AUTOESTIMA EN LA COCINA

El acto de comer es un acto de amor. De amor a ti y en el caso de cocinar para otras personas, es siempre un acto de entrega a los demás.

Hay personas que solo se alimentan. Tal vez ni eso, quizás solo se limitan a ingerir. Y les da lo mismo meterse en la boca lo que sea con tal de aplacar la sensación de hambre en el estómago. Comen cualquier cosa, de cualquier manera, en cualquier momento. Puede ser tomar el café o algo caliente y oscuro por la mañana en vaso de cartón reciclado mientras caminan a la oficina, o terminar el croissant en el coche al tiempo que van conduciendo al trabajo. Puede ser tomar un sándwich rápido mientras corren por el aeropuerto hacía la puerta de embarque o delante del ordenador a la vez que terminan ese informe que parece más importante que ellos. O tal vez se trate de fulminar de una sentada la tableta de chocolate a modo de cena cuando miran con una concentración casi hipnótica su serie de televisión favorita.

Algunas personas cuando sufren por la razón que sea dejan de comer, pierden el apetito, se les cierra el estómago o se olvidan de comer. Para las personas con anorexia sentarse en una mesa y solo pensar en calorías se convierte en una experiencia insoportable que tienen que evitan, bien no comiendo o vomitando rápidamente lo ingerido. Otras sin embargo, comen hasta hacer de la comida un modo de tortura, e ingieren cantidades exageradas o con una velocidad que asombra, más que comer tragan, a veces alimentos que les hacen daño, como sí la ingesta fuera una especie de castigo con el que destrozan su digestión, su metabolismo, su cuerpo y su salud.

Sin embargo comer, junto con la respiración, es el acto más vinculado a la vida. Comemos y bebemos para seguir vivos. La alimentación es una forma de cuidarnos, incluso en algunas culturas la comida es, además de alimento, medicina.

Desde esa prospectiva, cocinar se convierte en una oportunidad para expresar tu autoestima desde el primer momento. El hecho de comprar puede ser divertido, busca no solo comida que conoces y te gusta, prueba cosas nuevas, disfruta del acto de adquirirlo, va a ser para ti y los tuyos, mereces lo mejor. Y lo mejor, la mayor parte de las veces no significa lo más caro, busca lo más fresco, lo más sano y natural, aquello que esperas que te aporte energía y salud.

Cocinarlo y prepararlo vuelve a ser una oportunidad de disfrutar. Puede que prefieras cocinar en soledad y hacer de ello un ejercicio de meditación zen que te ayude a mantener la mente atenta, concentrada y disciplinada. O puede que prefieras compartir la experiencia de cocinar en familia o con amigos. Es una manera de vivir ese momento en compañía de las personas que quieres y se convierte en algo lúdico y especial. Tanto en un caso como en otro, mientras cocinas pon amor en cada uno de tus actos, desde lavar la lechuga, a preparar el postre. Sé consciente de que lo estás haciendo y envía energía positiva a eso que estás preparando, sea una sencilla sopa o un plato más sofisticado.

Traslada ese amor a la mesa, cuida los detalles, coloca los cubiertos y la servilleta aunque sea de papel, mantén el orden y la limpieza, los japoneses son expertos en trasladar la belleza al plato y cuidan la vajilla y el servicio, la colocación de los alimentos y la manera de presentarlos. Al final todo cuenta.

Se trata de que cuando te sientes a la mesa seas consciente de lo que vas a comer, sientas placer del acto de comer y disfrutes cada bocado, mastiques despacio y con atención para apreciar las texturas y los sabores. Agradece a la Vida los nutrientes y el milagro de la naturaleza que ha hecho posible los alimentos que vas a comer. Muestra tu gratitud a todas aquellas personas anónimas, desde el agricultor al cocinero, que te permiten disfrutar de lo que tienes en el plato. Y piensa mientras comes en la suerte que tienes al poder disfrutar de esa experiencia de amor hacia ti y hacia las personas con las que compartes ese momento.

FRASE: “Deja que tus alimentos sean tu medicina y que tu medicina sean tus alimentos”. Hipocrates de Cos

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