MASCOTAS

Por mucho que tratemos de disimularlo y nos ocultemos bajo prendas de alta costura, recurramos a la cirugía estética o nos entreguemos con obsesión al más sofisticado estilismo, seguimos siendo mamíferos. Por más que se nos llene la boca hablando de cultura, mercados financieros, riqueza lingüística, arte, política o religión tal vez seamos la especie con mayor conciencia de su propia infelicidad y eso nos hace aun ser más desgraciados. Podemos sentir verdadero orgullo del sistema de vida que hemos creado, del avance tecnológico del que somos capaces, de nuestra capacidad para modificar el entorno y el planeta y eso solo nos recuerda que somos el depredador más peligroso y lo lejos que hemos ido tras la expulsión del paraíso.

Nuestro modo de vida es la vanidosa y soberbia puesta en escena de nuestro ego. Lo real ya no es lo importante, lo que ahora verdaderamente cuenta es lo que las cosas parecen. La verdad ha dejado de residir en la conciencia o el corazón, ahora la buscamos en lo que dicen los medios de comunicación o en la opinión de los demás. Hemos hecho un esfuerzo titánico por escapar de nuestra naturaleza orgánica y tal vez por eso despertamos en mitad de la noche con una angustiosa sensación de soledad y vacío.

Hemos sustituido la empatía por un sofisticado sistema lingüístico y simbólico. El lenguaje nos permite mentir, algo que no es posible desde la empatía. Y el contacto físico ha pasado a ser un tabú, por eso nos relacionamos a través de las redes sociales o el móvil. Sentimos un angustioso pudor ante nuestras propias emociones y tomamos prestadas y hablamos de las que otros nos ofrecen en programas y películas.

Somos “la mona vestida de seda”. Esquizofrénica, vanidosa, triste y sola. En la jaula de oro, luchando con desesperación por prolongar un poco más una vida vacía, estéril y sin sentido. Porque la muerte es aceptar la derrota irremediable y el desperdicio de la propia existencia.

Con esa realidad emocional de fondo, las mascotas son un puente a nuestra verdadera esencia, nos recuerdan, la procedencia y cual es nuestro lugar de pertenencia en el reino animal. Son nuestros mediadores con la Naturaleza y la Vida orgánica.

Vivir con una mascota nos permite retomar el hilo de Ariadna y encontrar el camino de vuelta a nuestra realidad más intima, genuina y biológica. Por eso las mascotas modifican nuestros afectos, nos devuelven la empatía y activan en nuestro inconsciente interruptores olvidados que encienden la ilusión por la vida, la inocencia y la reconexión al momento presente.

Hay reseñas del trabajo terapéutico con animales datadas en 1792 en Inglaterra, en 1867 en Alemania o 1944 en EEUU. Las Terapias Asistidas con Animales (TAA) cada vez se están utilizando más para mejorar nuestra calidad emocional, encontrar la paz y reconciliarnos con la Vida.

Hay trabajos apasionantes con delfines y niños autistas. Experiencias con caballos que han cambiado la vida de personas con discapacidad. Estudios en geriátricos y residencias donde la convivencia con un perro ha modificado la vida y ha cambiado el tono emocional de las personas del centro.

Aunque aun no hay suficiente soporte científico y la TAA, como cualquier otro tipo de terapia no es válida ni para todo el mundo ni para todos los casos, se abren otras alternativas de trabajo que para muchas personas sí funcionan.

Cualquiera que haya convivido con una mascota sabe cómo su vida ha ido cambiando día a día. Y entiende lo que es la aceptación incondicional, la alegría de ser recibido al llegar a casa y el sentimiento de que tu mascota nunca te va a fallar.

FRASE: “Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”. Lord Byron

ESCÚCHALO AQUÍ:

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.