La vida no significa nada si no eres feliz. Puedes tener una salud de hierro. Dinero de sobra en tu cuenta corriente. Un trabajo envidiable. Amigos y familia que te adoran. Un físico atractivo…. Y sentirte una persona desgraciada. Ni tus posesiones ni tus logros te harán feliz. Los divanes de los psicoanalistas, las consultas de los psiquiatras y psicólogos están llenas de personas inteligentes y con dinero, que sufren por depresión, ansiedad, angustia de separación, obsesiones y otros cuadros clínicos. Sin la felicidad todo resulta vacío, insípido, amenazante o una carga absurda y agotadora. La felicidad es la clave. Y contrariamente a lo que muchos piensan no es imposible ni compleja. En realidad se trata de nuestro estado natural. La felicidad es el equivalente psicológico a la salud en el plano físico. Lo natural es tener salud, no estar enfermo. La misma regla se aplica a nuestro estado emocional. Lo natural es ser feliz, no estar angustiado. Hay varias cosas sencillas que puedes hacer para recuperar tu felicidad. Aléjate de las personas negativas, cenizas, criticonas, quejosas y envidiosas. Aléjate todo lo que puedas son una mala influencia. Tu peor influencia. Aléjate físicamente. Y...

Siempre es posible reparar la autoestima. Y hablamos de reparación porque la autoestima es el equivalente psicológico de la salud física, es decir, lo natural es contar con una autoestima sana, sentirnos bien con nosotros mismos, conocernos y querernos. Lamentablemente este es uno de esos casos donde lo natural no es lo frecuente. Tal vez por eso, el momento en el que decides reparar tu autoestima suele venir precedido por una crisis. Puede ser una crisis psicológica, por ejemplo un cuadro de ansiedad o tras una depresión, puede tratarse de una crisis de pareja, tras una separación o un desengaño, es habitual hacerse estos planteamientos tras una crisis profesional y tomes conciencia de que tu trabajo ha dejado de interesarte o simplemente has sido despedido. Y en muchas otras ocasiones este paso se da tras una enfermedad importante, donde la proximidad de la muerte hace que tu escala de valores se tambalee y reconsideres tus prioridades. La reconstrucción de tu autoestima pasa por dos momentos y si quieres recuperarla tendrás que pasar por ambos y en el...

La autoestima se puede entrenar y por lo tanto mejorar y desarrollar. Trabajar la autoestima es como ir al gimnasio o hacer dieta, requiere constancia y disciplina para conseguir resultados estables en el tiempo y que terminen formando parte de tu personalidad. Pero sin duda el esfuerzo vale la pena, porque el resultado es una vida feliz. La autoestima es la relación que tú mantienes contigo y por lo tanto la única de la que no puedes escapar. Si esa relación es mala la soledad o no estar ocupado en algo se convierte en una condena. Es como estar todo el día en la compañía de alguien que no soportas, si has vivido esa experiencia alguna vez, sabes muy bien lo desagradable que resulta. Pero si la relación en buena, también es como estar todo el día con alguien que te encanta, seguro que eso lo has vivido y conoces lo gratificante que es. Para que tu autoestima mejore puedes hacer cosas fáciles que te ayudarán a sentirte mejor contigo: Observa tus pensamientos y tu diálogo interno....

La decisión final marca el momento de la verdad. Antes o después, en algún instante, tendrás que tomar este tipo de decisiones. Con ellas arrancas el comienzo de una nueva etapa de tu vida. Siempre suponen un cambio radical y determinante, sin medias tintas, ni tibiezas. Se trata de elecciones sin términos medios donde lo tomas o lo dejas. Y las consecuencias de estas decisiones tienen un impacto rotundo y contundente en ti y en tu entorno. El momento de la verdad, puede ser terminar definitivamente con una relación importante, con la que has compartido años. Tal vez con la que has creado una familia. Pero en ese punto vas a tener que escoger entre las otras personas o tú. Tendrás que decidir entre evitar el conflicto, las lágrimas o las culpas y vivir de acuerdo contigo, asumiendo los resultados, las ganancias, los peligros y las pérdidas. Este tipo de decisiones implican una renuncia y una ganancia. No entienden de matices, al final son blanco o negro. Escoges algo nuevo para terminar con algo viejo. Escoges la libertad...

Existe un punto de no retorno a partir del cual algún aspecto de la realidad cambia para siempre. Puede ocurrir cuando conoces a alguien y a partir la sonrisa veintisiete por poner algún número, algo cambia para ti de manera definitiva. Y empiezas a mirar a esa persona de otra forma y la escuchas con otra atención. Y te descubres con pensamientos nuevos, haciendo cambios en tu escala de prioridades y en tu agenda. Y al menos para ti, esa relación ya es diferente. Han sido necesarias las veintiséis sonrisas anteriores para que con esa llegues al punto de no retorno, al que hace que a partir de ese instante todo sea de otra manera. Puede ocurrir también que desde el catorce comentario intencionado de tu jefe empiezas a plantearte un cambio de trabajo. Sin los trece anteriores no lo habrías pensado. Y a partir de ese momento tu motivación comienza a ser otra y un día te descubres mirando ofertas de trabajo y enviando el curriculum. La mirada catorce es el punto de no retorno donde...

Si nos situamos en nuestro momento presente, podemos ponderar dos opciones. Una, revisar nuestra memoria, nuestro almacén de datos, emociones, vivencias e ideas. Probablemente este análisis nos ayude a comprender cómo hemos llegado a donde estamos, tanto si consideramos que hemos tenido éxito en nuestros propósitos como si creemos que no tanto. Pero la memoria es un almacén impreciso, altamente selectivo. Si contrastáramos todas nuestras vivencias con un diario íntimo, un blog en el que hagamos aportaciones regulares o con grabaciones en vídeo de nuestra vida, nos daríamos cuenta del desfase que existe entre lo que recordamos y lo que realmente vivimos. Sin embargo, es la memoria que guardamos de las experiencias vividas lo que configura nuestra personalidad actual, no las vivencias en sí. También podemos hacer precisamente lo contrario, y aquí está la segunda opción. Se trata de orientar nuestra mente hacia el futuro y seleccionar conscientemente los pensamientos, las sensaciones y los actos que nos conducirán a las experiencias que queremos vivir. En realidad, son los mismos elementos, pero asimilados de modo distinto. En lugar...