Nos enseñan historia, geografía, matemáticas, incluso latín… y esta genial saber todas esas cosas. Son muy necesarias. Pero hoy, tras haber escrito 60 blog en parentepsis, quiero hablar de educar en lo importante. La clave de la felicidad para mí no está en saber 10 idiomas, ser el mejor abogado, contar con un buen sueldo o con 20.000 euros en tu cuenta y tener un cuerpo 10, que no está nada mal. Pero hay muchas personas con esas características profundamente infelices o queriendo acabar con su vida. ¿Por qué? Porque no toleran la frustración en su día a día, sea por un atasco en la autopista o por una reunión inesperada; porque confunde la autoeficacia con la autoestima y pueden ser muy capaces y tratarse fatal y no valorarse ni quererse en absoluto, en definitiva, porque no son inteligentes emocionalmente hablando. Es crucial que se siga implantando en escuelas y, sobre todo, que se transmita y ejemplifique en los hogares un sistema educativo que coloque en un lugar destacado a la inteligencia emocional. Ser feliz, para mí, no significa que todo te vaya bien ni que cada día estés alegre y sonrías....

Como seres sociales que somos, buscamos relacionarnos y compartir nuestra vida. En esta sana elección encontramos complicaciones, pérdidas, retos, cesiones… que nos ponen en un brete. Desde el enfoque de la autoestima se nos dice que tenemos que priorizarnos, elegirnos y ser lo más importante de nuestra vida, pero cuando tratamos de relacionarnos con autoestima con otras personas que nos rodean, con nuestras parejas, nuestros hijos, … vienen las dudas. ¿Estaré olvidándome de mi? ¿Es normal? ¿Soy egoísta al hacerlo si me elijo? Encontrar un equilibrio se plantea difícil. No perdernos, clave. A veces en este camino social, creamos dependencia emocional. Un tema bastante común y complejo. Algunos autores hablan de que la dependencia se creó cuando de niños nos fue negado el afecto, la atención o el amor, o éste fue insuficiente, generando una búsqueda crónica que se posa en las relaciones y que trata de suplir esa carencia afectiva interiorizada. Nunca nadie podrá satisfacer esa demanda desde fuera. Solo tú puedes llenar ese vacío interior, esa falta de amor. Para ello, para obtener ese amor, la persona es capaz de aguantar lo inaguantable, ceder y buscar la aprobación del otro, buscar...

La autoestima se puede entrenar. Esa es una de sus ventajas más importantes. Puedes mejorarla si la trabajas. Otra ventaja importante es qué lo natural es tenerla. La autoestima es como la salud, igual que lo esperado es tener una buena salud, también cabe esperar que cuentes con una buena autoestima. Estas son las 10 pautas para tener una autoestima sana y fuerte: Conócete. La Autoestima es la relación que tú mantienes contigo. Como cualquier relación, necesitas conocer, y cuanto más y mejor te conozcas mucho mejor te irán las cosas. Solo podemos querer aquello que realmente conocemos. Aquello que se quiere pero en realidad no se conoce, es solo una fantasía, una idealización o un deseo imaginario. Trátate como a tu mejor invitado. Tienes que demostrarte que eres realmente importante para ti. Imagina que tienes unos días en tu casa y a tu cargo un invitado muy especial para ti. ¿Qué harías para hacer agradable su estancia? Pues aplícate la misma regla. Si lo harías por tu mejor invitado hazlo por ti. Mímate. Sé amable....

¿Vives o estás vivo? ¿Qué entiendes tú por vivir? A las personas que viven se les nota rápidamente. Lo primero que desprenden es una gran felicidad y serenidad. En realidad, en occidente hay un pequeño porcentaje de personas que tienen una alta autoestima. Entre un 5 y un 10%. ¿Te sorprende? ¿Crees que eres uno de ellos? Sigamos con las características a ver si te reconoces en ellas. Las personas que viven, disfrutan de todo. Lo viven todo, un trayecto en autobús, la limpieza de la cocina, una reunión larga, … Disponen, por entrenamiento, de una capacidad excepcional llamada proactividad emocional, que les permite elegir como quieren sentirse al margen de la experiencia. No es magia, tú también puedes hacerlo. Como digo, se entrena. Quieren vivir y lo van a hacer a toda costa. Sea lo que sea. Eligen vivir. Viven en el momento presente. El aquí y el ahora. No te pierdas en anhelos, remordimientos, culpas, preocupaciones, expectativas, … siente el fresquito del aire acondicionado, huele el perfume único de tu bebé, siente la suavidad de la prenda que llevas...

El olvido es patrimonio de tu inconsciente. No es ni tu conciencia ni tu fuerza de voluntad quienes deciden que borrar de tu memoria. Conscientemente solo puedes crear estrategias para tratar de recordar, “trucos” para asociar unos sucesos a otros, “claves” para memorizar, nombres, fechas o palabras. Pero solo la bestia sagrada de tu inconsciente tiene el poder de “resetear” tus neuronas hasta hacer desaparecer de tu memoria fragmentos de tu historia personal y devolverte la inocencia de quien no sabe nada porque no recuerda nada. Para bien o para mal llevas sobre tus hombros el peso de tu memoria. Con los recuerdos de que quien crees ser tu ego se nutre con voracidad y teje la red de lo que llamas tu realidad, por la que luego tú te mueves sin cuestionarla. Aunque no eres libre para elegir el olvido, puedes hacer el ejercicio de “soltarlo todo” por un instante, solo por un momento ir soltando poco a poco todo aquello que crees ser. Solo tienes que cerrar los ojos, poner la atención en tu respiración...

Un parásito es un organismo que vive a costa de otro. Puede ser un animal o un vegetal, se nutre del organismo que parasita, debilitándolo aunque, por lo general, sin llegar a producirle la muerte. Etimológicamente la palabra procede el latín “parasitus” y esta a su vez del griego antiguo y significa “comensal”. Podemos tener emociones con las que convivimos que aunque no son realmente nuestras y no responden a las circunstancias que vivimos en ese momento nos acompañan como si nos pertenecieran y se expresan de una manera ilógica y desproporcionada. Se nutren de experiencias vividas en el pasado y de las reacciones que tuvimos entonces, de recuerdos infantiles, de los modelos afectivos que nos acompañaron y sus conductas siendo nosotros pequeños, de los mandatos, las prohibiciones y los permisos que recibimos siendo niños, y de las creencias irracionales y los paradigmas que hemos ido construyendo. En ese sentido nos parasitan y debilitan porque nos dejan atascados en una realidad ajena, subjetiva y atemporal que no guarda relación con nuestro momento presente. Cuando tienes emociones parásitas, es como...