La autoestima es la relación que tú mantienes contigo. Es por lo tanto algo vivo y cambiante que hay que cuidar y trabajar continuamente. Al igual que pasa con tu corazón, que parar significa la muerte, cuando te desocupas de ti, tu autoestima enferma. La relación que tú mantienes contigo es la única relación que siempre te acompañará, por lo tanto es inteligente y sensato que seas la persona de tu vida que más quieres. No se trata de egoísmo, es simple autoestima.   Puedes hacer muchas cosas por mejorar tu relación contigo. Te hago 12 propuestas para que tu autoestima siga viva y con una excelente salud.   Presta atención selectiva. Tu atención tiene un efecto materializador y multiplicador. Por lo tanto, selecciona dónde la pones, a qué le dedicas energía e interés. Pon la atención en aquellas cosas que deseas, que te hacen sentir bien, con las que aprendes y creces. Simplifica tu vida. Tu relación contigo será mejor cuanto más sencilla sea. Deshazte de cosas que terminan siendo un distractor o un obstáculo. Termina con...

¿Nunca os habéis levantado con la sensación de saber que el día que acaba de comenzar no va a ser un buen día?. Quizás este amanecer oscuro se deba a que durante un corto, medio o largo periodo de tiempo, hayamos acumulado tal cantidad de sensaciones, sentimientos u emociones de índole negativa que nuestra psique se vea obligada a gestionar dicho colapso a través de una ira desbordante asomando a cada instante ante cualquier oportunidad que se le presente. Supongo que la inmensa mayoría de nosotros, ante tal cruel perspectiva de día intentará activar aquellas llamadas respuestas salvavidas: “quédate en casa y no te muevas de la cama”. Cierto es que todas las opciones deben ser valoradas, sin embargo, el escondernos, mirar hacia otro lado o respondiendo negativamente ante las situaciones que se nos presentan ¿son las soluciones que debemos alentar?. Bien sabemos que no; por lo tanto ¿Cómo podemos amortiguar el impacto negativo de las cosas? Quizás lo realmente importante es aprender a tener en nuestro día a día un pequeño “Kit de rescate emocional” para así poder...

Un sujeto proactivo según la RAE es aquel que “toma activamente el control y decide qué hacer en cada momento, anticipándose a los acontecimientos”. En términos generales podemos hablar de tres maneras de afrontar las circunstancias a los que todos estamos expuestos: Pasividad: Consiste en no hacer nada frente a los sucesos de nuestro entorno. Son esas personas que ante una perdida emocional, un despido o una enfermedad se bloquean. No reaccionan. Se limitan a esperar que sean los otros, el estado o la suerte quienes resuelvan su situación. Reactividad: Pasan a la acción y hacen cambios solo cuando las circunstancias del entorno se han modificado. Son los que apagan el fuego en el momento que ven las llamas. Intentan arreglar su pareja ante una posible separación o se toman muy en serio las recomendaciones del médico tras el diagnóstico de una enfermedad. Proactividad: Va más allá porque estos se anticipan y emprenden acciones con las que van modificando sus circunstancias y evitan sucesos no deseados o se adaptan más fácilmente. Los proactivos están más preparados para transitar...

Existen dos tipos de personas, los que explican sus problemas culpando a los demás y los que se culpan a sí mismos cuando algo va mal. Los primeros son expertos en mirar alrededor y buscar culpables con los que justificar el motivo de su frustración. Cuando algo no les funciona en el trabajo enseguida pueden argumentarlo diciendo que han tenido la mala suerte de caer en la empresa inadecuada, la desgracia de tener un incompetente por jefe, de no contar con los medios suficientes, de tener un equipo que no funciona o de que sus compañeros no les pasan la información cuando toca o que se la pasan incompleta. Y el mismo sistema se puede aplicar dentro de casa, si las cosas no van bien es siempre la pareja la que tendría que ser más ordenada, ocuparse más de los niños, estar más dispuesta a hablar y discutir menos o tener relaciones sexuales con más frecuencia. Estos sujetos son expertos en identificar errores ajenos y tienen una sensibilidad exquisita para detectar la imperfección en los demás. Rápidamente toman nota...

En la vida existen dos maneras básicas de actuar, reaccionar de manera más o menos consciente a los sucesos que te acontecen, o anticiparte a las situaciones y crear las circunstancias necesarias para que los sucesos que tú deseas acontezcan. La primera actitud se conoce como reactividad. Las personas se limitan a reaccionar cuando algo sucede en su entorno. Por ejemplo esperan en su trabajo a que les digan lo que tienen que hacer, que aparezca un cliente o a recibir una llamada. O modifican su dieta y su actividad física cuando el médico tras has últimas pruebas comenta que tienen el colesterol alto y empiezan a tener sobrepeso. O hablan con su pareja cuando la notan distante e incómoda en su presencia. Hasta que no “sucede nada” se colocan en “modo espera” y ven la vida pasar mientras “hacen lo de siempre” sin plantearse cambios o mejoras. Ser reactivo es una actitud válida. Es mucho mejor que no reaccionar y no hacer nada cuando las circunstancias te empujan a pasar a la acción. No hacer nada,...

Si nos situamos en nuestro momento presente, podemos ponderar dos opciones. Una, revisar nuestra memoria, nuestro almacén de datos, emociones, vivencias e ideas. Probablemente este análisis nos ayude a comprender cómo hemos llegado a donde estamos, tanto si consideramos que hemos tenido éxito en nuestros propósitos como si creemos que no tanto. Pero la memoria es un almacén impreciso, altamente selectivo. Si contrastáramos todas nuestras vivencias con un diario íntimo, un blog en el que hagamos aportaciones regulares o con grabaciones en vídeo de nuestra vida, nos daríamos cuenta del desfase que existe entre lo que recordamos y lo que realmente vivimos. Sin embargo, es la memoria que guardamos de las experiencias vividas lo que configura nuestra personalidad actual, no las vivencias en sí. También podemos hacer precisamente lo contrario, y aquí está la segunda opción. Se trata de orientar nuestra mente hacia el futuro y seleccionar conscientemente los pensamientos, las sensaciones y los actos que nos conducirán a las experiencias que queremos vivir. En realidad, son los mismos elementos, pero asimilados de modo distinto. En lugar...