Lecciones del covid19

Nos creamos experiencias porque necesitamos aprender de ellas. La manera en que cada uno de nosotros ha vivido y está viviendo esta pandemia señala cual es la lección que necesita aprender. En algunos casos será confianza, tal vez en su propia biología, el sistema sanitario, las personas con las que convive o la propia vida.

En otros casos será solidaridad, quizás empezando con los que tenemos al lado, con los que han pasan o han pasado miedo, los que han perdido a alguien, los que están enfermos, solos o los que necesitan ayuda. Para otros la lección será la humildad, han reconocido que su vida puede ponerse completamente del revés en un instante y ahora saben que donde ayer se sentían seguros hoy son vulnerables, han aprendido a reconocer que la vida es cambiante y la estabilidad solo está en su imaginación.

Otros han aprendido resiliencia y han comprobado que son más fuertes de lo que pensaban o les habían dicho, y en la adversidad han sido capaces encontrar recursos que desconocían, han salido más fuertes, más seguros y más sabios de esta crisis. Y otros han aprendido a separar lo importante de lo que no lo es, ha reconsiderar y redefinir sus prioridades, a ser más coherentes y tolerantes con ellos y con las personas que quieren.

Hay personas que después de esta etapa del covid19 han empezado a cambiar sus vidas. Algunos se han dado cuenta de que no tiene el trabajo que realmente les llena y han empezado a revisar y reinventar su vida profesional, quieren pasar más tiempo con sus hijos, o desempeñar una labor más solidaria, o hacer del trabajo el modo de expresar su talento y no solo una forma de hacer dinero. Otros se han dado cuenta que quieren vivir más cerca de la naturaleza, y van a buscar vivienda en el campo, quieren hacer una vida más “de pueblo”, más sencilla, el teletrabajo les ha hecho darse cuenta que no necesitan estar en la ciudad, ni sufrir atascos, ni perder tanto tiempo en desplazamientos.

Algunas personas han descubierto un aspecto más espiritual y trascendente en sus vidas, ven su presente y su futuro con otra prospectiva más amplia, relativizan lo material y ahora quieren y valoran otros matices de la existencia. Para otras personas, sin embargo, esta experiencia ha sido plana y olvidable. No les ha dejado ninguna “marca”. Han negado y niegan los hechos, para ellos los muertos siempre son ajenos y están lejanos. Para estas personas, el desconfinamiento, se ha convertido en un ejercicio de negación de la evidencia, en una especie de amnesia de todas las precauciones tomadas solo hace unos días, cuando la realidad es la misma, el virus sigue estando ahí, aun no hay vacuna y no existe tratamiento garantizado.

Para estas personas no hay nada nuevo que aprender, esta experiencia es solo un mal sueño del que quieren despertar cuanto antes. Desean con todas sus fuerzas volver a lo que era su vida antes de la pandemia. El teletrabajo les parece una maldición y solo le ven problemas e incovenientes. El confinamiento ha sido un castigo donde han tenido que aguantar a la pareja y los hijos y han vivido momentos duros de convivencia. Estar en casa encerrados les ha brindado la oportunidad de reflexionar, pero solo les ha enfrentado al vacío de sus propias vidas. Cada persona tiene su proceso. Cada sujeto tiene sus lecciones que aprender. Cada experiencia es una oportunidad para vivir, comprender y aprender. Cada momento es único e irrepetible. La realidad es neutra y solo nosotros la valoramos. Interprétala de una manera que te ayude. Tú puedes.

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“Cada experiencia es una oportunidad para aprender”

Louise Hay

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