EXCESOS DE NAVIDAD

Vienen fechas donde la comida se hace protagonista ineludible en todas las celebraciones. La Navidad se asocia a comida y bebida en abundancia, donde todo lo que no sea comer y beber de más parece restar calidad e importancia a estas fiestas. Asumimos con demasiada ligereza que son momentos para realizar excesos que en otros momentos del año no realizaríamos y a pesar del dicho de que una vez al año no hace daño, conviene no perder la cabeza.

No se trata de caer en la ortorexia, la obsesión patológica por comer solo comida “saludable”, pero tampoco hay que aceptar el sobrepeso como un estado de salud menos grave y fácilmente excusable. El sobrepeso va camino de convertirse en una epidemia asociada a nuestro estilo de vida. Como en las demás áreas de tu vida que construyen tu autoestima, en el acto de comer y beber también has de elegir la mejor versión de ti.

Una vez más, te doy el consejo habitual para evitar caer en decisiones impulsivas: en este caso el objetivo es evitar que la comida y la bebida dominen a la persona y no al revés, como debería ser. Piensa antes de sentarte a la mesa qué quieres beber y comer, en qué cantidad y cuándo parar. Si no eres consciente de esta decisión, la inmediatez te vencerá y decidirá por ti. Comerás y beberás de más, te dejarás llevar por tu gula o por la prodigalidad de los demás.

Un segundo consejo es detectar cuándo ya no tenemos hambre, detectar que estamos saciados, y a partir de ese punto dejar de comer por comer. Para detectar tu punto de saciedad, necesitas hacer dos cosas: una es comer lentamente, y dos es dejar pasar un tiempo después de haber comido para que a tu cerebro le llegue la señal de que ya has comido suficiente.

El último consejo es sobre la bebida, especialmente sobre el alcohol. Es un dicho que se entiende y se recuerda fácilmente: “Una copa está bien, dos empiezan a ser muchas, tres son siempre pocas”. Que pases unas felices fiestas.

«El exceso es un defecto»

Léon Bloy

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