LOS NIÑOS Y EL MIEDO

El miedo es una emoción natural, y como tal, no es mala en sí misma y es inevitable. El miedo lo “sufren” todos los animales y se vive como una sensación desagradable ante lo que se percibe como un peligro. El valor del miedo es asegurar nuestra supervivencia, forma parte de nuestro instinto de conservación y nos permite estar alerta y en guardia cuando debemos estarlo. El miedo es nuestro seguro de vida. En los niños es un trámite natural en su proceso madurativo y todos ellos, en algún momento de su infancia, tienen miedo.

Por ejemplo, la imaginación desbordante de la infancia, su pensamiento crítico no desarrollado aún y los estímulos que perciben a su alrededor conforman una unión amenazante para el cerebro emocional de los niños. Los comics, las películas, las noticias e incluso las conversaciones entre sus padres contienen material muchas veces no adecuado para ellos, por lo que es conveniente estudiar su contenido y filtrar lo que no sea beneficioso para los niños.

Otro miedo posible en los niños es el miedo a ir al colegio. Miedo a compañeros agresivos y al acoso escolar, miedo a ser ridiculizado por otros niños por su aspecto o por su rendimiento escolar, miedo a profesores con cara habitual de pocos amigos o que tienden a regañar muy severamente, miedo a las historias que cuentan los niños mayores,… el temor y la ansiedad surgen porque el niño vive en su entorno escolar situaciones que no tiene controladas y como adultos hemos de ayudarle a controlarlas.

Las pesadillas también son frecuentes en la infancia, tienen lugar en la segunda mitad de la noche y se suelen recordar. Los protagonistas de las pesadillas son monstruos de la tele, personas amenazadoras y situaciones desagradables que ha vivido. Van desapareciendo paulatinamente a medida que los niños se acercan a la adolescencia y conviene ser cariñosos con ellos cuando acaban de despertarse de la pesadilla y hablar más adelante, cuando sea de día y estén totalmente despiertos.

También es habitual el miedo a la oscuridad, a dormir con la luz apagada y solos. Una vez más su fantasía desbordante les puede hacer ver y sentir cosas que les atemorizan. Es buena idea dejar un punto de luz tenue, que les sirva de referencia. Pueden hacerse preguntas como si cuando despierten estarán sus padres. La noche no tiene continuidad en el cerebro del niño por lo que si siente este miedo es buena idea al acostarle contarle qué va a hacer al día siguiente.

El miedo a la muerte suele aparecer cuando fallece alguien cercano y da paso a su descubrimiento de este proceso natural e inevitable. Es más traumático y aterrador para los niños que tengan miedo a que sus padres fallezcan. En el descubrimiento de la muerte en la infancia se recomienda empezar con explicaciones más metafóricas y agradables cuando son pequeños para llegar a las explicaciones más realistas cuando sean más mayores. La separación de sus padres también puede asustarles, estar presentes cuando discuten y sentir que ya no van a estar juntos. Y el miedo a separarse ellos mismos de sus padres, de forma temporal y que esa separación sea para siempre.

Hay niños que se avergüenzan de sus miedos y no los expresan, como tampoco expresan otros sentimientos que consideran que no deberían sentir. Expresan sus miedos de otras formas, rabietas, tristeza, rebeldía o síntomas físicos. La proximidad emocional de los padres, que los niños sientan que están presentes en su vida, les aporta seguridad y confianza para superar sus miedos. Acompañarles sin sobreprotegerles en su conquista de la valentía, en el descubrimiento de su valor escondido. Para explicar qué es el miedo y cómo superarlo, el tono emocional es más importante que las palabras y las explicaciones elegidas. Unos padres seguros inoculan seguridad a sus hijos. Los miedos se copian. Como la valentía.

Frase: “Un padre no es el que da la vida, eso sería demasiado fácil. Un padre es el que da el amor”. Denis Lord

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