HIPERPADRES

Los hiperpadres son los que están hiperpendientes de sus hijos. Se trata de una mezcla de sobreprotección y superación competitiva, para preparar a los nuevos retoños frente a los retos y exigencias del siglo XXI. Los hiperpadres por un lado cargan con la mochila de sus hijos al salir del cole, les ayudan con los deberes de cada día cuando no se los hacen ellos, les sujetan el bocadillo mientras juegan para que lo muerdan de vez en cuando y les libran de las tareas domesticas como hacerse la cama o recoger la mesa.

Los hiperpadres por otra parte sobrecargan de actividades extraescolares a sus hijos, son exigentes con las notas más que con el aprendizaje, son competitivos y comparan los resultados de sus hijos con los de otros niños, buscan los mejores colegios que se pueden permitir, cuestionan a profesores, entrenadores y los métodos pedagógicos y justifican las reacciones inadecuadas del niño argumentando que tiene baja tolerancia a la frustración.

Estos padres piensan en plural y dicen “mañana tenemos examen de mates” o “esta tarde tenemos solfeo”, cuando el único que realmente va a clase es el niño. Acoplan como pueden su agenda a la agenda de actividades, compromisos, cumpleaños y deberes de su hijo. Utilizan el móvil como una prolongación del cordón umbilical para mantener un contacto continuo y muchas veces las fotos de identificación de su perfil son las fotos de sus retoños.

Hay muchos hiperpadres inconscientes de su conducta y las consecuencias que acarrea.

Es un estilo de comportamiento que llegó de EEUU donde la entrada en determinadas Universidades de prestigio ya viene condicionada por las guarderías en las que se empieza. Estos padres buscan dar “lo mejor” a sus hijos. Al menos los mejores medios. Pero a veces los medios se vuelven más importantes que el ejercicio de una paternidad sana, la evolución infantil y la relación entre ambos. Los hiperpadres suelen ser excelentes manageres, mayordomos y guardaespaldas, pero suspenden en gestión de las emociones.

El resultado es el estrés y la ansiedad en padres e hijos por la sobrecarga de actividades y el permanente control. La futura inseguridad y la baja autoestima de estos niños por salvarles de las frustraciones, errores y los fracasos necesarios para fortalecer la adaptación a las circunstancias que la vida les irá deparando. Estos niños sobreprotegidos y sobreestimulados tienen dificultades para ser verdaderamente autónomos en la toma de decisiones y para establecer relaciones sanas. Pero donde tienen el verdadero problema es con el sentimiento de felicidad. Son niños vacíos que identifican la felicidad con los resultados, son emocionalmente torpes, temerosos, victimistas, culpabilizadores y pequeños tiranos. Se han sentido apoyados, estimulados, dirigidos, protegidos y manipulados por sus padres, pero la mayor parte de las veces no se han sentido realmente queridos y aceptados.

Aunque la intención de arranque es buena y todos queremos lo mejor para nuestros hijos, el modelo de la hiperpaternidad está abocado al fracaso. Tenemos que saber cuándo y cómo cortar el cordón umbilical psicológico para favorecer la autonomía y la independencia. Necesitan enfrentarse por ellos mismos al fracaso y tenemos que enseñarles a gestionar el error y la frustración con aceptación y confianza. Es importante educarles en valores y no solo en resultados. Y trabajar la autoestima desde el primer día para garantizar una infancia feliz y segura.

Frase: “Educar a los hijos es enseñarles a valerse sin nosotros” · Pitágoras

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RECOMENDACIÓN:

“Hiperpaternidad” · Eva Millet

La autora nos habla de como se ha pasado de una época en que los hijos eran tratados casi como un mueble más de la casa, a los que se les hacía poco caso y que se criaban solos, a colocar a los niños en el centro de la vida familiar. Este nuevo modelo de crianza, lejos de conseguir personas maduras, autónomas y desenvueltas, genera niños hiperprotegidos e inseguros. El libro da consejos para escapar de este modelo y disfrutar de una paternidad más serena y relajada.

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