JÓVENES Y SALUD DIGITAL

El mundo actual ha cambiado mucho en pocos años a nivel tecnológico. Los padres de hoy hablaban por teléfono en pocas ocasiones cuando eran jóvenes, a través un terminal fijo situado en una zona concreta de la casa y sólo lo utilizaban para “cosas importantes”. Ahora es habitual que en una casa haya más teléfonos que personas. Lo mismo ocurre con los ordenadores. De los antiguos modelos cuyos programas se cargaban a través de cassettes y disquetes a la moderna tecnología donde el contenido se descarga de no se sabe dónde a través de algo tan inmaterial como es internet. Por esta razón, el primer ejercicio de un padre ante el uso que sus hijos van a hacer de las “maquinitas” es un ejercicio de empatía, de ponerse en su lugar: ¿en qué mundo van a vivir los jóvenes? En una sociedad digitalizada, básicamente para lo bueno y a veces para lo malo. Los jóvenes son nativos digitales, los padres son inmigrantes digitales. Tecnológicamente, ocupan el mismo espacio pero nacieron en culturas diferentes. En este momento de la historia, el acceso de los jóvenes a las tecnologías de la información y la comunicación no es un privilegio, como lo era para las generaciones anteriores. Ahora es un derecho. Cuanto antes aprendan a utilizar ese derecho en su beneficio, mejor.

Los padres se asustan ante los riesgos de tanta digitalización. Temen perder el contacto con sus hijos, secuestrados por pantallas, datos, canciones y fotografías. Temen que accedan a información inapropiada para su edad o que sean acosados por gente indeseable a través de internet. Temen que sus hijos dejen de vivir en el mundo real y abandonen el deporte, las excursiones o el contacto social físico y real. Los padres temen que sus hijos se sumerjan en un mundo paralelo y se conviertan en zombis cuando vuelven al mundo real. ¡Pero no existen dos mundos paralelos en los jóvenes, son el mismo mundo con diferentes formas de relacionarse! Una mala solución ante estos riesgos es que los padres imiten a determinados países y corten el acceso a lo digital. Otra mala solución es hacer coincidir el inicio del uso de las TIC con el inicio de la adolescencia, ¡el momento de mayor y más traumático cambio en una persona a lo largo de su vida! Hay que empezar a familiarizarse con su buen uso antes. Hay que establecer las normas básicas de uso cuando el hijo es pequeño, no en plena guerra de hormonas y rebeldía. Han de habituarse a reglas básicas como no permitir su utilización durante las diferentes comidas del día, establecer zonas de la casa donde no pueden encenderse, acordar horarios lógicos de uso o distinguir entre el uso para trabajos académicos y el uso de ocio.

Es tarea de los padres familiarizarse con el universo digital, con términos como Facebook, Tuenti, Instagram, Snapchat, Ask,… No conocerlos es estar en desventaja, correr el riesgo de que sus hijos les sobrepasen en esta materia a muy temprana edad y no sean un referente, por lo que sólo les queda ser autodidactas o aprender de sus amistades, que se van a centrar siempre más en el uso y disfrute que en los valores que han de guiar su utilización. A los niños se les enseña a cruzar la calle, estando a su lado las primeras veces y cogiéndoles de la mano, no esperando a que se hagan mayores y lo puedan hacer solos. Con internet ocurre lo mismo, se les debe proteger desde pequeños de la sobrecarga de información poco útil y se les ha de salvaguardar para que no caigan en tecnoadicciones. La salud digital en la familia empieza con los padres, con los conocimientos que poseen o cómo usan ellos mismos el WhatsApp, para después acompañarles en sus primeros pasos digitales: aprender a buscar información en Google, escribir un texto en el ordenador, mandar sus primeros mensajes,.. Un salto cualitativo en los jóvenes y su uso de las nuevas tecnologías es cuando pasan de ser pasivos consumidores de contenidos a activos generadores de contenidos, cuando empiezan a desarrollar blogs, crean canales en Youtube, suben podcasts a Ivoox,…

La tecnología ya está aquí y ha venido para quedarse. A los padres de los adolescentes de hoy en día les ha cogido con el pie cambiado y es un lujo que no se pueden permitir. Está en juego la salud digital de sus hijos. Como dice el personaje principal de la película Matrix y que podría ser el mensaje de muchos hijos a sus padres: “Sé que tenéis miedo, nos teméis a nosotros, teméis el cambio. Yo no conozco el futuro, no he venido para deciros cómo acabará todo esto; sólo a mostraros cómo va a comenzar”.

Frase: “El futuro no es ya lo que solía ser”. Arthur C. Clarke

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