Blog de Parentepsis

Al final todo lo harás en función de tus prioridades. Consciente o inconscientemente utilizas una serie de filtros a través de los cuales organizas y ordenas y tu realidad, la valoras, tomas decisiones y haces o no haces cosas. Esos filtros son tus prioridades. Tus prioridades determinan la gestión de tu tiempo y el uso de la agenda, el cuidado de tu alimentación o las visitas al médico, el trabajo que haces, la dedicación al mismo y los resultados que logras, tus amistades, la relación con tu familia o la satisfacción con tu pareja. Y también influyen en tu economía, el lugar en el que vives o tu felicidad. Tus prioridades están en la raíz de tus paradigmas y son la parte práctica con la que gestionas tu realidad. Es interesante reflexionar sobre el orden de importancia de tus actividades, personas o creencias y ser consciente de cuáles son. Pregúntate ¿Qué es lo más importante para ti? ¿Y lo segundo más importante? ¿Por qué? Y así hasta identificar unos diez niveles. Son muchas las cuestiones que pueden terminar convirtiéndose en...

¿Has sentido alguna vez inquietud, estrés, preocupación, impaciencia, intranquilidad, impotencia, angustia o nerviosismo? ¿Sufres ansiedad? La ansiedad es una respuesta normal o adaptativa que guarda relación con el instinto de supervivencia y que prepara al cuerpo para reaccionar ante una situación de emergencia. Se trata de una señal de “alarma del cuerpo” para tratar de adaptarse lo más rápidamente a una nueva situación, a un cambio o a la incertidumbre. Por tanto se trata de una respuesta normal y sana cuando nos prepara de manera proporcional para responder adaptativamente a las circunstancias que te rodean. En cambio, si se da una respuesta desproporcionada e interfiere en tu funcionamiento cotidiano, afecta o te invalida en otras áreas como tu salud, tu trabajo o tus relaciones sociales, con marcados síntomas físicos y psicológicos y se mantiene más allá de los motivos que lo han desencadenado, puede que estemos ante una respuesta patológica. Seguro que conoces algún caso de personas de tu entorno que han acudido al servicio de urgencia refiriendo taquicardias, mareos, dificultad para respirar, nauseas, vómitos, con una aterradora...

Cuando cambia tu estado emocional, tu mundo también cambia. Si estás “depre” todo se vuelve gris, si sientes alegría, todo se vuelve rosa, si sientes preocupación, todo se vuelve negro. Tu estado emocional puede ser tu tirano o tu aliado, tu motivador o tu debilitador, tu facilitador o tu obstáculo. Cómo te sientes, fisiológica y emocionalmente, influye en cómo piensas. Y lo que piensas, lo que decides, aquella parte de tu mente donde reside tu libertad para elegir, tu imaginación y tus ideas del futuro, están influidos por tu estado emocional. Sin libertad emocional no hay libertad real. Por muy buenas intenciones que tengas, por muchas buenas oportunidades que se te presenten, por mucha gente interesante que conozcas, la ausencia de libertad emocional es un lastre. Y recuerda que libertad es independencia y responsabilidad, no es hacer lo que te da la gana. La libertad emocional no es sentir emociones positivas a cada momento, es saber qué sientes a cada momento y saber cómo gestionar dichos estados emocionales. La libertad emocional empieza por saber calibrarte, reconocer...

Existen dos tipos de personas, los que explican sus problemas culpando a los demás y los que se culpan a sí mismos cuando algo va mal. Los primeros son expertos en mirar alrededor y buscar culpables con los que justificar el motivo de su frustración. Cuando algo no les funciona en el trabajo enseguida pueden argumentarlo diciendo que han tenido la mala suerte de caer en la empresa inadecuada, la desgracia de tener un incompetente por jefe, de no contar con los medios suficientes, de tener un equipo que no funciona o de que sus compañeros no les pasan la información cuando toca o que se la pasan incompleta. Y el mismo sistema se puede aplicar dentro de casa, si las cosas no van bien es siempre la pareja la que tendría que ser más ordenada, ocuparse más de los niños, estar más dispuesta a hablar y discutir menos o tener relaciones sexuales con más frecuencia. Estos sujetos son expertos en identificar errores ajenos y tienen una sensibilidad exquisita para detectar la imperfección en los demás. Rápidamente toman nota...

¿Qué harías si te quedaran 3 meses de vida? Hay quién se puede sorprender ante una pregunta de estas características e incluso reaccionar impactada por el hecho de pensar en su propia muerte y de una manera tan próxima pero tengamos la edad que tengamos, nunca sabemos cuando vamos a morir. La idea de esta pregunta no es pensar en la muerte, sino en la vida. En vivir. Te propongo esta cuestión a fin de que valores tu rutina, tu día a día, tu felicidad, tus amistades, tu trabajo, tu pareja,… y pienses si seguirías haciendo exactamente lo mismo que haces y compartiéndolo con las personas que te rodean si tan solo te quedaran 90 días que vivir. Si tu respuesta es un sí rotundo, enhorabuena. Si en ella hay matices, analízalos y toma las decisiones que con valentía tomarías si estuvieras a punto de perder lo más valioso que tenemos y cualquiera otra de las pérdidas pasara a un segundo plano perdiendo toda la importancia. De hecho cuando no tomas esa decisión, estás eligiendo. Al no...

