mismo, a la propia valía y a la propia incapacidad de poder desarrollar correctamente una tarea. El miedo, junto al hábito de procrastinar, nos induce a multitud de consecuencias que se tejen sutilmente a nivel psicológico y fisiológico: baja autoestima, inseguridad crónica, sentimientos de incapacidad, alta frustración, trastornos del sueño, somatizaciones cutáneas, problemas gástricos o el posible desarrollo de un trastorno...