Resiliencia en tiempos de pandemia

Una vez más el ser humano necesita adaptarse a lo que está pasando en su entorno si quiere superarlo y seguir adelante, aquello que ha hecho ya muchas veces en el pasado y que seguirá haciendo en el futuro. Una vez más se pone a prueba nuestra habilidad para sobreponernos a dificultades y amenazas que nos ponen en peligro. Tenemos miedo a que el coronavirus nos haga daño y tenemos miedo a lo que va a ocurrir cuando lo venzamos.

Con esta pandemia hemos pasado de tener miedos mundanos a sentir un miedo esencial, más primitivo y peligroso. Es un miedo cercano al terror, que fácilmente nos arrastra a la ira de no aceptar lo que está ocurriendo, como si dicha ira fuese un arma contra el maldito virus. Es una ira que nos debilita al convertirnos en personas irritadas y paranoicas. También nos arrastra a la resignación, a la rendición ante unas circunstancias que creemos insuperables y que nos convierte en personas victimistas y postradas.

Pero también podemos elegir ser personas resilientes, plantar cara a nuestros miedos y darle una respuesta desde el coraje que todos tenemos dentro. Una vez más nos hemos caído y estamos aprendiendo a levantarnos. Aprendemos la diferencia entre ser vulnerables y ser débiles. La pandemia nos aleja de lo ordinario para que nos enfrentemos a lo extraordinario. Las herramientas que tan bien nos sirven en lo común no nos sirven en lo excepcional. No somos dioses, por encima del bien y del mal. Tampoco somos esencialmente frívolos, llenos de inseguridades y viviendo de cara al exterior. En la cotidianidad adoptamos hábitos que terminan por darnos la sensación de que todo va a ser siempre así, cuando lo inusual, el cisne negro, también ha formado parte de nuestra evolución como especie.

Desde la resiliencia ante el confinamiento y la desescalada, aprenderemos a no dar nada por supuesto, y para empezar la propia vida y la propia salud, desdramatizando lo malo y agradeciendo lo bueno. Seremos más humildes y más tolerantes, y para empezar lo seremos con nosotros mismos. Nuestro ego sufre la humillación de lo desnudos que estamos en estos días, nuestra autoestima nos abriga en esa desnudez. Nuestro ego quiere vivir la vida a trozos, intentando desechar lo que considera malo, como el dolor y el esfuerzo. Nuestra autoestima nos dice que la vida es maravillosa de principio a fin, con todas sus músicas, las melodías alegres y las melodías tristes. Siempre hemos sido más fuertes de lo que creemos, nos falta más confianza que fuerza. Saldremos de ésta, una vez más.

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“¿Y por qué nos caemos? Para aprender a levantarnos”

Anónimo

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