EMOCIONES PARÁSITAS

Un parásito es un organismo que vive a costa de otro. Puede ser un animal o un vegetal, se nutre del organismo que parasita, debilitándolo aunque, por lo general, sin llegar a producirle la muerte.

Etimológicamente la palabra procede el latín “parasitus” y esta a su vez del griego antiguo y significa “comensal”.

Podemos tener emociones con las que convivimos que aunque no son realmente nuestras y no responden a las circunstancias que vivimos en ese momento nos acompañan como si nos pertenecieran y se expresan de una manera ilógica y desproporcionada.

Se nutren de experiencias vividas en el pasado y de las reacciones que tuvimos entonces, de recuerdos infantiles, de los modelos afectivos que nos acompañaron y sus conductas siendo nosotros pequeños, de los mandatos, las prohibiciones y los permisos que recibimos siendo niños, y de las creencias irracionales y los paradigmas que hemos ido construyendo. En ese sentido nos parasitan y debilitan porque nos dejan atascados en una realidad ajena, subjetiva y atemporal que no guarda relación con nuestro momento presente.

Cuando tienes emociones parásitas, es como que llevaras los zapatos de otra persona, te producen rozaduras y te hacen caminar con dificultad. En realidad a tus pies no les pasa nada, lo único que ocurre es que esos no son tus zapatos.

Por eso es posible que ese miedo exagerado y paralizante que te aborda en situaciones normales, en realidad no sea tuyo, sino algo aprendido de tu sobreprotectora madre, que lo has integrado en tus respuestas emocionales a fuerza de ver su reacción y escuchar sus mensajes una y otra vez. Tal vez esas descargas de rabia y cólera que tienes y que luego te dejan tan mal, las incorporaste del abuelo, que tenía un carácter muy fuerte, vivió unas circunstancias muy duras y en aquellos tiempos esos puñetazos en la mesa y hablar en voz alta eran cosa de hombres, pero quizás tu situación sea muy diferente hoy en día, y por mucho que te hayan dicho que te pareces mucho al abuelo, en realidad ni eres el abuelo ni vives la misma historia. Podría ser que ese sentimiento de angustia, inseguridad y tristeza que sientes y que no sabes explicar muy bien se instaló en tu vida desde aquella enfermedad que tuvo tu pareja y por la que estuvo a punto de morir, y aunque la supero y hoy sigue a tu lado, tú desde entonces no has vuelto a ser la persona que eras.

Todos esos sentimientos son emociones parásitas. Pertenecen a otras personas que estuvieron con nosotros y de alguna manera marcaron nuestra manera de ver las cosas, o responden a experiencias muy distintas a las que vivimos hoy en día pero que nos dejaron atascados en un limbo intemporal, robándonos el momento presente y la libertad de ser felices.

Las personas muy empáticas son propensas a que se les instalen este tipo de parásitos. La empatía es la capacidad de sentir lo que la otra persona siente, no solo de saber lo que siente, sino de sentirlo realmente en tu cuerpo. Por eso es muy fácil que tras pasar un rato con ese vecino tan bajo de energía y entusiasmo, que ha estado quejándose de lo mal que le van las cosas, llegues a tu casa sin ganas de nada, aunque tengas una vida maravillosa. O cuando has estado toda la mañana junto a esa compañera de trabajo que critica y protesta por todo, entre escaqueo y escaqueo, mientras tú te ocupas de lo que ella no termina, que amenaza con dejar ese trabajo pero no hace nada para buscarse otro, es posible que termines tu jornada laboral con un sentimiento de desmotivación que no es tuyo, por que si lo piensas, te han reconocido varias veces tu valía profesional, te han subido este año el sueldo y te han propuesto para una próxima promoción, pero sientes que ese lugar es un infierno.

Cuando te sientas mal tienes que preguntarte ¿esto es mío? ¿justifican mis circunstancias mi reacción emocional? Y si la respuesta es negativa en los dos casos tendrás que preguntarte además: ¿de quién es esta emoción que se me ha pegado? ¿quién reaccionaba así? ¿dónde aprendí a comportarme de esta manera? Y cuando lo hayas identificado, tienes que desprenderte de esa conducta, como te desprenderías de unos zapatos que no son tuyos, te hacen daño y te impiden avanzar. Y entonces descubrirás el alivio que sientes y que todo vuelve a fluir de nuevo.

FRASE: “Toma el control de tus emociones y cambiarás tu vida diaria”. Anthony Robbins

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