El egoísta se excede en el amor a sí mismo, atiende de manera tan exagerada su propio interés que se hace un adicto a sí mismo. Todo empieza y acaba en él, es el alfa y el omega de su vida. Para el egoísta todo es yo, y yo, y más yo. El egoísta es capaz de prender fuego a la casa del vecino para poder freírse un huevo. Su excusa es su necesidad y ese fin justifica cualquier medio. Su individualismo es su pan para hoy y su hambre para mañana. El egoísta tiene una buena idea, la importancia de uno mismo, pero no la culmina con la segunda parte de esa idea: que todos somos grandes, conectados a algo más grande que nosotros mismos. El egoísta es avaricioso. Por la codicia del egoísmo, lo mucho siempre es poco. Como un saco sin fondo, que por mucho que introduzca, siempre sentirá vacío. No hay recursos suficientes en la tierra para todos los egoístas que la pueblan. La ambición del egoísta es su condena, continuamente consciente...

La evolución de la Autoestima pasa por diferentes fases. En la primera fase la persona necesita poner toda su atención y la mayor parte de su energía en ella misma. Suele ser la fase de la urgencia, donde se ha olvidado durante tanto tiempo de sí misma, que suele vivir una vida de abandono, distracción o destrucción, que no reconoce como suya, aunque sea una vida adaptada social o profesionalmente. Es habitual que la persona empiece este giro hacia ella misma después de algún tipo de crisis, tras alguna enfermedad, después de una separación o tras alguna catástrofe profesional. Durante la segunda fase de la Autoestima y una vez que la persona empieza a salir de lo urgente y a resolver sus crisis, comienza el verdadero trabajo de fondo. Empezar a cambiar creencias, reacciones emocionales, paradigmas, hábitos de conducta, actividades, prioridades y relaciones personales. Es el momento de la coherencia y la responsabilidad. En esta fase se produce el cambio importante y estable. Muchas personas no llegan a desarrollar esta segunda fase, porque entienden que una...

Disfrutamos con él, le da sentido a nuestras vidas, lo sufrimos, escribimos sobre él o por él, … pero ¿qué es el amor? Si nos preguntamos que es amar, aparece una dificultad para describir en qué consiste, que supone o de qué estamos hablando concretamente. Amamos a la pareja, la familia, a los hijos, a los amigos y compañeros, a nuestras mascotas, objetos y lugares. ¿Y a ti mismo? ¿Te quieres? No se puede dar lo que no se tiene. No se puede dar amor si uno no se ama a sí mismo. Sabemos que sin amor la vida pierde el color, la esencia misma de la vida pero seguimos sin saber en qué consiste el amor. Podríamos hacer una aproximación y decir que Amar significa: Priorizar, y lo primero de debes poner en el primer lugar eres tú. Eres lo más importante de tu vida por encima de cualquier persona o situación ya que si no te colocas en el centro de tu vida y te conviertes en el protagonista de tu propia historia no te quieres como...

¿Quién quiere una bola de cristal? ¿Quién quiere ver el futuro? Y la pregunta más importante, ¿para qué quiere verlo? Hay quien quiere adelantarse a lo desconocido, saber lo que va a pasar para controlarlo y modificarlo. Está obsesionado con el control y que no le pase nada malo nunca. Se obsesiona con el futuro y le genera infelicidad. Decía Einstein que un hombre feliz está demasiado satisfecho con el presente como para obsesionarse con el futuro. Hay quien ya osa adelantarse al futuro rumiando habitualmente qué le puede llegar a pasar. Es un “¿y si….?” repetido continuamente que genera desesperación. En el fondo desconfía de sí mismo, no de su futuro, que siempre le traerá cosas buenas y malas. Desconfía de su capacidad de enfrentarse al futuro con sus herramientas emocionales presentes. Hay quien quiere ver el futuro para asegurarse que sus sueños se cumplen, que las esperanzas y deseos que ha colocado en el futuro acabarán convirtiéndose en una realidad. Que los sacrificios que realizó en el pasado serán recompensados en el futuro. Que...

Con los años la percepción de la realidad se va modificando, el paso del tiempo hace que nos fijemos en cosas distintas a la juventud, que las valoremos de otra forma y lo que el la infancia parecía, divertido, en la juventud insoportable y en la madurez habíamos olvidado, en la vejez puede volver a llamar nuestra atención. Tal vez esa sea una de las claves del buen entendimiento entre abuelos y nietos. También cambian nuestros estados emocionales, con los años hemos aprendido a templan las emociones, cabe esperar que los impulsos se hayan moderado y que toda esa chispa y bravío de los años pasados se haya ido transformando en una mayor paciencia y en un emociones más estables. Los hábitos de conducta, se van haciendo cada vez más rutinarios, es como si hubieran cristalizado y cada día tiende a ser una repetición del anterior, la repetición produce placer y seguridad por eso salir de esas rutinas inquieta al anciano. Las metas son otras, más sencillas, menos ambiciosas, más a corto plazo, las prioridades...