Miguel Ángel Paredes / 22.12.2014

Vives en una realidad simbólica. Y lo que es real e innombrable lo hemos transformado en una realidad conceptual y abstracta porque codificamos e interpretamos lo que vivimos a través de un lenguaje simbólico. Y así las cosas han dejado de ser lo que verdaderamente son para transformarse en lo que decimos de ellas. Los símbolos son representaciones acordadas socialmente sobre algo. Una bandera identifica a un país y es el símbolo de una cultura. El dinero simboliza el valor económico de las cosas. La cruz simboliza el cristianismo y los cristianos se identifican con ella. Pero la bandera solo es una tela y no el país, el dinero solo papel y no un valor real de las cosas, la cruz solo madera y no una religión. Pero estamos tan inmersos en esa realidad simbólica que confundimos con lo real lo que solo son significados simbólicos, y nos identificamos tanto con ellos y los sentimos tan nuestros, ya se trate de la bandera, el dinero o la cruz por podemos llegar a matar o morir por ellos....

María José Hernández / 15.12.2014

Vivimos épocas de excesos: exceso de información, de noticias, de datos, de opciones. Nunca fue tan fácil encontrar tanto de todo y tan rápido. Jamás el ser humano tuvo al alcance de sus dígitos todo un universo (virtual o no, es irrelevante) en tiempo real. Nos hemos acostumbrado demasiado pronto a las lámparas maravillosas que nos convierten en sabios, aventureros o famosos con solo un toque de click. ¿Eres capaz de recordar cuando leíamos línea a línea las páginas de un libro, y había que leer muchos antes de poder considerarse experto en una materia? ¿Qué queda de la aventura de alcanzar sitios remotos sin que nadie te haya recomendado antes el destino, sin conocer las valoraciones del hotel en el que te alojarás? ¿Qué significa la popularidad: una cuenta con quinientos amigos, un millón de descargas, mil seguidores para un tema de tendencia? Nuestra sociedad de lo inmediato, fácil y sin esfuerzo, es la herencia minimalista del “usar y tirar” de décadas pasadas. Ni siquiera es necesario hacer “uso” de ninguno de los objetos, bienes o...

David del Bosque / 08.12.2014

Somos muy vulnerables a la publicidad. Su mensaje llega a nuestro cerebro aunque pensemos que somos más inmunes a ella de lo que en realidad somos. La repetición continua en forma de bombardeo publicitario, la intensidad y la emocionalidad de cada anuncio están diseñados para animarnos a comprar. La publicidad convierte el acto de comprar en un privilegio, en una necesidad o en un derecho. Fusiona compra con egocentrismo porque sabe que es un mensaje que suele funcionar si no estamos atentos y con espíritu crítico. La publicidad quiere que nos sintamos como reyes para que gastemos como tales. En un momento de la historia donde nuestras necesidades básicas suelen estar satisfechas, la publicidad nos hace creer que el resto de las necesidades también son fundamentales, aunque en realidad no lo son. Y el resultado es que cada vez compramos menos por necesidad y más por emocionalidad. Cometemos el error de pensar que el mero hecho de comprar nos hará más felices. Compramos en tiendas cada vez más bonitas, artículos cada vez mejor presentados y empaquetados,...

Miguel Ángel Paredes / 01.12.2014

Algunas personas confunden la autoestima con un sentimiento de superioridad y suficiencia que les hace sentir por encima de los demás. Es frecuente identificar el orgullo, la soberbia, la arrogancia, el narcisismo o la vulgar chulería con la auténtica autoestima. Nada más lejos de la realidad, porque esas actitudes son una compensación más o menos elaborada para ocultar una fuerte inseguridad personal. Son el disfraz del miedo al fracaso y la dependencia de reconocimiento y atención de otras personas. Y muchas veces da igual que la atención venga en forma de valoración positiva o de crítica negativa, lo que cuenta es estar en el punto de mira de los otros y que nos alimenten el ego con su atención. Detrás de esas conductas de falsa superioridad suele enmascararse la vergüenza, la culpa, el temor o el sentimiento de infravaloración personal. La soberbia es en realidad, la otra cara de la vergüenza y siempre lleva componentes de desprecio y exclusión. Desprecio a la opinión de los otros, a su consejo, a su éxito, a su felicidad o...

María José Hernández / 24.11.2014

Persistir o renunciar. Es el dilema que se nos plantea cuando el tiempo, esfuerzo o dinero sobrepasa el objetivo inicialmente proyectado. Es lo que sucede cuando los planes no se ajustan a las previsiones, cuando nuestro negocio no produce beneficios durante demasiado tiempo, o cuando a pesar de dedicar horas y atención al estudio no conseguimos superar el aprobado; o incluso cuando, tras años de convivencia con nuestra pareja, nos planteamos si compensa seguir “intentándolo”. Son momentos de angustia e indecisión. Por un lado, pensamos que abandonar justo en ese momento es desperdiciar toda la inversión anterior. A nuestra memoria acude la ilusión con la que iniciamos el proyecto, las ganas y la pasión con que iniciamos nuestros estudios, nuestra empresa o nuestra relación de pareja. Recordamos las horas que hemos dedicado a que todo funcionara bien, el trabajo que nos ha costado lograr lo que tenemos, el dinero que hemos destinado a hacer realidad nuestro sueño. Nos apegamos a ello como si aún lo tuviéramos entre nuestras manos, como si ese tiempo, dinero o trabajo...

