TECHO DE FELICIDAD

¿Hasta donde te permites ser feliz? ¿Cuánta felicidad eres capad de tolerar? ¿Qué ocurre cuando traspasas esa frontera?

Todos inconscientemente tenemos un techo invisible de felicidad.

Por eso solo te permites ser feliz hasta ese tope psicológico. Porque a partir de ese punto de inflexión, la cosa se tuerce y comienzas la caída libre hasta la casilla de salida. Sucede igual que cuando has llenado tu estómago tras una comilona y ya no te cabe el siguiente bocado, y si en ese momento decides seguir comiendo terminarás vomitando. Con tu felicidad ocurre algo parecido, al llegar a ese techo invisible, aunque digas que quieres seguir siendo feliz, ya no aceptas más felicidad y entras en una espiral descendente de sabotajes, destrucción, traiciones, engaños y torpezas con las que arruinas todo lo que has construido durante días, meses o años.

Tu techo de felicidad es la frontera con tu aflicción. Tu incapacidad para disfrutar de todo lo bueno que hay en tu vida, tu empeño en sentirte mal, en fijarte en lo que no te gusta y en definitiva la puerta giratoria con la que entras en tu adicción a la exclusión, la tristeza, la decepción, el victimismo, la soberbia o la amargura.

El techo de felicidad no es el mismo para todos. Algunas personas tienen un techo bajo, por lo que apenas llegan a ponerse en pie para poder seguir avanzando, cuando todo vuelve a “salirles mal”, empiezan a tener problemas después de una buena temporada y comienzan su ciclo de “mala suerte”. Otras cuentan con un techo más alto y eso les permite un recorrido mayor, llegan más lejos, disfrutan más de las oportunidades que la vida les ofrece y consiguen tener una largas temporadas de estabilidad y bienestar.

Y mientras no seas consciente de tu techo de felicidad, antes o después te darás con él de bruces y detendrás tu crecimiento personal y volviendo otra vez a repetir tu guión de tu penurias, sufrimientos y desgracias.

Todo resulta más complicado porque se trata de un techo invisible. Solo lo reconocerás después del “golpazo” y tras el aturdimiento te preguntarás “¿pero qué ha pasado? Sí todo iba tan bien”. Pues ha pasado que has llegado a tu techo. Que solo hasta ahí te permites ser feliz. Esa es precisamente la cantidad de felicidad que toleras.

Según la mitología griega, Sísifo, hizo enfadar a los dioses por su astucia y atrevimiento. Y como castigo, se quedó ciego y fue condenado a empujar perpetuamente un enorme peñasco montaña arriba hasta la cima, y una vez arriba el pedrusco volvía a caer rodando hasta el valle, donde debía recogerlo y empujarlo nuevamente hasta la cumbre y así indefinidamente.

El mito de Sísifo simboliza a la perfección el precio que pagamos por nuestra “astucia y atrevimiento”: La ceguera, la inconsciencia, el esfuerzo inútil para volver al principio y la amargura de una vida pobre y sin sentido.

La altura de ese techo es la medida de tu autoestima.

Porque la buena noticia es que no es un límite inamovible, esa frontera la puedes empujar y mover. En realidad eres tú la única persona capaz de hacerlo. Nunca has tenido tantas oportunidades para lograrlo, nunca ha existido tanta conciencia y sensibilidad para trabajar en desarrollar la propia felicidad. Cuentas con talleres, libros, películas, ejercicios, terapias, coaching y un montón de recursos más. Solo necesitas saber de su existencia, tener la voluntad de seguir creciendo y ser feliz y aceptar las condiciones para lograrlo.

FRASE: “La felicidad no es un sentimiento, es una decisión” Martin Seligman

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