EXCLUSIÓN, VICTIMISMO Y AUTOESTIMA

Cuando pudiendo ser feliz no lo eres, seguramente te estás excluyendo.

La exclusión es la forma que tienes de vivir de una manera dolorosa cualquier tipo de experiencia cuando las circunstancias son objetivamente positivas y favorables. Puedes excluirte en solitario y no disfrutar de la salud que tienes o de la ciudad en la que vives. También puedes excluirte de otras personas y no ser feliz con unos amigos que te quieren o con un hijo que te adora. Seguramente te estás excluyendo cuando tu trabajo tiene muchos más aspectos positivos que negativos, porque cuentas con un buen contrato, ganas un sueldo aceptable, se te reconoce y dices tener un buen jefe, pero ni lo disfrutas, ni lo valoras. O cuando en opinión de cualquiera tienes una buena relación de pareja, que sabes que te quiere y te lo demuestra con hechos, pero tú pones más la atención en las carencias o en las cosas que fallan que en todos los valores que la relación te aporta y con los que creces.

La exclusión tiene mucho que ver con el sabotaje, porque eres tú quien se impide disfrutar de muchas de las cosas buenas que tiene tu vida. También es un pasaporte directo al victimismo, al abandono y al sufrimiento gratuito y paralizante en el que dejas estancando tu crecimiento personal.

El victimismo es una de esas emociones que producen adicción. Si durante mucho tiempo te has sentido, con razón o sin ella, víctima de las circunstancias, de otras personas o de lo que has vivido, tienes tendencia a repetir y atraer a tu vida situaciones en las que terminas sintiéndote mal otra vez por culpa de los otros o de tu entorno, y te parece que ya llevas demasiado tiempo soportando ese malestar, y piensas de que la vida es injusta, o que los demás mereciéndolo menos tienen una vida mejor que la tuya. Casi con seguridad tienes una adicción al victimismo.

Naturalmente, con la cabeza no quieres vivir esas experiencias y crees que es absurdo que alguien pueda tener adicción a algo como el sufrimiento o el victimismo. Pero tu conducta te lleva una y otra vez a vivir situaciones que no quieres y con las que terminas irremediablemente sintiéndote mal. Y eso es porque el objetivo es justamente que te sientas mal. En ese preciso momento recibes tu dosis de malestar y por unos instantes piensas que eso no lo vas a volver a hacer o que vas a cambiar lo que sea, pero cuando haya pasado un tiempo sin estar mal y tu cuerpo tenga el correspondiente síndrome de abstinencia, volverás a recrearte en una de esas situaciones absurdas en las que como siempre terminas pasándolo mal. Esa es la adicción.

Te justificarás. Te engañarás. Echarás la culpa a los otros, las circunstancias, el destino o el Universo. Pero solo se trata del torpe intento de entender con la cabeza lo que tu cuerpo te impone una y otra vez, que tienes adicción a lo que sientes cuando eres una víctima, porque te has excluido de vivir tu realidad con autoestima. Tu sufrimiento es real, dolorosamente real, pero lo que te lleva a ello es tu propia decisión de excluirte.

No te pasa solo a ti. Esta adicción es una epidemia silenciosa cada vez mayor de la que nadie habla a pesar de que los lamentos de las víctimas son cada vez más angustiosos. Se oculta, se miente y se sufre en secreto. Solo se mencionan los efectos y los síntomas pero nadie parece querer ver las causas y las razones reales que hay detrás de tanto dolor absurdo.

Y como en cualquier adicción el primer paso para dejarla es aceptar que realmente es así, que necesitas salir del bucle que te lleva de manera recurrente a recibir tu dosis de sufrimiento y de empezar a demostrarte con hechos que te quieres, no solo con palabras e intenciones. Y eso inevitablemente pasa por sentir que perteneces, disfrutar de lo que vives y elegir cambiar tus pensamientos, tus emociones y tu conducta. Se trata de dejar de excluirte y permitirte ser feliz. Es tu resistencia a ser feliz lo que te impide serlo. El amor por ti se demuestra haciendo por ti, no cambiado tu entorno ni a las personas que te rodean. Y el amor por ti arranca en este mismo momento, tomando la decisión de empezar a disfrutar en el presente de la vida que haces, porque toda tu historia ha sido necesaria para llegar al punto en el que hoy te encuentras.

FRASE: “La tremenda verdad es esta: sufrir no sirve de nada”. Cesare Pavese

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