Significado y evolución del amor

El amor es una de las palabras más usadas en los momentos románticos, en las relaciones entre padres e hijos, en las canciones, la literatura y las películas o cualquier momento cotidiano. Para Fromm, el amor tiene diferentes matices según se ame a un hijo, un amante, un amigo, una idea, a uno mismo o a Dios. Los significados del amor, son cambiantes dependiendo de qué amemos y cómo amemos. Pero también de nuestra propia evolución emocional y nuestra autoestima.

El amor para un bebé es una necesidad, necesita ser atendido para sobrevivir. Y en este caso amar significa, proteger, cuidar, estar pendientes de él. Para un bebé, sentirse amado es sentirse seguro, cuidado, notar la presencia y compañía de los demás continuamente a su alrededor. No hay relación más dependiente y exigente que la que tenemos con un bebé. Tampoco existe relación más entregada y desigual en cuanto al dar y recibir que la de unos padres por su recién nacido. Los bebés en realidad solo piden y los padres solo dan. Esa es la esencia del amor en ese momento de la vida.

Hay veces que como adultos nos quedamos fijados en este tipo de relación. Y aunque ya no somos bebés, buscamos relaciones de dependencia y seguridad, en las que continuamente nos demuestren que nos quieren con palabras, abrazos o con atenciones. Amar es una mezcla de seguridad, dependencia y cuidados continuos. Amar a un bebé es agotador, sobretodo cuando ya es un adulto y sus demandas son insaciables. Las personas que aman como bebés, buscan la entrega incondicional de los demás y confunden su necesidad de atención con el amor. De todo lo demás, posiblemente ni son conscientes.

Con la adolescencia el significado del amor cambia. El adolescente busca independencia y autonomía de las figuras familiares, es algo necesario para entrar posteriormente en el mundo de los adultos. También arranca con fuerza el deseo sexual. La separación de los padres se contrapone con la identificación con los iguales, la necesidad de cuidado cambia por la necesidad de admiración y con la emergencia del deseo. Es muy fácil en este momento confundir que amar con desear. El enamoramiento, tiene esa parte de “encantamiento irracional”, donde parece que todo está justificado porque estamos enamorados.

Para los adultos que han quedado fijados a esta etapa, el amor es deseo, sexo, atracción y procreación. El afecto, como decía Freud, es una sublimación de la sexualidad. Y el encuentro con la otra persona cumple la función de adecuación social en el sentido de que “hago lo que mi entorno espera de mí” y biológica en cuanto que permite la satisfacción del deseo sexual y mantener la especie.

Pero es posible amar de otra forma. Para amar como adultos es necesario introducir una variable más en la ecuación. Los adultos no se limitan a cubrir necesidades de atención y cuidado o satisfacer los deseos de pertenencia, sexuales y procreación. Como adultos podemos dar valor y enriquecer la relación. Amar se convierte en una forma de poner a prueba nuestra autoestima, ya estamos bien solos, ahora ¿somos capaces de ser más felices compartiendo nuestro tiempo y nuestro bienestar? Amar es una oportunidad de mejorarnos como personas, de aprender más, disfrutar más y nos sentimos más capaces y poderosos estando juntos. Amar como adultos es ser independientes y autónomos estando juntos y nada tiene que ver con la necesidad del otro. Este amor significa comunicación, complicidad, apoyo, deseo, igualdad y compromiso. Pero amar de esta forma no es algo que suceda solo y de forma automática, hay que superar las etapas anteriores y tener una autoestima sana.

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«Si tú sabes lo que vales, ve y consigue lo que mereces»

Anónimo

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