David del Bosque / 17.11.2014

A veces estás al límite. De tus fuerzas, de tu resistencia, con ganas de abandonar y con la sensación de que ya no puedes más. Al límite de equivocarte, de fracasar y de no lograr lo que te habías propuesto. Al límite del plazo para obtener un éxito, al borde del precipicio. Al límite de tus recursos, de tu paciencia, de tus capacidades o de tus habilidades para responder a lo que te exiges a ti mismo. Da la sensación de enfrentarte a una pared, de chocar contra un muro que no podrás traspasar, de no encontrar una salida, un camino que te permita seguir adelante. Estás a un milímetro de rendirte, de darte por vencido, de abandonar aquello por lo que estabas luchando. Parece que no te queda nada…. Pero no es verdad. Otros estuvieron en el lugar en el que tú estás ahora y te dirían lo que yo te voy a decir. Que no te rindas, que perseveres, que confíes en ti ahora más que nunca, que eches mano de tu pasión y...

Miguel Ángel Paredes / 10.11.2014

Para mantener el orden, ya sea en el ámbito personal, profesional, emocional, de la salud o financiero, necesitarás reglas. Las reglas además te permiten llegar a acuerdos con otras personas y crear sistemas y métodos para hacer las cosas de forma más o menos estable al margen de quien las haga. Las reglas funcionan como un hilo invisible y te conducen paso a paso por el laberinto de lo incierto hacia un final previsible y estable. Por eso cuando las sigues te otorgan seguridad durante el proceso y confianza en los resultados que esperas lograr. Pero para que las reglas te resulten útiles, tienen que ser tus reglas. Las reglas de los otros tal vez no siempre resulten para ti. Eso no quiere decir que sean únicas, puedes compartirlas con otras personas, pero en algún momento has tenido que hacerlas tuyas. Las reglas ajenas son como los zapatos ajenos, a veces no son tu talla, te hacen rozaduras, se te salen, no te permiten avanzar a tu ritmo y puede que te termines cayendo. Para que tu sistema...

María José Hernández / 03.11.2014

Por nuestra condición de seres sociales, más tarde o más temprano nos toparemos con la crítica de los demás. En algún momento habrá alguien que se sienta con el derecho, y hasta con la obligación, de darnos su opinión sobre nuestra conducta, nuestras ideas, o nuestros sentimientos. En principio, una opinión ajena no tiene por qué ser dañina para nosotros o nuestra autoestima. Es más, conocer el punto de vista de otras personas puede aportarnos una nueva visión y enriquecer nuestra forma de ver la vida. Muchas veces esas opiniones son emitidas con un juicio de valor implícito, y con una intención tácita de redirigir nuestro comportamiento. En suma, el problema deriva de considerar esa opinión como un modelo imitable hacia el que hemos de conducir nuestras acciones o nuestros pensamientos. Pero, por muy demoledora que llegue a ser, la crítica no procede de quien la emite, sino de quien la percibe. En realidad, importa poco que la crítica se haga en buenos o malos términos, ya que su capacidad lesiva reside en la falta de...

David del Bosque / 27.10.2014

Hay dos tipos de inteligencia que en pleno siglo 21 aún siguen sin fomentarse de forma sistematizada en la escuela. Una de ellas es la inteligencia emocional, el conjunto de habilidades personales que permiten que conectemos con nuestras propias emociones y demos respuesta a las mismas de la forma más equilibrada y eficaz posible. La inteligencia emocional también nos permite comprender mejor las emociones de los demás y actuar en consecuencia. El segundo tipo de inteligencia es del que quiero hablarte hoy, la inteligencia financiera. Se refiere al conjunto de habilidades, herramientas y conocimientos que permiten a una persona tomar las mejores decisiones financieras en cada momento y circunstancia de su vida. La economía, el dinero y las finanzas forman parte de un mundo cada vez más económico en donde crecerán tus hijos y de la inteligencia financiera dependerá una parte importante de su bienestar y de su éxito. Cuanto antes se formen en esta área, cuanto más fomentemos en ellos su inteligencia financiera, más probabilidades tendrán de que su Coeficiente Intelectual (CI) financiero sea una...

Miguel Ángel Paredes / 20.10.2014

Sin orden reina el caos, el desconcierto y la incoherencia. Sin disciplina lo que hay es dejadez, postergación e incertidumbre. Orden y disciplina guardan relación con la excelencia en los resultados, el logro de metas y objetivos, madurez, fiabilidad, solidez, estabilidad, credibilidad y confianza. Y también guardan relación con salud, poder y felicidad. Cuando tu cuerpo se desordena, y tu corazón late de forma desacompasada y arrítmica, o la respiración se te altera, seguramente sufres algún tipo de problema físico. Cuando tus funciones biológicas se desorganizan y no se ajustan de forma disciplinada a los procedimientos impresos en tu ADN desde hace miles de años, tus digestiones ya no siguen el riguroso proceso habitual o tu sistema nervioso parece haber olvidado el método para que todo funcione con sincronía y precisión, seguramente has enfermado. Te guste o no, disciplina y orden se relacionan de forma muy estrecha con salud física y psicológica. Todas las adicciones son el resultado de la pérdida de disciplina y lo primero que hay que entrenar para recuperar el control sobre la propia...