Blog de Parentepsis

Todos tenemos algún tipo de miedo irracional y limitante que nos hace prisioneros y con el que saboteamos nuestro crecimiento personal. Las fobias son miedos intensos y desproporcionados ante objetos o situaciones concretas y cotidianas que te secuestran mentalmente llevándote a conductas de huida o evitación para escapar del miedo. Tres son los indicadores que se manifiestan en las fobias. La tendencia a anticipar catástrofes mentales relacionadas con la temática fóbica que desbordan tus recursos para hacer frente a la situación. Predisposición a la evitación y la huida para escapar del objeto fóbico. Y cuando ya te encuentras expuesto a él, síntomas fisiológicos que van desde sequedad en la boca, hasta sensación de mareo, diarreas, sudoración, taquicardia, palidez o enrojecimiento. El tema de estos miedos puede ser muy variado, en realidad cualquier cosa o circunstancia cotidiana y del día a día puede convertirse en objeto fóbico: Las arañas u otros animales como las ratas, los pájaros, los perros, los insectos o los caballos, la sangre, las inyecciones, los hospitales, las enfermedades o la muerte, los espacios cerrados...

La inspiración la entendían los griegos como un estado de gracia concedido por las musas. Una especie de rapto psíquico durante el cual el afortunado entraba en contacto con la fuente del conocimiento universal. Como prueba de semejante viaje espiritual, el elegido ofrecía a los humanos una obra de genuina belleza, auténtica genialidad y, en adelante, veta sagrada y modelo de referencia para el común de los mortales. El inspirado se convertía en un gran creador de realidades para sus congéneres, se transformaba en un guía para su comunidad. La inspiración tiene, por lo tanto, dos componentes. Uno de ellos es la capacidad para acceder a ideas o pensamientos poco habituales. En este sentido, se trata de intuir realidades que están más allá de las expectativas corrientes, tener la habilidad de ver con claridad qué sucede en el momento presente y cómo eso afecta al entorno. En definitiva, comprender el potencial de un concepto y ser capaz de trasladarlo a la práctica. Es, en gran parte, lo que la psicología moderna denomina “visión”. Por ejemplo, es lo...

En una de las escenas más impactantes y aleccionadoras de la película “El club de la lucha”, uno de los protagonistas apunta con un arma a un joven indefenso al que ha expulsado violentamente de la tienda donde trabaja y le grita que va a morir. Lo que en un principio parece ser un acto criminal lleno de hostilidad y violencia gratuitas poco a poco se va transformando en una oportunidad única en la vida del joven dependiente, en una invitación desde un acontecimiento crítico y con sentido que el protagonista ha provocado para que el chico asuma algo que hasta ese momento no hacía: que no es inmortal y que él decide qué hacer con el tiempo que se le ha dado. A qué se quiere dedicar, dónde quiere vivir, a quién quiere amar. “Vas a morir”, le espeta el protagonista. Este hecho innegociable e inesquivable puede ser un generador de temor para el resto de su vida o un motivador que le ayude a vivir de forma más positiva y enriquecedora. Como dice el...

La primera ley de la Autoestima afirma que “allí donde pones la atención, “eso” se expande”. Da igual lo que “eso” sea, tu inconsciente ni juzga, ni opina. Simplemente pone en marcha todo su poder para empezar el proceso multiplicador de experiencias que reflejen aquello en lo que tú te concentras. Si analizas la temática de tus pensamientos, tus contenidos de conciencia y aquellas cuestiones a las que le das vueltas una y otra vez dentro de tu cabeza. Si te escuchas hablar, si estás pendiente de tus temas de conversación, tus intereses o tus preocupaciones. Si te fijas simplemente en las palabras que utilizas y observas la realidad que vives con las experiencias que te vas creando. Entonces serás consciente de donde tenias tu atención y en qué estabas concentrando. Porque es tu poder de concentración el que ha ido definiendo las coordenadas de la realidad que vives. De alguna manera tu mundo exterior es el reflejo de tu mundo interno. Y tu atención es el puente que une esos dos mundos. La primera Ley de la...

Como actores en paro que se resisten a aceptar su suerte, todos actuamos para un público imaginario. Se trata de aquellas conductas que realizamos “por el qué dirán”, los comportamientos o hábitos que mantenemos porque “siempre ha sido así”, o todas las ideas preconcebidas y razones múltiples con que justificamos muchos de nuestros actos. Cuando nos detenemos a reflexionar, incluso somos capaces de darnos cuenta de que no es eso lo que nosotros queremos, que no es así como nos comportaríamos si nos sintiésemos libres para elegir. Aún así, nos mantenemos fieles a nuestro programa operativo, esa especie de app instalada no sabemos cuándo, pero que nos redirige continuamente a las mismas prácticas. No existe un mismo público para todos. Por más que las personas que comparten con nosotros el planeta tengan cada una su nombre y apellidos, no representan las mismas figuras para cada uno de nosotros. Incluso aunque esas personas sean de carne y hueso, no es en concreto para ninguna de ellas para quienes “actuamos”, sino para la idea que de ellas hemos...

