Negación frente al covid19

La negación es un mecanismo de defensa para hacer frente a la ansiedad. Ante una situación potencialmente amenazante negamos lo que resulta evidente para otras personas o incluso para nosotros mismos cuando somos capaces de “abrir los ojos” a la realidad y percibir con objetividad. Cuanto más ansiedad produce la situación amenazante más fuerte puede a ser la negación.

He visto alcohólicos que afirman convencidos que beben “lo normal” o anoréxicas que a pesar de la extrema delgadez dicen estar gordas. Se trata de un proceso de filtrado perceptivo donde algunos hechos pasan desapercibidos y se vuelven invisibles o su interpretación se relativiza hasta restarles importancia y resultar emocionalmente manejables para la persona.

La negación es un mecanismo de defensa muy primario y ya desde muy pequeños lo utilizamos, cuando algo nos resultaba desagradable, nos tapábamos los ojos con las manos, como si el hecho de no verlo hiciera desaparecer lo que nos angustia. Podemos negar síntomas claros de un cáncer hasta que ya es “demasiado tarde”, evidencias de que un hijo tiene una conducta delictiva hasta que la policía lo trae a casa, problemas serios en el trabajo hasta que nos presentan el despido o que nuestra relación de pareja está naufragando hasta que un día nos dicen que se terminó.

La negación consiste en meter bajo la alfombra todas aquellas evidencias que nos resultan dolorosas. Negarlas es hacer como que no existen, restarles importancia y minimizarlas, frivolizar y bromear con ellas y por supuesto no verlas realmente. Al final, todo aquello que fuimos metiendo bajo la alfombra, alimenta al dragón del caos y cuando este sale arrasa con todo. La negación no solo nos salva de la angustia que nos produce lo que está delante de nuestros ojos. Sobretodo nos evita asumir la responsabilidad de nuestra vida para buscar soluciones, hacer cambios o enfrentar el problema. Por lo tanto al negar nos quedamos estancados y anestesiados en una falsa zona de confort.

La pandemia del covid19 es una experiencia terrible para todo mundo: han fallecido personas, las UCIs de los hospitales se han desbordado, se han perdido puestos de trabajo, hemos estado confinados en casa y hemos modificado en muy poco tiempo ciertos hábitos como utilizar la mascarilla, mantener la distancia de seguridad o evitar situaciones de riesgo. Poco a poco en España estamos saliendo del estado de alarma para volver a lo que ya se llama la “nueva normalidad”, que hace solo unos meses nos habría causado risa o estupor. Según vamos pasando de una fase a otra, hemos empezado a salir a la calle, nos sentarnos en las cafeterías, hacemos deporte o vamos de compras. Pero es importante que no neguemos la realidad como hicimos al principio de la tragedia, porque la realidad es exactamente la misma que llevó al gobierno a decretar el estado de alarma y nos obligó al confinamiento.

No ha cambiado nada, ni hay vacuna, ni hay tratamiento, el virus sigue estando ahí, y el riesgo de contagio es exactamente el mismo que hace unos meses. Sin embargo, hemos empezado a comportarnos como si el peligro ya hubiera pasado y lo cierto es que no es así. Simplemente estamos negando la realidad. Es importante recordar que en la vida “las lecciones que no se aprenden se repiten” y que las decisiones que no tomamos, la Vida las tomará por nosotros y cuando lo hace siempre es sin contemplaciones y “a lo bestia”.

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“Lo reprimido tiende a repetirse”

Sigmund Freud

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