SÍNDROME DE PETER PAN

Peter Pan es un niño que puede volar. Vive en el país de “Nunca Jamás”, una isla cargada de posibilidades donde tener increíbles aventuras, porque allí hay piratas, hadas, indios y sirenas. Lidera una legión de “niños perdidos” como él, sin adultos que se ocupen de ellos, con quienes comparte fantásticas experiencias, no exentas de riesgos y peligros y carentes muchas veces de sentido común. Peter Pan y sus compañeros de juego, no crecen y siempre serán niños. James Matthew Barrie escribió esta deliciosa novela y se estrenó como una obra de teatro por primera vez en Londres el 27 de diciembre de 1904.

Bastantes años después, en 1983, el sociólogo Dan Kiley escribió otra obra que volvía a tener como referente a Peter Pan. Pero en esta ocasión se trataba de un ensayo sobre los muchachos que aun teniendo una edad adulta se niegan a convertirse en hombres y asumir las responsabilidades de esa etapa. Su obra: “El síndrome de Peter Pan. Los hombres que nunca crecieron”, supuso un punto de reflexión sobre lo que Kiley entiende como un serio desequilibrio psico-sociológico del hombre contemporáneo.

Aunque no se trata de un trastorno psicológico propiamente dicho y no aparece recogido como tal en ningún manual de psicopatología. Lo cierto es que es una realidad que afecta a un número de jóvenes y no tan jóvenes cada vez mayor. Y por extensión también repercute a todas aquellas personas que se relacionan con los Peter Pan de este siglo: sus familias, sus parejas o sus compañeros de trabajo.

Todos construyen un falso adulto: un cuerpo de hombre, con expresiones de hombre y apariencia de hombre tras el que se oculta un niño solo, asustado y triste.

Vivimos en una cultura que idealiza y ensalza la juventud, un modelo social más centrado en la satisfacción inmediata que produce el consumo, que en cultivar y desarrollar valores éticos y solidarios. La tecnología permite interacción inmediata, relaciones fáciles y superficiales y una ciberrealidad donde se viven aventuras como en “Nunca Jamás” .

Para Peter Pan todo vale mientras sea divertido y si además es rápido mucho mejor. No se plantea las consecuencias, ni sospecha las consecuencias de las consecuencias. Por eso son impulsivos, irresponsables, egocéntricos y egoístas, manipuladores y seductores, alardean de narcisismo y glorifican el ego. Sus relaciones son pobres, inestables e insatisfactorias, más sexuales que afectivas, más lúdicas que constructivas, por eso son relaciones sin futuro, porque al menor problema prefieren cambiar que salvar la relación. Y si terminan montando una familia, lo viven como un juego irresponsable donde se convierten en los colegas de sus hijos, dejándolos a estos sin un verdadero padre.

Triunfan en trabajos que pueden vivir como un juego de adultos, el mundo de las tecnologías, la comunicación, la imagen, la moda, las inversiones arriesgadas, los deportes, las relaciones numerosas y superficiales o las ventas rápidas y caras, son sus terrenos de juego favoritos. Adoran el dinero fácil y fácilmente lo pierden, porque no han sido capaces de simbolizarlo como adultos y solo les interesa acumularlo como si de otra colección de cromos se tratara o gastarlo para sentir la intensidad de la emoción inmediata que genera adicciones a sustancias, personas o actividades.

Pero lo que Peter Pan no dice es que su vuelo es la manera de alejarse de la realidad cotidiana que no soporta y le angustia, de escapar de sí mismo y de sus miedos infantiles, de la baja tolerancia a la frustración, la ansiedad frente a los compromisos, la búsqueda de satisfacción inmediata, las dificultades para trazar un plan de vida, la facilidad para depender y el terror a la independencia, de la fuerte inseguridad y de su baja y pobre autoestima.

Pero la vida tiene sus reglas y cuando a solas se mira en el espejo y descubre el paso de los años en su mirada o en la noche tiene dificultades para dormir se siente solo, asustado, triste y vacío.

Siempre se puede detener el vuelo, dejar de huir y terminar con Nunca Jamás para volver a casa y reconciliarse con la Vida de verdad.

FRASE: ”Morir será una aventura impresionante” James Matthew Barrie

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