¿QUÉ VAS A HACER CON TU VIDA?

Puede que tengas una vida agradable, una vida cómoda o una vida que no te gusta. Seguramente en algún momento te has planteado mejorarla, lo habrás logrado, o habrás desistido del intento. Quizás te has acostumbrado a hacer lo de siempre y ni siquiera esperas otros resultados. A lo mejor te conformas con realizar tu trabajo, cumplir con tus responsabilidades y tener algunos ratos de ocio. Vas viviendo.

De repente algo imprevisto sucede: nace un hijo, muere alguien cercano, te quedas sin trabajo, te diagnostican un tumor, te salta el airbag del coche al estrellarte, se inunda tu vivienda o te quedas colgando en el vacío mientras practicas puenting.

Al principio no eres capaz de valorar lo que te pasa, y te da la sensación de que tu vida se ralentiza, todo comienza a suceder a cámara lenta, y grabas en tu mente cada segundo de la experiencia. Después, el miedo te mira de frente, y lo que ves te asusta tanto que te quedas paralizado. No quieres enfrentarte a eso, no quieres estar ahí, no quieres tener ese problema. Gritas pidiendo socorro. Pides que alguien te ayude, que otro te saque de ahí, que otro corra el riesgo por ti. Y esperas.

Pero la vida no espera, y tu hijo te demanda atención, la pérdida de ese ser amado necesita sanarse, has de seguir pagando tus facturas, el tumor puede reproducirse, la puerta del coche no se abre, los bomberos no llegan, la cuerda comienza a crujir. No puedes seguir esperando. Tienes que actuar.

Haces lo que puedes. Pones a trabajar tu imaginación y sacas tus recursos. Calmas al niño que llora (quizás eras tú mismo), pasas el periodo de duelo, encuentras otro empleo, te curas de tu enfermedad, logras salir del coche, el seguro se hace cargo de tu casa y consigues estabilizar tu posición en el aire.

Ya está. Has conseguido tu objetivo. Has recuperado tu vida, todo sigue igual…

Si has pasado por esto alguna vez, sabes que la vida no se detiene, y vuelve a presentarse llena de situaciones imprevisibles una y otra vez. Felicítate si es así: eso solo sucede porque has demostrado que sabes superarlas. De otro modo, la vida no te premiaría con más entrenamiento extra. Puede que alguna de esas veces pierdas el ánimo para continuar, incluso quizás te resignes a aceptar tu suerte: no encuentras el aliciente para sortear más obstáculos, se te acaban los motivos para levantarte.

En uno de esos momentos de oscuridad, la vida –imprevisible, imparable, irreverente y burlona— sacude tu conciencia. La vida solo busca vivirse a sí misma, no puede permitir la inmovilidad. Te descubres a ti mismo: estás ahí, respiras cada día, no puedes irte, imposible escapar a tu propia vida. El miedo de perderla se enfrenta a tus otros miedos, y aunque no puede vencerlos, se hace su aliado. Aunque tienes miedo, avanzas. Aunque no sabes qué tienes qué hacer, lo haces. Aunque no tienes fuerza, la encuentras. Se te han acabado las ideas y se te ocurren otras. Sientes dolor, y lo soportas. Tienes ganas de llorar y te aguantas. Dejas de dar vueltas al problema y la solución te encuentra.

Sucede algo mágico entonces, algo así como un salto en tu evolución personal. Ese momento se convierte en una puerta hacia otro dominio, hacia un terreno desconocido de ti mismo. Descubres de pronto una vía inexplorada, un camino directo hacia eso que estabas buscando y que no eras capaz de encontrar. Aparece en forma de amigo, de mensaje o de ángel, y llega hasta ti, especialmente para ti.

Ese momento te estaba esperando para ser vivido por ti. La vida ya no será algo que sucede, sino algo que tú harás suceder.

FRASE: «Tu tarea es llevar la vida en alto, jugar con ella, lanzarla como una voz a las nubes». Pedro Salinas

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