Puede resultarte sencillo otorgar el derecho a ser libres a personas que están lejos de ti. Lo otorgas cuando opinas sobre otros, tomando un café, cuando te interesas por un conflicto convertido en noticia o cuando enjuicias ideas y creencias. Te indignas si consideras que se coarta ese derecho, participas en manifestaciones, votas desde tus convicciones o donas dinero a las causas que consideras justas. Luchas por la libertad de otros y es bueno que lo hagas. Es más difícil que otorgues el derecho a ser libre a quien tienes muy cerca. Cuando ese derecho ejercido en la práctica en tu ámbito vital genera un conflicto importante en ti. Cuando ser tolerante con la libertad de los demás llega a tener un alto precio o se convierte puntualmente en un obstáculo a tus planes o creencias. ¿Tiene tu pareja derecho a separarse de ti?, ¿tiene tu jefe derecho a despedirte?, ¿tienen tus hijos adolescentes derecho a tener relaciones sexuales?, ¿tienen tus empleados derecho a hacer huelga? San Agustín decía que nadie puede ser perfectamente libre hasta...

El dolor físico cumple la función de ser la señal de alarma ante algún peligro para tu biología. Un corte, un golpe, una quemadura, son agresiones que sufre tu cuerpo y el dolor te obliga primero a retirarte de la fuente de agresión y, en segundo lugar, a parar y dejar lo que estuvieras haciendo. Mediante el dolor físico recuperas la atención para ti, obligándote a concentrarte en esa parte de tu cuerpo que te duele y corrigiendo cualquier tipo de dispersión o distracción. El dolor físico te devuelve al momento presente de una forma rotunda y absoluta. Y a partir de ese momento tu biología comienza el proceso de recuperación y sanación. El sufrimiento psicológico es diferente. Seguramente no haya emoción más inútil que el sufrimiento psicológico. Ya sea en forma de culpa, preocupación, ansiedad, pánico o depresión. Entrar en el sufrimiento psicológico es comenzar la caída al pozo sin fondo de la parálisis, el victimismo y la amargura. Siempre vas a encontrar razones para sufrir. ¡Siempre! Porque siempre hay cosas a mejorar, injusticias, situaciones terribles,...

Si hay una relación que nos marca con intensidad, es la que mantenemos con nuestras madres. De alguna forma, son nuestro primer recipiente corpóreo, nuestra primera experiencia con la materia. Nuestras mentes, nuestras ideas y pensamientos comienzan a formarse dentro de su propio cuerpo. Recibimos de ellas, a través de las intrincadas vías neuro-hormonales, todas sus vivencias, sus emociones más profundas, sus alegrías y sus ansiedades. En el cobijo de su útero, bebemos un singular cóctel emocional cuyo sabor paladearemos quizás años después. Fuera de ellas, las echamos de menos si por segundos su piel se aleja de la nuestra, y buscamos su alimento y su calor, difíciles de sustituir. Hasta ese momento, somos apenas ovillos de instinto, cachorrillos incapacitados para la supervivencia, pues nos falta la herramienta más valiosa con que el ser humano ha sido dotado: la mente. La mente es, en ese sentido, como el traje que nos ayuda a defendernos del mundo. La mente es todo un sistema de conocimientos, actitudes, recursos y estrategias orientados a procurar ni más ni menos que...

Es una palabra de moda: Indignación. Más allá de la coyuntura actual, indignarse siempre ha sido una posible respuesta a todo lo que te ofende. La indignación surge de la razón, del considerar que algo es injusto y debería ser de otra manera. La indignación es el resultado de una forma de pensar, de una inteligencia que se enerva ante un problema y provoca un sentimiento de irritación. Indignarse es fácil, es cómodo, es hasta adictivo. Ante un problema, juzgas, sentencias y exiges un cambio al culpable. Juez y parte. Si no cambia, refrendas su culpabilidad, te indignas más y aumentas el castigo. Este círculo vicioso de huida hacia delante sólo se rompe cayendo en una dinámica de rebeldía y amargura vital o dándose uno por vencido y usando el sarcasmo, la resignación o la victimización para salir lo más airoso posible. Pero la indignación por sí sola no hace que avances. Suele ser al revés, te estanca. Te encierra en una prisión que tú has construido y donde tú eres la llave. Necesitas determinación y...

¿Quién soy yo? ¿Qué hago aquí? Son las eternas preguntas que aunque tal vez te hayas hecho varias veces, posiblemente ya hayas olvidado por no encontrar una respuesta que te convenza. Pero que en algún momento de tu más o menos lejana adolescencia te cuestionaste sobre el sentido de tu existencia o las razones para vivir. Con esas preguntas buscabas aclararte para salir de la confusión entre el personaje o los personajes que has ido construyendo y representas y Quién Realmente Eres. Es la segunda cuestión de la que hablaremos hoy. ¿Qué haces aquí? ¿Qué sentido tiene tu vida? ¿Para que has venido a vivir esta existencia? Pienso que al menos existen cuatro respuestas. Cuatro razones para vivir. La primera razón de tu existencia es que has venido para ser feliz. La felicidad es tu estado de ánimo natural, de la misma manera que la salud es el estado natural de tu biología. Y al igual que la enfermedad es solo una excepción a tu salud, el malestar, la angustia, la depresión o el sufrimiento son excepciones a...