LA RABIA Y SUS TRAMPAS

La rabia es una emoción como cualquier otra, compleja, que surge de la combinación de emociones negativas, como el enfado, el estrés, el miedo o la incertidumbre; sentimientos y emociones que conforman parte de nuestro universo emocional. Aunque muchos de nosotros aún no hayamos aprendido a saber cómo gestionarlo de forma adecuada, somos responsables de él y tenemos el deber de aprender a controlarlo.

La rabia es fácil de detectar, se siente intensamente en nuestro interior, en nuestra mente. En realidad, cuando sentimos rabia, algo está ocurriendo en nuestro cuerpo, nuestras hormonas, nuestros neurotransmisores se ven removidos sin control para dar salida a toda la tensión, como una olla a presión sin válvula de contención.

Por ello es importantísimo aprender a abrir los canales necesarios para evaporar la ira, ya que si nos dejamos atrapar por la trampa de esta emoción contaminaremos el resto de emociones, pensamientos y conductas que generemos a partir de ese momento.

Todo este entramado de información a veces resulta difícil de gestionar y es probable que no sepamos cómo resolverlo adecuadamente. Es justo aquí donde surge nuestro problema, por ello creemos que si aprendemos a practicar los siguientes consejos podremos alcanzar un nivel de comprensión para aplacar reacciones injustas procedentes de una emoción tan negativa como la ira.

  1. Uno de los primeros pasos que debemos establecer para reconciliarnos con la ira es comprender que esta, no es más que un estado que formará parte de nuestro registro emocional a lo largo de toda nuestra vida. Por ello la aceptación y el compromiso de escucharla, atenderla y acunarla serán esenciales.
  2. Identificar qué nos está sucediendo:
    Existe un momento, el momento de la identificación de nuestros indicadores corporales. Si deseamos poder controlar la rabia debemos ser capaces de hacer un ejercicio de familiarización con el aumento del ritmo respiratorio, de la frecuencia cardíaca o de la presión arterial de nuestro cuerpo. Detectando estas pequeñas sutilezas existirán muchas más posibilidades de poder controlar nuestro enfado.
  3. Distraerse:
    Es importante en este punto haber interiorizado el punto anterior. Detectando los primeros síntomas fisiológicos seremos capaces de pasar a la distracción de nuestra atención. Para ello centraremos la atención en una actividad que nos pueda interesar o en alguna tarea que requiera cierta actividad cognitiva. Todo esto nos alejará de la fijación del elemento desencadenante de dicha emoción.
  4. Cambiar de postura:
    Una manera ingeniosa de dar una vuelta a la tortilla y encontrarnos mejor es forzar a nuestro cuerpo a un cambio de postura. Para ello es importante centrar nuestra atención en nuestra respiración, expandir nuestro pecho, movilizar nuestros hombros y descentralizar la tensión facial hacia una respuesta facial más amigable.
  5. Reinterpretar la situación:
    Como bien dijimos en el primer punto, las señales comienzan en nuestro cuerpo. Una vez hayamos sido capaces de controlar dichas respuestas, podremos tomar conciencia de nuestros pensamientos para poder analizar la situación y tomar decisiones conscientes alejadas de las sensaciones despertadas por la rabia.

 

Frase: “El pájaro no canta porque está alegre, está alegre porque canta” · William James

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RECOMENDACIÓN:

“La ira” · Thich Nhat Hanh

La base de todas las enseñanzas de Buda consiste en que la infelicidad humana se asienta fundamentalmente en tres elementos: la ignorancia, el apego y la ira. Y de hecho, la ira, como ha demostrado la ciencia veinticinco siglos después, puede causar graves daños psíquicos y físicos. Sin embargo, no sólo podemos dominarla, sino incluso convertirla en una fuerza positiva, para lo cual disponemos de las herramientas necesarias en nuestro interior. Sólo tenemos que quererlo.

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