EL ESTRÉS COMO ELECCIÓN

¿Qué es el estrés? Hoy en día es una palabra que se usa de manera muy frecuente en periódicos, revistas, en conversaciones, etc. Pero, ¿sabemos qué significa?

No existen situaciones estresantes puesto que no todos las vivimos de igual modo. Hay personas que disfrutan en situaciones límite, de los deportes de aventuras y riesgo, cirujanos que son capaces de aguantar una enorme presión sin estresarse, etc. El estrés es la respuesta de nuestro cuerpo a una percepción subjetiva ante una situación dada. Depende de nuestro pensamiento y por tanto, podemos modificarlo.

El estrés es una elección.

Vivimos en una sociedad exigente, cambiante y compleja que requiere de los individuos una gran capacidad de adaptación y flexibilidad para enfrentar y resolver de manera eficaz cada uno de los problemas laborales, sociales y emocionales que nos depara el día a día. Si no somos capaces de manejar el miedo y la incertidumbre asociada a los cambios acelerados y aprender a vivirlos como nuevas oportunidades con las que crecer y aprender, no disponemos de las herramientas y habilidades precisas para convertir la crisis en cambio o tenemos una baja autoestima, de manera progresiva y sin apenas darnos cuenta, generamos un estado crónico de tensión y agobio.

Ese síndrome inicialmente adaptativo ante nuevas o excesivas demandas que amenaza el bienestar del individuo puede prolongarse y anclarse en un estado crónico de malestar o en un fracaso adaptativo. Cada individuo siente y expresa el estrés de manera distinta. Opresión en el pecho, tensión muscular, desarreglos intestinales, falta o aumento de apetito, nerviosismo, temor, angustia, dificultad para controlar el pensamiento, sensación de nudo en la garganta, etc. son algunas de sus manifestaciones a las que si no prestamos atención tenderán a subir el volumen.

Si pones a una rana dentro de una olla hirviendo saltará inmediatamente entre en contacto con el agua caliente salvando su vida, en cambio, si pones a la rana dentro de una olla con agua fría y lentamente aumentas la temperatura del agua hasta llegar al punto de ebullición, la rana no se dará cuenta y morirá.

¿Se puede estar estresado y no ser consciente de ello? ¿Normalizar ese estado de malestar? La respuesta a ambas preguntas es sí. En muchas ocasiones le restamos la importancia que tiene debido a la percepción de invariabilidad en las condiciones externas que creemos lo provoca. Pensamos que no hay nada que podamos hacer. Cuando el malestar o el estrés forman parte de nuestra vida, llegamos a hacernos a él sin ser conscientes de la repercusión que tiene en nuestra vida, nuestra felicidad y en nuestra salud general hasta que el volumen del malestar o la enfermedad que desencadena nos saca de ese estado de letargo.

¿Cómo crear una visión de la vida más relajada? ¿Cómo se puede liberar el estrés?

Saber que el estrés es una elección y decidir con consciencia y responsabilidad tomarnos la vida de otra manera es un buen comienzo, prestar atención a la temperatura del agua para evitar vernos en la situación de la segunda rana también puede salvarnos la vida, captar los pequeños momentos del día a día, disfrutar de ellos y aprender a percibirlos y agradecerlos diariamente entrenándonos para ello con perseverancia, reír o cualquier actividad que sea incompatible para ti con sentir estrés desde pintar un dibujo con tu hija, darte una ducha, hacer algo de ejercicio, jugar con tu perro, quedar con un amigo, leer, aprender fáciles ejercicios de respiración o relajación, salir a tomar el sol y darte un respiro, tomar algo muy fresquito,…

En definitiva, mejorar con autoconocimiento la relación que mantienes contigo mismo, saber de su importancia y de su reflejo en todas las áreas de nuestra vida, hacer un cambio desde dentro hacia fuera y crecer en autoestima.

Se trata de elegirte a ti y priorizarte.

Frase: “La mejor arma contra el estrés es la habilidad para elegir un pensamiento sobre otro.” William James

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