REPARACIÓN DE LA AUTOESTIMA

Siempre es posible reparar la autoestima. Y hablamos de reparación porque la autoestima es el equivalente psicológico de la salud física, es decir, lo natural es contar con una autoestima sana, sentirnos bien con nosotros mismos, conocernos y querernos. Lamentablemente este es uno de esos casos donde lo natural no es lo frecuente.

Tal vez por eso, el momento en el que decides reparar tu autoestima suele venir precedido por una crisis. Puede ser una crisis psicológica, por ejemplo un cuadro de ansiedad o tras una depresión, puede tratarse de una crisis de pareja, tras una separación o un desengaño, es habitual hacerse estos planteamientos tras una crisis profesional y tomes conciencia de que tu trabajo ha dejado de interesarte o simplemente has sido despedido. Y en muchas otras ocasiones este paso se da tras una enfermedad importante, donde la proximidad de la muerte hace que tu escala de valores se tambalee y reconsideres tus prioridades.

La reconstrucción de tu autoestima pasa por dos momentos y si quieres recuperarla tendrás que pasar por ambos y en el orden correcto.

La primera fase de esta reparación es siempre un momento de grandes decisiones. Es como entrar en urgencias médicas después de un accidente en el que tu vida corre peligro. En esta primera fase tienes que volver a centrar tu atención en ti y darte prioridad máxima. Tal vez nunca hayas sido el protagonista de tu vida, tal vez hasta este momento eras el actor de reparto de la vida de otros. Pues eso se acabó. Asumes la responsabilidad de ser el director, el protagonista y el público de tu existencia. Y eso puede significar poner límites a algunas relaciones y en algunos casos, terminar con algunas personas.

También es necesario que hagas el esfuerzo por tratar de entenderte y respetar tu propio ritmo. Y es posible que ni tan siquiera te conozcas de verdad, que solo tengas una visión diluida de ti en base a las opiniones de los demás. Pero una vez que te quitas el disfraz del autoengaño, la complacencia o el victimismo y descubres las viejas heridas que durante tanto tiempo te has resistido mirar, empiezas el proceso de sanarte y cuidar de ti. Al principio duele, porque hay que limpiar y reparar viejos agravios, faltas de respeto y momentos de autodesprecio. Todo eso tiene que salir y puede ser un proceso doloroso. Después tendrás que aprender a perdonarte por todas esas ocasiones en las que no te has tenido en cuenta por agradar a personas que realmente no te importaban, por toda esa vergüenza que has sentido por ser quien realmente eres, por todo el tiempo desperdiciado o mal vivido y por esos momentos en los que te has criticado, infravalorado o abandonado. El perdón será el bálsamo para tus heridas.

Tras la curación por las grandes decisiones, entras en la segunda fase. Hay personas que abandonan aquí y es muy frecuente que tengan recaídas y retornos a la “casilla de salida”. Porque tan importante como las grandes decisiones es la constancia en cuidar los detalles. La segunda fase es una fase de mantenimiento, en la que sigues aprendiendo de ti, ya sin la urgencia de la fase anterior, ahora es un conocimiento más sosegado y profundo, pero el autoanálisis y la autoobservación no los puedes dejar de lado, porque el riesgo al abandono, la inconsciencia y el autoengaño siempre te acompañaran. Es también la fase de la paciencia y el esfuerzo sostenido, de invertir en pequeños cambios, de cuidar, casi mimar determinados detalles contigo, las demostraciones de amor, de cuidar tu diálogo interno, de escoger los pensamientos y elegir las emociones. También es la fase del desafío sostenido, como la tensión interna de un gimnasta antes del salto, con la que evitamos quedar atrapados en la almibarada zona de confort.

Reparar tu autoestima tiene dos fases, no tienes que esperar una crisis para empezar.

Frase: “Quien quiere hacer algo encuentra la forma, quien no quiere hacerlo encuentra una excusa” · Victor Küppers

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