EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR Y AUTOESTIMA

El síndrome del impostor se da en personas con una consolidada carrera de éxito que no terminan de relacionar sus logros con sus capacidades y sus talentos. Puede aparecer en la infancia y la adolescencia, explicando sus calificaciones académicas cómo una cuestión de buena suerte. Más tarde, cómo adultos, trasladan la misma forma de pensar, sentir y actuar, a su ejercicio profesional. Y piensan que están sobrevalorados y que algún día alguien descubrirá que no valen gran cosas.

Precisamente, lo que más teme la persona que padece este síndrome, es que salga a la luz su imaginada incompetencia. Y en su lucha por evitar esta situación, hacen esfuerzos considerables y tienden a la sobrededicación, lo que les acarrea unos niveles de estrés elevados por la presión a la que ellos mismos se someten, perdidas en la calidad de vida personal y familiar, ansiedad e importantes tendencias a la somatización.

No hay que confundir esta situación con la “falsa modestia. Estas personas se sienten verdaderamente incómodas cuando reciben reconocimiento y valoración de otros por los resultados que ellos mismos han conseguido. Realmente se sienten mal porque son incapaces de internalizar sus éxitos. Y aunque son personas inteligentes, con buena formación y demostrada capacidad, dudan de sí mismas, sienten inseguridad y vergüenza.

Para ellos, el reconocimiento de su éxito les convierte en impostores de un fraude, del que no comprenden como han entrado y del que sienten terror que alguien pueda desmontar. Por esto pueden perder oportunidades y no asumir riesgos en sus trabajos por pensar que no darán la talla. Incluso pueden llegar a sabotearse.

Esto no solo tiene porque ocurrir en el ámbito profesional, también se da en el afectivo, y en este caso, las personas no comprenden porque razón son queridas, amadas o deseadas, temiendo ser abandonadas en algún momento. Por eso evitan el compromiso o se implican de una manera superficial, dado por hecho que algún día, cuando su pareja las conozca realmente, se marchará.

De nada sirven las argumentaciones lógicas, los hechos y las comparaciones. Su parte racional lo entiende pero su parte emocional lo vive con ansiedad.

¿Hay alguna salida para este castigo masoquista por hacer las cosas bien o ser amado? Bueno, al menos hay unas recomendaciones que pueden ayudar:

  • Practicar la aceptación Entendiendo con humildad que solo son valoraciones y opiniones de otras personas. Y que igual que se aceptan los fracasos o los defectos, hay que aceptar los éxitos y las virtudes.
  • Valorarse a sí mismos con los mismos criterios e idéntico rasero que utilizan para valorar a otros.
  • Desapegarse de los resultados.
  • Ocuparse en dar valor a lo que hacen, aprender de la experiencia, disfrutar con ella y poner amor en lo que sea que hagan.
  • Cambiar el diálogo interno critico y descalificador, otro más amable, objetivo y comprensivo.
  • Entrenar el merecimiento.
  • Trabajar fuerte para mejorar la autoestima. El síndrome del impostor es siempre un indicador de baja autoestima. Y cuando la persona disfruta de una autoestima sana y fuerte, simplemente este síndrome no es posible.

 

Frase: “Quién se crea un sabio no es más que un impostor” · Gustavo Bueno

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RECOMENDACIÓN:

La sabiduría de la inseguridad” · Alan Watts

Este libro significa una inversión radical del pensamiento ordinario sobre la búsqueda de la seguridad. El autor plantea la pregunta: ¿cómo vivir en un mundo de inseguridad?  Y la respuesta la encuentra en la ley de la retrocesión: los seres humanos sufren y perecen debido a los esfuerzos mismos que hacen por no sufrir y por no perecer. Ya lo expuso Lao-tzé, el viejo maestro del pensamiento paradójico. «Quienes se justifican, no convencen». «Para conocer la verdad hay que liberarse del conocimiento». No es una filosofía del nihilismo sino al contrario: es una llamada a vivir el presente sin la ansiedad generada por el espejismo del tiempo y de la historia. Es una filosofía, evidentemente taoista, que enseña que la salvación comienza cuando uno asume no hay «salvación», y que la seguridad surge cuando uno asume su más radical inseguridad. Escrito en estilo lúcido y ameno, este libro de Alan Watts posee inagotable acutalidad en nuestra época de incertidumbre y crisis.

1 Comment
  • Francisco Javier Hernandez Acuña
    Posted at 18:16h, 24 septiembre

    Que buen aporte has hecho, Me ayudó mucho a comprender muchas cosas, y a saber por que me siento como impostor e incómodo al ser halagado por otros.