VULNERABILIDAD Y AUTOESTIMA

Hay momentos de nuestra vida en los que nos sentimos vulnerables, heridos por sucesos negativos que ponen a prueba nuestra capacidad de salir adelante. Nos sentimos vulnerables cuando nuestra intención de controlar lo que nos sucede desaparece peligrosamente y nos asemejamos a barquitos de papel a la deriva dentro de la corriente de la vida y lanzados contra arrecifes que nos lastiman. No somos dioses, somos humanos y las heridas forman parte de la vida. Todos somos heridos alguna vez y cada herida es una invitación a considerarnos como víctimas permanentes. Tenemos derecho a considerarnos víctimas de una injusticia, de una negligencia o de un ataque pero no debemos considerar que el papel principal de nuestra vida desde ese momento será el de víctimas. Si lo hacemos, nos rendiremos y lo malo habrá vencido sobre lo bueno.

Aceptar nuestra vulnerabilidad en lugar de tratar de ocultarla es la mejor manera de adaptarnos a nuestra realidad y ser adultos. El temor a parecer débiles es una gran debilidad en sí misma, pero debilidad y vulnerabilidad no son lo mismo. Ser vulnerables es un elemento más de nuestra vida, ser débiles es un elemento de nuestro carácter. Podemos ser muy fuertes psicológicamente y a la vez vulnerables. Muchas veces la búsqueda de la invulnerabilidad enmascara una búsqueda de no parecer débiles y “amurallarnos” detrás de supuestas defensas como la fama, la insensibilidad, el dominio o la soledad. Defensas que nos debilitan aún más porque la verdadera fortaleza no reside en evitar aquello que es bueno para nosotros pero que nos puede herir. Por ejemplo, evitar el compromiso por miedo a ser traicionados.

Superar un trauma, seguir adelante en momentos de alta vulnerabilidad emocional, es madurar como persona. Aceptar que no siempre vamos a controlar lo que nos ocurre pero sí podemos elegir cómo responder psicológicamente a lo que nos ocurre. Confiar en nuestra capacidad de sanarnos y superarnos, contar con la ayuda de otras personas que han sufrido igual y que nos dan lecciones de vida. Como dijo Albert Camus, “en las profundidades del invierno finalmente aprendí que en mi interior habitaba un verano invencible”.

“La vida es ciervo herido que las flechas le dan alas”

Luís de Góngora

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