EL PESIMISMO, EL OPTIMISMO Y LA AUTOESTIMA

¿Te consideras una persona pesimista? ¿Prestas atención a tu diálogo cuando tratas de explicar por qué suceden las cosas? ¿a qué achacas las desgracias?

Tres son las dimensiones cruciales en la pauta explicativa negativa, la permanencia, la penetración y la personalización:

La Permanencia, es la dimensión que valora cuánto de ese suceso negativo es considerado cómo inamovible, cuánto permanecerá, la creencia de que haga lo que haga no desaparecerá, valorándolo en términos de siempre o nunca, etc. como por ejemplo “siempre tengo mala suerte”, “las dietas no sirven”, “soy un desastre”, “nunca funciona”, etc.

La Penetración, se refiere a alcance, a la amplitud, cuánto penetra el daño ante un acontecimiento negativo, etc. por ejemplo “todos me odian”, “los libros no valen para nada”, etc.

Personalización, hace referencia a cuánto eres tú el culpable de lo malo que te sucede. Por ejemplo, “soy un estúpido”, “soy una mala madre”, etc.

Esta última, la personalización, es la dimensión que más fácilmente puede exagerarse y la que controla cómo nos sentimos hacia nosotros mismos, dañando nuestra autoestima cuando se emplea en negativo. Mientras que las otras dos dimensiones, la permanencia y la amplitud, siendo las más importantes, controlan lo que hacemos, es decir, durante cuánto tiempo nos vamos a sentir hundidos y desamparados y en cuántas de las situaciones que puedan seguir presentándose.

Cuando “piensas mal”, te sientes mal ya que las emociones provienen directamente de lo que pensamos. Modifica tus pautas explicativas ante un hecho adverso y te alejarás del sentimiento de fracaso, derrota, pérdida y desamparo lo que a su vez te protegerá en el desarrollo de una depresión y otras enfermedades letales, determinará tu comportamiento futuro (tendrás esperanzas en lograrlo y por tanto lo intentarás) y con perseverancia, te conducirá al éxito y a la felicidad.

Todos nos sentimos momentáneamente heridos cuando nos ocurre algo malo, pero cómo racionalizo lo ocurrido marca la diferencia entre hundirse profundamente o salir a flote y reponerse.

Ese es el verdadero optimismo. Ser capaz de remontar el estado de ánimo en los momentos más difíciles. 

El pesimismo a cuenta gotas si tiene una virtud, nos permite apreciar adecuadamente la realidad, realizar un juicio más reflexivo y comedido. Más allá de esa importante función, si nos pasamos de dosis, nos intoxicamos. Debemos aprender a hacer uso de él sin convertirnos en sus víctimas.

Para sentirnos bien, cultivar la felicidad, alcanzar el éxito, tener salud física, mejorar deportivamente, etc. la clave se encuentra en el pensamiento optimista.

¿En qué consiste pensar bien?

Tras reconocer su pauta explicativa, identificar si utiliza un pensamiento optimista o pesimista ante las circunstancias adversas, para lo que le recomiendo usar un registro, trate de reinventar las creencias negativas mediante la discusión de las mismas (“ayúdese a entrar en razón”), realizando pautas explicativas circunstanciales, específicas y externas ante la adversidad, usando la distracción (parada de pensamiento) o tomando distancia (cómo si esas mismas críticas vinieran de otra persona).

Como dice Martin Seligman, “la vida causa los mismos contratiempos y las mismas tragedias tanto a los optimistas como a los pesimistas, pero los primeros saben afrontarlos mejor”.

Frase: “La esperanza en sí sostiene la vida y la desesperanza basta para destruirla”. Martin E. P. Seligman

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