Hay que ver cómo nos complicamos la vida. Mantenemos relaciones tóxicas, amistades improductivas, casas enormes atestadas de trastos que ni sabemos que tenemos, complicados vestuarios que guardamos para cuando lleve una improbable ocasión, horarios y planificaciones temporales saturadísimas que nos hacen vivir como pollos sin cabeza, etc. Hay que ver cómo nos complicamos la vida con lo sencillo que es vivir. Quitar todo lo superfluo, dejar de materializar nuestro bienestar con compras y compras que atiborran nuestras casas y nuestros armarios y nos complican la vida, aprender a disfrutar de las pequeñas cosas que siempre son sencillas y gratuitas como una puesta de sol, dejar de realizar tareas sucesivas que nos obligamos a hacer como máquinas de las que no obtenemos ningún placer más que la breve satisfacción, o la reducción de la ansiedad, por poder poner un visto en tu lista de pendientes para, inmediatamente después, meter 6 cosas más para el día siguiente, haga solamente una cosa a la vez, haz las cosas más despacio, … Vivir es muy sencillo. Priorízate, valórate, vive el presente, aprende...

¿Vives o estás vivo? ¿Qué entiendes tú por vivir? A las personas que viven se les nota rápidamente. Lo primero que desprenden es una gran felicidad y serenidad. En realidad, en occidente hay un pequeño porcentaje de personas que tienen una alta autoestima. Entre un 5 y un 10%. ¿Te sorprende? ¿Crees que eres uno de ellos? Sigamos con las características a ver si te reconoces en ellas. Las personas que viven, disfrutan de todo. Lo viven todo, un trayecto en autobús, la limpieza de la cocina, una reunión larga, … Disponen, por entrenamiento, de una capacidad excepcional llamada proactividad emocional, que les permite elegir como quieren sentirse al margen de la experiencia. No es magia, tú también puedes hacerlo. Como digo, se entrena. Quieren vivir y lo van a hacer a toda costa. Sea lo que sea. Eligen vivir. Viven en el momento presente. El aquí y el ahora. No te pierdas en anhelos, remordimientos, culpas, preocupaciones, expectativas, … siente el fresquito del aire acondicionado, huele el perfume único de tu bebé, siente la suavidad de la prenda que llevas...

¿Qué harías si te quedaran 3 meses de vida? Hay quién se puede sorprender ante una pregunta de estas características e incluso reaccionar impactada por el hecho de pensar en su propia muerte y de una manera tan próxima pero tengamos la edad que tengamos, nunca sabemos cuando vamos a morir. La idea de esta pregunta no es pensar en la muerte, sino en la vida. En vivir. Te propongo esta cuestión a fin de que valores tu rutina, tu día a día, tu felicidad, tus amistades, tu trabajo, tu pareja,… y pienses si seguirías haciendo exactamente lo mismo que haces y compartiéndolo con las personas que te rodean si tan solo te quedaran 90 días que vivir. Si tu respuesta es un sí rotundo, enhorabuena. Si en ella hay matices, analízalos y toma las decisiones que con valentía tomarías si estuvieras a punto de perder lo más valioso que tenemos y cualquiera otra de las pérdidas pasara a un segundo plano perdiendo toda la importancia. De hecho cuando no tomas esa decisión, estás eligiendo. Al no...

El dolor físico cumple la función de ser la señal de alarma ante algún peligro para tu biología. Un corte, un golpe, una quemadura, son agresiones que sufre tu cuerpo y el dolor te obliga primero a retirarte de la fuente de agresión y, en segundo lugar, a parar y dejar lo que estuvieras haciendo. Mediante el dolor físico recuperas la atención para ti, obligándote a concentrarte en esa parte de tu cuerpo que te duele y corrigiendo cualquier tipo de dispersión o distracción. El dolor físico te devuelve al momento presente de una forma rotunda y absoluta. Y a partir de ese momento tu biología comienza el proceso de recuperación y sanación. El sufrimiento psicológico es diferente. Seguramente no haya emoción más inútil que el sufrimiento psicológico. Ya sea en forma de culpa, preocupación, ansiedad, pánico o depresión. Entrar en el sufrimiento psicológico es comenzar la caída al pozo sin fondo de la parálisis, el victimismo y la amargura. Siempre vas a encontrar razones para sufrir. ¡Siempre! Porque siempre hay cosas a mejorar, injusticias, situaciones terribles,...

¿Quién soy yo? ¿Qué hago aquí? Son las eternas preguntas que aunque tal vez te hayas hecho varias veces, posiblemente ya hayas olvidado por no encontrar una respuesta que te convenza. Pero que en algún momento de tu más o menos lejana adolescencia te cuestionaste sobre el sentido de tu existencia o las razones para vivir. Con esas preguntas buscabas aclararte para salir de la confusión entre el personaje o los personajes que has ido construyendo y representas y Quién Realmente Eres. Es la segunda cuestión de la que hablaremos hoy. ¿Qué haces aquí? ¿Qué sentido tiene tu vida? ¿Para que has venido a vivir esta existencia? Pienso que al menos existen cuatro respuestas. Cuatro razones para vivir. La primera razón de tu existencia es que has venido para ser feliz. La felicidad es tu estado de ánimo natural, de la misma manera que la salud es el estado natural de tu biología. Y al igual que la enfermedad es solo una excepción a tu salud, el malestar, la angustia, la depresión o el sufrimiento son excepciones a...