TIMIDEZ Y AUTOESTIMA

Los tímidos suelen ser personas sensibles y con una gran capacidad de reflexión, a los que se les escapan pocos detalles cuando se relacionan con los demás. Es por esto que viven con mayor intensidad las experiencias de relación con otros, lo que les hace más proclives al miedo social. Es paradójico que lo que a veces les hace sufrir, su miedo, parte de una capacidad más elevada de lo habitual, su sensibilidad y su inteligencia. Son más fuertes de lo que ellos mismos creen, hasta alguien dijo una vez que había que evitar a toda costa a los enemigos tímidos. Desde esta sensibilidad mal gestionada, una persona tímida es más propensa a sentir el rechazo de otros por una simple palabra o gesto entre cientos de ellos, a idealizar a otros por parecer en un primer momento mejores comunicadores, más expresivos y ocurrentes en una conversación o a focalizarse en lo que deberían cambiar de sí mismos, como si ese hipotético elemento negativo fuese lo que les definiese globalmente.

Por ejemplo, si se ponen rojos al hablar en público, ese detalle se convierte en el elemento principal de dicha actividad. Ellos han fracasado porque su cara cambia de color, en comparación con el resto de oradores que no tienen su defecto. Se focalizan en su dificultad, idealizan a los demás y se autoevalúan con gran exigencia. Confunden una parte con el todo, como buenos tímidos, y pasan a un segundo plano su nivel de conocimiento, su experiencia, el contenido de su exposición o que quienes le van a escuchar apenas van a percibir su rojez y mucho menos lo van a analizar como la parte clave de su charla.

En este ejemplo aparecen las claves para superar la timidez. Para empezar, dejar de idealizar a los demás, son seres humanos como ellos, con sus puntos fuertes y sus puntos débiles, intentando mostrar lo mejor de sí mismos y camuflar lo menos bueno. No son mejores por no ser tímidos, son diferentes. Simplemente, gestionan mejor el miedo social que tenemos todos. Los tímidos necesitan aprender a superar el rechazo: es como rodear un obstáculo en vez de quedar atascado en él, intentando que desaparezca o no vuelva a aparecer en el futuro. Superar el rechazo significa que aceptan la posibilidad de que pueden ser rechazados y que no pasa nada. Cuando un tímido asume este hecho, se libera. La última clave, focalizarse en lo bueno de uno mismo. Decía Moliere que la timidez es la desconfianza del amor propio, que deseando agradar teme no conseguirlo. Se trata de apreciarse y quererse tal y como es, con sus defectos e imperfecciones. Priorizarse a sí mismo, desde su autoestima, antes que complacer a otros para ser mejor aceptados y evitar críticas y rechazo. Hay muchas maneras de llegar al éxito, y los tímidos también triunfan. A su manera, como el resto de triunfadores.

FRASE: “Yo era el ser humano más tímido jamás creado, pero tenía un león dentro que no se iba a callar”.
Ingrid Bergman

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