David del Bosque / 02.06.2014

La palabra que mejor definía a qué se dedicaba emergía de un compendio de otras: consejero, sabio, analista, maestro, experto,… Fuese cual fuese esa palabra que definía su profesión, el proceso era siempre el mismo. Le llamaban cuando un problema no se solucionaba, cuando se había pasado demasiado tiempo atascados en un obstáculo, cuando sucedía una crisis inesperada o cuando un conflicto estaba a punto de estallar. El proceso tenía una parte de método y una parte de arte. En primer lugar escuchar sin prejuicios, como si fuese la primera vez que escuchase un caso así. Un caso único porque en realidad lo era. Escuchar lo que decían y lo que no decían. Dedicar mucho tiempo a preguntarles, conocerles, entender su recorrido como grupo y adónde querían llegar. Después, comprender qué estaba ocurriendo, no buscando una etiqueta brillante sino percatarse de los pensamientos, sentimientos y procesos que les hacían ser lo que eran y les impedían ser lo que querían ser. Por último, devolver lo comprendido en forma de información honesta, relevante y afectuosa. La...

Miguel Ángel Paredes / 26.05.2014

El infierno está en tu mente. Allí te abrasas y te consumes con pensamientos con los que tú te haces daño a ti mismo. Dan igual tus circunstancias, no importa que disfrutes de una salud de hierro, que a tu alrededor haya personas que te demuestren su amor y aprecio, que tengas un trabajo envidiable y dinero suficiente para llevar una vida desahogada. Da igual que tus hijos crezcan sanos y felices o que cuentes con todos los recursos necesarios para tener una vida plena. Cuando habitas en el infierno de tu mente ardes en una angustia dolorosa que no tiene justificación racional ninguna pero en la que quemas tu momento presente, tu talento y tu alegría vital. El infierno de tu mente se prende con la llama del miedo, y su fuego apaga el amor y la confianza. El humo negro del miedo te ahoga impidiéndote respirar y te ciega haciendo que no veas que tu libertad está más allá de esa humareda. Las llamas del miedo prenden tu propia rabia y al final solo...