TIPOS DE ACOSO ESCOLAR

En el acoso verbal el agresor empuña el arma de la palabra. El acosador intimida, se burla, amenaza, extorsiona e insulta. Son típicos los apodos, los motes despectivos que surgen de una característica física, de un apellido peculiar o de un suceso en la escuela que la clase aprovecha para “bautizar” al acosado. Puede resultar “divertido” para el acosador y su séquito Las risas provocan entretenimiento y restan gravedad a la agresión. “No le hemos tocado” se defiende el acosador cuando se le reprende por sus actos. De repente un día, y sin venir a cuento, el niño pregunta a su padre si él es tonto. O si son pobres y porque no le compran una bici mejor o un móvil más caro. O le pregunta por el significado de palabras despectivas que son propias del mundo de los adultos. La palabra también es un arma agresiva en el ciberbullying, con mensajes de texto, correos electrónicos y plataformas como Facebook donde se da rienda suelta a rumores, amenazas y comentarios despectivos que todo el mundo puede ver. La vida en internet también es la vida real y un insulto en la red puede ser más humillante que un insulto a la cara.

En el acoso físico el agresor invade el cuerpo de la víctima y sus pertenencias, con mayor o menor agresividad. La clave es el no consentimiento del contacto, no es parte de un juego, no es una patada de fútbol, no es un codazo de baloncesto, no es un contacto equilibrado, donde hoy recibe uno y mañana recibe el otro. El abusador puede valerse de su mayor fuerza física pero también es habitual que niños que no son débiles o pequeños también reciban agresiones físicas porque no son capaces de defenderse al ser excesivamente pacíficos y sumisos o no tener experiencia en usar su cuerpo para protegerse. Al niño acosado le tocan para molestarle, desde tirarle de las orejas continuamente y convertirlo en la moda de la clase, hasta ponerle la zancadilla o empujarle a la menor ocasión. En el acoso físico más grave se dan puñetazos, escupitajos y humillaciones como bajar los pantalones.

En el acoso social, el daño es la exclusión. Si el acosador es un líder, forma un grupo y no quiere al acosado en él. Desde no jugar un partido de baloncesto con el resto, no sentarse con los demás en el comedor o no recibir invitaciones para fiestas de cumpleaños, las posibilidades de quedar excluido son variadas y sus consecuencias son muy graves emocionalmente. Un niño no suele tener la madurez necesaria para afrontar este tipo de soledad. Vive con más inseguridad la exclusión que el acoso al que está siendo sometido. También es habitual la expulsión de un grupo cuando se ha violado una regla del mismo, aunque dicha regla sea perniciosa. Se expulsa al “traidor” que ayuda a otro niño acosado, a quien sobresale con respecto al líder, a quien deja de reír las gracias al abusón o a quien se lleva bien con los profesores.

 

Frase: “La crueldad es la fuerza de los cobardes” · Proverbio árabe

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“Precious

Clareece ‘Precious’ Jones es una adolescente negra y obesa de Harlem cuya madre la maltrata constantemente. No sabe leer ni escribir y, cuando se descubre que está embarazada, es expulsada de la escuela. A pesar de todo, la directora del centro la inscribe en una escuela alternativa para que intente encauzar su vida. Su nueva profesora es la primera persona que confía en Precious y la trata con respeto.

 

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