TERMÓMETRO EMOCIONAL

Todos y cada uno de nosotros tenemos un hermoso regalo que nos viene dado desde nuestra más temprana infancia: las emociones. Desde que nacemos disponemos de este termómetro emocional, una brújula que nos indica que dirección tomar para entender nuestra realidad, nuestro aquí, nuestro ahora, ayudándonos de manera natural a reconciliarnos con nuestro verdadero propósito: Ser felices. El problema surge cuando ser felices resulta ser nuestro problema.

Por contradictorio que parezca, el cerebro humano está programado para interpretar con mayor claridad y eficacia la negatividad de las cosas más que la positividad de las mismas, y es que en un entorno natural, como por ejemplo la sabana, el modo de codificar la negatividad sería interpretándola como una amenaza. Debemos tener en cuenta en este punto, que nuestro cerebro evolucionó para ser altamente sensible a la información negativa por el simple hecho de sobrevivir a través de la lucha o la huida, por ello la información positiva pierde relevancia a la hora de interpretar nuestra realidad y por lo tanto nuestra felicidad. En resumidas cuentas, por tendencia evolutiva, tendemos a ser más negativos que positivos y por ende, nuestra felicidad se convierte en nuestro propio sino. Un ejemplo claro de todo esto, es el modo en el analizamos nuestra realidad en términos de presente, pasado y futuro. Tendemos a focalizar nuestra atención en el lado negativo de las cosas, quejándonos de nuestros compañeros, de nuestro trabajo, de nuestro jefe o incluso de nosotros mismos, entrando en una vorágine rumiante de pensamientos recurrentes e intrusivos que nos arrastras a la depresión o la ansiedad.

Por lo tanto, para saber cómo gestionar y relacionarnos con dichos pensamientos y emociones negativas tan solo debemos analizar cómo nos sentimos en cada momento. Las emociones tienen la virtud de expresarse a través de nuestro cuerpo. La rabia por ejemplo, se expresa a través de nuestras mandíbulas o nuestro estómago, así como la alegría tiene su fuente de expresión en la sonrisa que se dibuja en nuestra cara y en la expansión de nuestro pecho. Todos y cada uno de nosotros experimentamos estas sensaciones físicas, por ello responder a la pregunta ¿cómo me siento en este mismo momento? puede otorgarnos respuestas altamente efectivas que habitualmente pasamos por alto. Imaginemos por un segundo que durante nuestra jornada laboral tomamos un minuto de conciencia para saber hacia dónde se encaminan nuestros pensamientos y nuestras emociones: si respondemos positivamente, interpretando nuestra sensación de bienestar como algo positivo, es que estamos experimentando y haciendo algo que nos trasmite un sentimiento de paz y tranquilidad, al contrario sucede si respondo inversamente a la pregunta; si me siento mal, estresado, nervioso o fatigado, debo tomar conciencia del cambio necesario para poder redirigir mi estado.

 

¿Cómo conseguimos re-orientar esta toma de conciencia para sentirnos bien?

  • Entender una premisa básica: Sentirnos bien es de vital importancia y aunque esto parezca sencillo, requiere tiempo.
  • Si percibimos que algo no va bien, debemos cerrar por unos segundos nuestros ojos e identificar cual es nuestra emoción dominante.
  • Una vez identificada, llevar nuestra atención al plano físico y prestarle la atención necesaria, por ejemplo llevando nuestras manos al lugar donde se materializa físicamente nuestra emoción.
  • Repetir para nuestros adentros algún mantra que nos calme:
    1. Yo puedo
    2. Yo me quiero
    3. Yo me libero
    4. Es tan solo un momento de sufrimiento
    5. El sufrimiento es parte de la vida
  • Apartar nuestra atención de nuestros pensamientos e ignorar la información que nos trasmiten nuestros sentidos, abrazando simplemente la plenitud de nuestra respiración.
  • Comprometernos ante una mejora gradual, paulatina que no nos cueste esfuerzo. Eso podemos conseguirlo; estar un poco mejor cada día.

Siendo capaces de reparar en estos seis puntos diariamente seremos capaces de reparar nuestro presente, dar tregua a nuestra mente y mejorar paulatinamente hacia la compresión de lo que significa el sentirnos tranquilos, felices y en paz.

Frase: “Si prestaramos más atención a como nos sentimos en cada momento, podríamos alcanzar la clave para lograr una vida más plena, tranquila y en paz” · Raimon Samsó

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RECOMENDACIÓN:

“Brújula para navegantes emocionales” · Elsa Punset

Desde su aparición en la última década del siglo XX la inteligencia emocional ha sido objeto de gran interés por parte de la comunidad científica y del público en general. Se ha comprobado que aquellas personas capaces de desarrollar habilidades emocionales fuertes disfrutan de una vida plena y poseen las herramientas necesarias para obtener de sí mismas la máxima productividad; por el contrario, aquellas que son incapaces de ordenar sus propios sentimientos están en continua lucha interior, víctimas de sus propias emociones

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