RENUNCIA Y AUTOESTIMA

Renunciar significa dejar voluntariamente algo o dejar de hacer por sacrificio o necesidad.

Paradójicamente vivimos en una sociedad con una cultura de desecho (cambiamos constantemente de móvil, de ropa, de coche,…) sin embargo, ¿cuántas veces mantenemos firmes nuestras decisiones aguantando más de lo que deberíamos? Sucede que en nuestra sociedad darse por vencido está estigmatizado, es sinónimo de fracaso y signo de debilidad.

En algunas regiones del mundo han diseñado una trampa para cazar a los astutos y ágiles monos. El método más efectivo para resolver este desafío es bastante sencillo. Consiste en introducir en un recipiente o vasija algún tipo de alimento apetecible para el animal cuyo orificio sea lo suficientemente amplio para poder meter la zarpa pero tan estrecho que cuando el animal cierra el puño para hacer presa le es imposible sacarla sin renunciar al premio. Lo interesante es que el mono no parece ser capaz de renunciar a lo que le va a condenar y el cazador puede tranquilamente hacerse con él.

Al igual que los monos, los humanos nos mostramos incapaces de soltar, de renunciar a ideas, objetos, hábitos, paradigmas y emociones. Nos quedamos atrapados en trabajos que nos desmotivan, parejas rotas, amistades improductivas, casas que no cubren nuestras necesidades, pensamientos asimilados en la infancia caducos para nuestra vida actual, armarios atestados de ropa inservible, estados de ánimos tóxicos, adicciones, enfermedades, etc. sin poder renunciar, abrir la mano y ser libres.

Ciertamente no es fácil soltar el plátano.

Muchas veces, lo que tenemos agarrado y a lo que no podemos renunciar nos causa un gran malestar y sufrimiento. El malestar nos atrapa, nos pone en peligro, pero cumple una función oculta a la que no es fácil renunciar. Es lo que llamamos la ganancia secundaria y es lo que mantiene una conducta o comportamiento a pesar de sufrirlo. Puede que la ganancia que obtengas sea afecto, aprobación o cubra la cuota mínima de atención diaria que todos necesitamos.

¿Quién querría estar mal? No existe intencionalidad ni consciencia. Pero ahí está la clave de la salvación. Para ser libre debes ser consciente de que eres tú y solo tú el que estás agarrando el plátano que te condena con todas tus fuerzas, que eres el único que puedes abrir la mano y dejarlo ir aunque ello implique adentrarte en la incertidumbre a corto plazo para, con perseverancia, alcanzar la libertad. El primer gesto pasa por la responsabilidad y la consciencia de que tú eres el que estás atrapado para decidirte a soltar, hacer algo diferente y lanzarte a la única decisión que tiene sentido a largo plazo.

Ser conscientes de esto es el primer paso hacia un cambio real.

Frase: “La libertad significa responsabilidad; por eso, la mayoría de los hombres le tiene tanto miedo”. George Bernard Shaw

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