LOCOS Y CUERDOS

Caer en la locura es uno de nuestros miedos atávicos. “Perder la cabeza”, “perder el control”, desquiciarse” puede ser experimentado como una situación puntual o la antesala de un mal mucho más grave. Hace relativamente poco tiempo la locura era tabú y sinónimo de chiflado, enajenado o trastornado. Era la enfermedad mental algo que les pasaba a otros, lejos de nosotros y de los que se encargaban psiquiátricos y camisas de fuerza. Los locos estaban muy lejos. Hoy en día, con la presión psicológica y social que padecemos, la ansiedad puede provocarnos picos mentales y ataques de angustia que nos acerquen a estados de despersonalización y alienación. Ya no es una sensación tan distante para los llamados cuerdos.


Ahora quien más y quien menos ha necesitado de asistencia psicológica, ha tomado medicamentos psiquiátricos o ha sufrido la ansiedad por motivos personales o profesionales. Ya no es un tema de locos, o peor, un tema que tratábamos en la clandestinidad donde habitualmente era peor el remedio que la enfermedad. Ahora es un tema de salud integral como tratarse una migraña o un esguince. Perder el miedo a la locura, a que nos tilden de insanos y adentrarnos en el conocimiento de nuestra psique ha sido uno de los grandes avances de nuestro tiempo.


Hay otra lectura, más histórica del concepto de locura. A lo largo de la historia a menudo se ha asociado al loco con aquella persona que se salía de la norma y de lo común. Por ejemplo, en la edad media, donde la norma fundamental de pensar y comportarse estaba muy unida a la religión, el loco era el que se apartaba de los dogmas establecidos. Se le asociaba con un comportamiento demoníaco, estaba poseído y había que purificarle. Era entonces un hereje, una bruja, en definitiva, un loco. Es curioso, aquellos mismos que habían inventado el concepto de diablo eran los que asociaban con el diablo a los demás. Siempre ha habido quiénes dictaban lo que era una locura y lo que no.


Asimismo, históricamente han existido y existirán genios, personas adelantadas a su tiempo, extravagantes por tener maneras de pensar o actuar muy diferentes al canon de su época. En un primer momento crearon rechazo, pues ponían en peligro la tranquilidad que da toda norma. Pensaban de forma diferente. Y las personas a veces preferimos la comodidad a la verdad. Galileo y el sol, Darwin y el mono, Freud y el inconsciente,… en su momento fueron tildados de locos. Es la manera de defendernos de lo diferente. Pero alguien dijo que los locos abren los caminos que más tarde recorren los sabios.

“No hay mortal que sea cuerdo a todas horas”

Plinio

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